LOS ÚLTIMOS DÍAS DE PEKÍN

Un libro que relata el descubrimiento de China por un francés cuando el país del celeste imperio empezaba a abrirse, bien a su pesar, al resto del mundo.

Quién no recuerda la película ¿55 días en Pekín¿, que relataba la epopeya vivida durante el verano de 1900 por los funcionarios diplomáticos residentes en la capital china, junto a un amplio colectivo de autóctonos cristianizados, frente a la revolución de los boxers. Pero el cine, con toda su brillantez y efectismo, no analizaba las causas de esta situación. Y es que tras la rebelión, que contó con la complicidad de la emperatriz regente, anidaban frustraciones ancestrales contra las intromisiones de los países occidentales en el celeste imperio y un odio irreprimible que fue a recaer sobre los más inocentes: misioneros, médicos europeos, cristianos conversos y funcionarios diplomáticos y consulares con sus familias.Julien Viaud era un oficial de la marina de guerra francesa que ha pasado a la historia con el seudónimo literario de Pierre Loti. Justamente en ese mismo verano, tuvo que desplazarse en el acorazado Le Redoutable al mar de la China, dentro de la misión expedicionaria de las potencias europeas destinada a sofocar la rebelión xenófoba.

El gran escritor viajero que luego sería se reveló ya entonces como un observador sutil que no sólo se limitó a relatar ese periplo, sino que también fue capaz de captar el dramatismo de los enfrentamientos, el dolor de las víctimas, la barbarie de todos y la irremediable pérdida de gigantescos tesoros artísticos. Su relato se titula LOS ÚLTIMOS DÍAS DE PEKÍN y lo ha reeditado LAERTESLoti, que llegó cuando China se hallaba ya ocupada, fue comisionado para despachar en Pekín con el ministro de Francia, para lo cual hubo de hacer su viaje desde el golfo de Petchili sucesivamente en tren, a caballo, en junco por el rio Pei-Ho y en calesín. Severo en el enjuiciamiento de las barbaridades cometidas, reparte sus invectivas tanto sobre los boxers, como sobre las tropas aliadas, autoras de muchas represalias. China es, en ese momento ante sus ojos ¿un país de escombros y cenizas¿. Pero también un territorio inesperadamente abierto a los ojos de los ¿bárbaros de occidente¿, que tienen la oportunidad de encontrase ahí. He aquí el relato de un viaje a China cuando ésta sólo tenía… 400 millones de habitantes.