EL CAMINO DE SANTIAGO
Una escritora norteamericana relata con impresiones muy personales sus tres recorridos por el camino de Santiago

Hay cosas que son imposibles de entender si no se han conocido por ciencia propia y una de ellas es el camino de Santiago. Cuando no se ha vivido esa experiencia, parece algo remoto, algo así como una superstición, una antigualla histórica, un pintoresquismo turístico o un simple reto. Después de haberlo hecho de acuerdo con las normas tradicionales, es decir, a pie, a caballo o en bicicleta, todo adquiere un encaje diferente. Esta pudo haber sido la conclusión a la que llegó la escritora norteamericana KATHRYN HARRISON, que hizo la ruta jacobea hasta tres veces ¿la última, acompañada de su hija-, cada una con sus propias vivencias y significados y lo relata en un cuaderno de viaje que RBA publica con el título de EL CAMINO DE SANTIAGO.HARRISON aconseja ponerse en ruta sin apriorismos: ¿No importa nuestra fe o nuestra falta de fe, hemos de alejarnos de la razón para alcanzar un estado que tenemos en la mayor estima: la iluminación¿. Con este presupuesto mental el peregrino inicia su camino y, como quien lo hace por el desierto, va descubriendo muchas cosas que no por evidentes hasta ese mismo día le habían permanecido ocultas.
¿Una de las cosas que me agradan del camino ¿dice la autora- es la reescritura de las prioridades de la vida. Ahora que vivo en un mundo en el que la sombra es el bien más preciado, percibo una visión de mí misma, mis preocupaciones quedan de relieve sobre el nuevo orden¿.EL CAMINO DE SANTIAGO de KATHRYN HARRISON es, a la vez, la mirada de una norteamericana sobre un paisaje como el español, tan diferente del suyo. De ahí que le asombren cosas como el silencio de la siesta en las tardes de verano, la actitud de los ancianos de los pueblos campesinos, la austeridad de nuestras aldeas, el asombro que despierta en ellas la peregrinación de una mujer sin compañía y, en fin, la perplejidad que le produce la visión de ¿un hombre (que) parte leña con un hacha (mientras) una mujer rompe terrones con una azada¿, lo que le lleva a exclamar ¿el único indicio de que todos vivimos en el mismo siglo es el cable del teléfono que veo en algunos lugares (y) el destello brillante de un coche¿.











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