POLINESIA FRANCESA, EL DESTINO DE NUESTROS SUEÑOS
Naturaleza, mar, coral, montañas, leyendas, misterio, playas, vegetación exhuberente, todo eso nos evoca un destino como Polinesia francesa, que aún es capaz de encender nuestra imaginación
Polinesia francesa, dos palabras llenas de misterio y de connotaciones lejanas para un viaje que comienza necesariamente ligado con el nombre de dos ciudades imprescindibles para todo viajero: París y Los Angeles. Y es que si Tahití y más concretamente Papeete es la puerta de entrada de la Polinesia francesa para los europeos, es el vuelo de Air France que sale de París, con escala en Los Angeles, el que constituye el camino natural para llegar hasta ella.
sur nos viene a la mente el Robinson Crusoe de Stevenson en Tikehau,, y Marlon Brando o Mel Gibson, el capitán Bligh y el motín de la Bounty,, y más recientemente, Bora Bora, un nombre propio en la segunda guerra mundial, dentro de la lucha entre japoneses y norteamericanosen el otro lado del mundo.
Y es que para los españoles Polinesia es verdaderamente el otro lado del mundo: Casi 19.000 kilómetros, 21 horas de vuelo y 12 horas de diferencia horaria.
Y no es raro que la distancia y la complejidad geográfica de Polinesia la conviertan en una gran desconocida en la vieja Europa,donde solo Francia mantiene sus tradicionales lazos con uno de los territorios que la conforman, que es la denominada Polinesia francesa.
Polinesia, como representación de la cultura maohí, verdaderamente es un triángulo, mayor en extensión que la propia Europa, cuyos vértices sonEl triángulo polinesio se conformó a lo largo de casi 4.000 años, en tres oleadoas fundamentales, por medio de expediciones en las que los polinesios, a bordo de sus frágiles embarcaciones de madera y hojas cosidas -pirogues-, llevaban consigo plantas y animales, junto con su cultura y su idioma, con el ánimo de colonizar nuevas tierras.

No es hasta 1595 cuando el primer europeo, que no podía ser sino español, Mendaña, visita las islas Marquesas. Sin embargo, las esporádicas visitas de europeos a la Polinesia francesa durante los siglos XVI, XVII y XVIII no tienen trascendencia política, siguiendo las islas bajo el control de diferentes reinos y tribus polinesias. Por el contrario, la situación cambia drásticamente en el siglo XIX, en medioNo obstante, aunque este proceso parece a todas luces el más acertado,no deja de haber una minoría discordante y es curiosa la primera impresión al visitar las islas y encontrarse en algunas casas privadas una bandera igual que la argentina, solo que con cinco estrellas amarillas.
Esta proliferación de enseñas albicelestes nada tiene que ver con Argentina sino que responde a la reivindicación nacionalista del partido opositor, que quiere romper cualquier lazo con Francia, siendo cada una de las estrellas la representación de los cinco archipiélagos citados. Sin embargo, la verdadera bandera de Polinesia francesa es naranja, blanca y naranja, con una clásica embarcación polinesia cruzando el mar al atardecer, y es la queencontramos en todos los ayuntamientos ¿maire-, comisarias de policía ¿gerdarmerie- y colegios ¿college- de las islas.
Desde luego magnificas colinas y montañas, que nos recuerdan el origen volcánico de estas islas en las que en su mayoría sucede el curioso fenómeno de que la tierra se haya hundido por debajo del nivel del arrecife de coral que las circunda, lo que ha creado un lago interior que en muchos casos es mayor que la propia superficie de tierra de la isla o atolón. Colinas y montañas escarpadas de hasta dos mil metros de altura, cubiertas centímetro a centímetro de vegetación de un verde intenso, casi desafiante, en parte originaria de las islas pero en mayor medida fruto de las colonizaciones de polinesios yeuropeos, que han traído a las mismas innumerables especies tropicales. Y como no, valles aún más fértiles, que en muchos casos conducen el agua fresca y que señalan los pasos en los que el arrecife de coral se ha abierto para comunicar el océano y el lago interior.
También aguas de todos los azules y verdes imaginables, desde el celeste hasta el verde turquesa, pasando por el añil, y todo ello al alcance de la vista en una sola mirada. Y esas aguas se recortan contra esas colinas y esas montañas casi sin solución de continuidad, extendiéndose como un manto desde las mismas hasta los arrecifes de coral para desde allí convertirse en el océano más grande del mundo. Tan solo se quiebran los azules con leves de trazosdesde miradores naturales, los fondos marinos nos dejarán sin palabras.La riqueza de los arrecifes de coral y las lagunas interiores hace que en cada isla estemos en inmensos acuarios, en los que no sabemos si sorprendernos por la belleza de la forma y color de los corales o por la espectacular fauna marina.
Quienes nunca hayan practicado el snorkelling no podrán, no querrán, dejar pasar esta oportunidad única para comenzar, porque realmente merece la pena. Y los que ya lo practicaban, querrán hacer submarinismo en estas aguas para disfrutar al máximo de las mismas, y será un acierto, porque si hay un lugar en el mundo preparado para ello es Polinesia. Un adhesivo en un centro de buceo de Maeva lo resume muy bien:”-pequeño- nos sirven para recordarnos la curiosidad geográfica de encontrar una pequeña península unida a una isla. Y descubriremos la vista de Tahara”"a, una impresionante panorámica de la costa y montañas circundantes. Uno de los mejores puntos de la isl”

Polinesia francesa, entendida como una zona de exclusividad económica, abarca 5 millones de kilómetros cuadrados. Y todo este territorio para apenas 230 mil habitantes. Los cinco archipiélagos de la Polinesia Francesa van desde islas Marquesas a las astrales. En el oeste las islas de la Sociedad (Sotavento Barlovento ) en el este las islas Gambier y en el centroeste el archipiélago Tuamotu.”protestantes tahitianos, la religión más extendida en Polinesia, famoso por los servicios matutinos, especialmente los del domingo, con preciosos himnos cantados mayoritariamente por mujeres que usan el tradicional sombrero blanco,, el Parque Bougainville, próximo a la oficina de correos recientemente renovado y en el que destacan dos cañones del Zélée, un buque de guerra de 1914, que enmarcan el busto del explorador francés Bougainville,, o el Centro Comercial Vaima, el “”emporio”" comercial de la ciudad. Detrás del centro se encuentra la Catedral de Notre Dame de Papeete, construida en 1875 y recientemente restaurada.
El Barrio del Comercio incluye el antiguo Barrio Chino y el Mercado de Papeete, que aunque fue construido en 1987 ha mantenido las viejas tradiciones y la estética de pasado.
Es un verdadero espectáculo de frutas, verduras, artesanos, flores, todo lo que uno imagine que podrá encontrar en Polinesia, lo encontrará en el Mercado Central, al que es muy fácil acceder al ser también la terminal central de todos los”Marítimo de Papeete sin hablar de los grandes cruceros, que cambian totalmente la fisonomía de la ciudad. En alta temporada, podemos encontrar hasta 3 trasatlánticos atracados longitudinalmente a lo largo del puerto, casi como una línea de edificios sobre el agua. De noche, engalanados con todas sus luces, flanquean el espectáculo de decenas de roulottes concentradas en la plaza del Paseo Marítimo despachando todo tipo de comida a los miles de viajeros de los barcos y a los propios tahitianos.
Saliendo de Papeete por la parte este, atravesamos el Puente del este y el barrio de Mamao, donde se encuentran el Hospital Territorial y el Templo Chino flanqueado por 2 dragones. Estamos a un simple giro a la derecha del Valle Fautaua, una de las excursiones más bonitas para descubrir la naturaleza. Enmarcado entre la Montaña Aorai y la Diadème. Aunque no hay que olvidar solicitar una autorización en el Ayuntamiento para entrar en él.
La zona este de Papeete se conoce como Pirae y está salpicada de playas de arena negra.












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