EXTREMADURA EN SUS MEJORES CIUDADES
Desde tiempo de los romanos al renacimiento, siempre se han construido bellas ciudades en Extremadura. Partiendo de la capital, Cáceres, se puede descubrir una de las comunidades más desconocidas de España.
Formando casi una línea vertical sobre el mapa, enhebradas en la conocida como Ruta de la Plata, tres ciudades monumentales extremeñas muestran a los viajeros su abundante patrimonio monumental. Son Cáceres, Mérida y Plasencia, cualquiera de ellas merecedoras de un viaje por sí solas, que invitan a un recorrido conjunto.
La historia de Extremadura ha hecho que su arte florezca en dos periodos muy concretos en el tiempo. En primer lugar cuando los romanos encontraron en la fertilidad de las tierras extremeñas una fuente de riqueza agrícola formidable, lo que les llevó a instalarse y a construir gran número de obras públicas. El otro periodo fue el renacimiento, cuando la emigración a América enriqueció a muchos hijos de Extremadura, que supieron convertir el fruto económico en arte edificado, levantando palacios y mansiones señoriales en sus ciudades de origen.

La ciudad de Cáceres es la joya arquitectónica y urbanística de la provincia. Su barrio antiguo ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985 (ya era Monumento Nacional desde 1930). Los edificios del casco histórico proceden de los siglos XIV, XV y XVI, y el conjunto han permanecido casi intacto, sembrado de palacios, templos y calles empedradas que podrían servir de escenario para representar el “Romeo y Julieta” de William Shakespeare.
Los palacios son legión: el episcopal, el gótico de Mayoralgo, el de los Golfines de Abajo y el de Arriba, la Casa de los Becerra, el de las Cigüeñas, la Casa de las Veletas, todos van mezclando partes árabes con otras góticas y renacentistas, con típicos balcones de esquina. Tiene Cáceres varios buenos museos: el de Arte Contemporáneo en la Casa de los Caballos, el de Bellas Artes en la Casa del Mono, y el Yusuf al Borch con la memoria árabe. El llamado palacio de Moctezuma es una de las rarezas de Cáceres. Fue construido por Juan Toledo Moctezuma, nieto de una princesa azteca llamada Tecuixpo Istlaxochitl o Isabel de Moctezuma.
Roma vive en Mérida a pesar del paso del tiempo. El teatro, el anfiteatro y el circo romano son los tres tesoros que hoy dan idea de la importancia que tuvo la ciudad en tiempos de Roma, cuando Emérita Augusta era capital de Lusitania y dominaba la vega del río Guadiana a su paso por las ricas tierras extremeñas. En las grandes ocasiones se reunían hasta 14.000 personas en el anfiteatro y 30.000 en el circo, cifras propias de una gran urbe.
El agua llegaba a Mérida por el acueducto de los Milagros (vale la pena verlo) y el río se cruzaba sobre el puente de 60 arcos y 800 metros de largo que aún se ve, no muy lejos del que ha hecho recientemente Santiago Calatrava. A los restos espléndidos de Roma se ha sumado hace 16 años el Museo de Arte Romano que diseñara Rafael Moneo, haciendo en él la obra que lo lanzó a la fama internacional. Su aspecto externo esconde una inesperada belleza interior. Desde el Museo de Arte Romano de Moneo, en 1985, Mérida suma obras notables de arquitectos españoles, como el puente de Santiago Calatrava, o la sede de la Junta de Juan Navarro Baldeweg, entre otros.
Plasencia se sitúa en un recodo del río Jerte, donde desembocan varios valles y comarcas de gran valor: el valle del Jerte, el del Ambroz y la Vera. Su pequeño tamaño la hace grata para el paseo y el disfrute de un modo de vida reposado, y los numerosos edificios medievales y renacentistas la convierten en la pieza más valiosa del norte de Cáceres. Su pasado cristiano viene desde finales del siglo XII, y cuenta con una verdadera rareza, la de una doble catedral con dos edificios unidos que llegan hasta el siglo XVI con participación de los mejores arquitectos de su tiempo. La riqeuza de los templos armoniza con la colección de palacios: el de Justicia, el Episcopal, el de los Marqueses de Mirabel y la Casa del Deán, entre otros edificios que mantienen el valor del conjunto.
La Plaza Mayor está rodeada por soportales, y en la torre del Ayuntamiento se puede ver la figura del abuelo Mayorga esperando para dar las campanadas. Llena de terrazas y bares, conviene no perderse sus raciones de caracoles, su caldereta o las ricas tencas de charca. Las cigüeñas son compañeras de viaje en todo el recorrido por el centro de Extremadura, dicen que la mayor concentración de Europa está en Malpartida de Cáceres, no muy lejos del Museo Vostell.

Guía práctica:
Cómo llegar.
Plasencia, Cáceres y Mérida se encuentran en las provincias de Cáceres y Badajoz, sobre la carretera N-630, conocida como la Ruta de la Plata, que llega desde Salamanca por el norte y continúa por Huelva en el sur. Desde la meseta norte se puede entrar a Plasencia desde Salamanca, desde el sur por Sevilla y Huelva, y desde el centro por la Nacional V que llega por Toledo hasta las proximidades de Plasencia.
De Plasencia a Cáceres hay 83 kilómetros, y de Cáceres a Mérida unos 68. Plasencia cuenta con más de 37.000 habitantes, Cáceres con unos 78.000 y Mérida en torno a los 60.000.
Alojamiento.
En Plasencia, la mejor opción en la ciudad es el magnífico Parador de Turismo de Plasencia. En Mérida encontramos un Parador de Turismo en un edificio histórico que es una excelente opción, junto al hotel Las Lomas y el Tryp Medea.
Restaurantes.
En Plasencia, el Hotel Alfonso VIII (Av Alfonso VIII, 32, tel.: 927 410 250) cuenta con un sólido restaurante con especialidades extremeñas. Puerta Talavera (Talavera, 30. Tel.: 927 424 269) y Viña La Mazuela (Avd.Las Acacias, 30,, tel.: 927 425 842) son las elecciones de mayor interés gastronómico. En Cáceres, destaca por encima del resto Atrio (Av España, 30, bloque 4, tel.: 927 242 928), seguramente el mejor restaurante de Extremadura con una bodega impresionante, a muy buen nivel se encuentran también El Figón de Eustaquio (Plza San Juan, 14-16, tel.: 927 244 362).













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