ORLEÁNS: FIESTAS DE JUANA DE ARCO
La huella de la santa permanece en todos los rincones de una ciudad que celebra cada año en mayo su liberación por Juana de Arco. He aquí el programa de este año.


Francia es un país cuya historia hay que vivirla siguiendo las huellas que dejó en cada una de sus ciudades. Orleáns, capital de la región Centro del país y de la provincia del Loiret, no puede ocultar un pasado en el que, por su estratégica situación al borde del río Loira, fue codiciada por unos y otros ¿Julio César, Atila… En cualquier caso, Orleáns es, por antonomasia, la ciudad de Juana de Arco, quien con 17 años la defendió en 1429 del asedio de los ingleses. Pues bien, la heroína que liberara Orléans sigue muy presente en la vida de esta ciudad que desde 1430 recuerda cada año su hazaña. En esta ocasión, los festejos comenzarán el día 29 de abril y se prolongarán hasta el 8 de mayo, con el siguiente programa: -29 de abril: celebración de la entrada de Juana de Arco en la ciudad. -1 de mayo: recreación de la toma de la Bastilla Saint-Loup y la travesía por el Loira. -7 de mayo: presentación del estandarte al pueblo y su devolución por el alcalde al obispo, antes del espectáculo de luz y sonido. -8 de mayo: misa solemne, seguida de desfile militar y procesión con todas las autoridades civiles, militares y religiosas de la ciudad.
Cabe destacar que cada año se elige a una joven de Orléans que reencarna por un día a la famosa heroína. Además de los actos citados hay un programa con otros eventos populares: espectáculos, conciertos en los barrios de la villa, desfile de músicas extranjeras, comitiva de las provincias francesas con sus trajes típicos, comitiva conmemorativa por toda la ciudad, iluminación especial de la fachada y de las torres de la catedral con un espectáculo de luz y sonido, y un mercado medieval desde principios de mayo hasta el día 9. Y ya que hablamos de Orleáns es preciso subrayar que el Loira es su principal elemento paisajístico, aunque ha cambiado de signo. Hasta la llegada del ferrocarril, fue la principal vía de comunicación comercial. Ahora, plenamente rehabilitado, es, tal y como recuerdan con justificado orgullo los orleaneses, el único río salvaje de Europa, habiendo sido declarado como tal por la UNESCO.Como Orleáns no tiene piedra, pero sí un suelo arcilloso, sus casas han tenido que ser construidas con ladrillos, lo que define el aspecto externo de sus calles. Llegamos a la ciudad atravesando el puente de Jorge V y a continuación enfilamos la calle Real que nos lleva directos a la plaza del general De Gaulle, donde esta la casa donde vivió la santa los diez días que duró el famoso asedio. Un poco más, adelante se accede al centro de la ciudad, que es la plaza Matroi, con estatua ecuestre de la santa y de la que parten las principales calles, como la peatonal de la República, con soportales y tiendas y la calle Juana de Arco, que nos lleva hasta la catedral. De todo el conjunto urbano destaca la figura esbelta de su sede metropolitana, con arcos de 33 metros de altura y nave de 116 metros de largo que, en realidad, son cuatro iglesias superpuestas. Aquí rezó Juana de Arco antes de que fuese destruida por los hugonotes. La mandó reconstruir Enrique IV, el de ¿París bien vale una misa¿ y los reyes sucesivos la enriquecieron. Luis XIV le regaló los rosetones, y Napoleón III, una campana que tiene el nombre de su mujer, la española Eugenia de Montijo. Lo que no evitó que Proust dijera de ella, con notoria injusticia, que era ¿la más fea de Francia¿. Eso sí, desde sus torres se pueden divisar las mejores vistas de la ciudad y del Loira… si hace buen tiempo, claro. Saliendo de la catedral y a la derecha, dos edificios indispensables. El primero, justo a su lado, el Museo de Bellas Artes y unos metros más allá, el palacio Groslot, antigua sede del ayuntamiento, hoy reservado para la celebración de las bodas civiles y la visita de los turistas. Los españoles tenemos fácil llegar a Orleáns, porque desde hace un par de años para en su estación el Talgo Barcelona-París, mientras los que llegan desde Madrid puede bajarse en la vecina ciudad de Blois. Y, en fin, desde una u otra ciudad, el viajero puede emprender su particular ruta por los castillos del Loira, a uno y otro lado del único río salvaje que nos queda en este viejo continente.












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