PÉRIGORD, VINO, TRUFAS Y ARTE RUPESTRE
Las cuevas de Lascaux, consideradas como la Capilla Sixtina del arte rupestre, son la joya del valle de La Vézère, situado en el Périgord francés, que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. A la belleza del paisaje se une la calidad del foie y de las trufas.
En la región del Périgord encontraremos vinos magníficos (son vecinos de Burdeos y de Saint-Emilion), caprichos gastronómicos como el foie de oca o las cotizadas trufas, castillos y mansiones convertidos en alojamientos con encanto, la mejor colección europea de pinturas rupestres, pueblos medievales perfectamente conservados, bosques frondosos y ríos limpios que corren por lugares tan espectaculares como La Roque-Gageac, considerado por muchos como el pueblo más bonito de Francia. Y todo a unos trescientos kilómetros de nuestras fronteras con Francia. En los 24 kilómetros que van desde Lascaux a Les Eyzies se abre paso el río Vézère entre bosques y paredes rocosas que acogen 147 yacimientos prehistóricos.
Hay 25 grutas con 844 obras de arte y algunas de las mejores pinturas rupestres conocidas. Los hombres han habitado allí desde hace 100.000 años y su historia se puede ver en el Museo de la Prehistoria de Les Eyzies. Por la formidable colección de yacimientos fue declarado Patrimonio de la Humanidad. El periodo magdaleniense (del paleolítico superior) adoptó el nombre de otra localidad del valle de La Vázere, La Madelaine.

El periodo Musteriense, del paleolítico medio toma su denominación del yacimiento de Le Moustier, a solo 4 kilómetros del anterior, aunque mucha gente prefiere visitar la gruta de Font de Gaume, con pinturas policromas e incisiones de animales, o la Gruta des Combarelles, con 300 figuras de animales grabadas en la roca, o las grutas de la Roque Sant-Christophe, habitadas en el 21.000 antes de Cristo, que volvieron a ser ocupadas durante la Edad Media.
El primer hombre de Cro-Magnon fue encontrado en el Périgord en 1868, y tomó su nombre del lugar en el que apareció. Cro-Magnon está en el valle de La Vézère, declarado Patromonio de la Humanidad.

El Périgord es agreste y muy boscoso, un reducto de naturaleza libre en el que viven gentes con carácter que han sabido conservar sus tradiciones. La capital está en Périgeux, con un extenso casco antiguo y la catedral de Saint Front, imprescindible en el camino de Santiago francés.
En Sorges se encuentra la capital de la trufa, mercados los sábados por la mañana, pero la joya está en la cueva de Lascaux, cuyas pinturas rupestres de hace 17 milenios se consideran las mejores del mundo. Se visita un facsímil de la cueva situado junto a ellas, para no deteriorar las originales. Las pinturas de Lascaux tienen unos 17.000 años de antigüedad, y hay fragmentos realizados entre los 25.000 y los 15.000 años antes de Cristo.
En el interior de la cueva se encuentran 1.500 figuras de animales y escenas de caza, realizadas con tierras, con grasa, con sangre y con pigmentos naturales. Representaban los animales de los que dependía la vida de los autores de las pinturas y son de una alta calidad estética, lo que significa una alta capacidad artística, no sólo imitativa.
La Vézère reúne un compendio de joyas de la Prehistoria. Las cuevas han estado muy poco tiempo abiertas, fueron descubiertas por casualidad en 1940, durante la II Guerra Mundial, y pronto fueron cerradas para preservarlas. Más tarde se abrió Lascaux II, un facsímil contiguo que atrae millares de visitantes cada año.
El Périgord se encuentra al este de Burdeos y de Bergerac, a unas tres horas de coche desde la frontera de Irún, o a cuatro desde la frontera de Portbou.













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