PUNTA CANA, EN REPÚBLICA DOMINICANA

Las playas de Punta Cana están entre las mejores del mundo según la UNESCO y son el mejor reclamo para descubrir uno de los países más fascinantes del Caribe: República Dominicana.

Cualquier momento del año es bueno para abrir un hueco y plantearse una escapada a las playas del Caribe. Entre todas, la UNESCO ha escogido las de Punta Cana, en República Dominicana, para que figuren en el selecto grupo de las mejores del mundo. Son playas asomadas al Atlántico, no al Caribe, tan buenas que se han ido llenando en los últimos años de hoteles de máxima calidad bien conocidas por los viajeros de Europa y de otros países americanos. Largas playas de muchos kilómetros de arenas blancas, aguas transparentes y limpias, de color azul turquesa, con oleaje muy suave gracias al arrecife de coral que protege la costa. Estos son algunos de los atractivos que ofrecen las playas de Punta Cana y, si a esto unimos las estupendas compras de artesanía que se pueden hacer en los puestos vecinos a la playa, encontramos una oferta de vacaciones verdaderamente insuperable.

Muchos viajeros repiten su estancia en Punta Cana, porque no sólo se va a conocer el país, también se va a disfrutar de los hoteles y de sus comodidades. Disponen de un servicio excelente, buenas comidas en varios restaurantes temáticos y a la carta, buenas bebidas, excelente relación calidad-precio, spas, servicios de salud y belleza, y todo tipo de deportes náuticos para divertirse en las aguas mansas y calmadas cerca de las playas.

Los más aficionados a las inmersiones podrán hacer submarinismo en el arrecife o simplemente careteo provistos de gafas, tuba y aletas. Quien quiera emular a Hemingway haciendo pesca de altura dispone de lanchas para situarse sobre la corriente que pasa ante la costa, en la que abundan los peces aguja.

Muchos hoteles pertenecen a las mejores cadenas españolas en los que la cocina y el servicio están adaptados a nuestras costumbres, completando una oferta que también se puede encontrar en Puerto Plata y, también, en la península de Samaná, en la misma costa atlántica de República Dominicana.

Para quien prefiera conocer el país a quedarse disfrutando del hotel, República Dominicana tiene mucho que ofrecer. Nada mejor para descubrir el país que alquilar un coche y hacer cortas excursiones desde los hoteles. Allá donde vayamos nos acompañará la música dominicana, en especial el merengue, la bachata y otros ritmos nacidos en la isla que descubriera Colón en diciembre de 1492, la isla La Española que comparte con Haití.

Los dominicanos han construido su personalidad mezclando razas, historias e invasiones (españolas, inglesas, francesas, haitianas y estadounidenses). Las condiciones de vida son duras para la mayoría, pero intentan compensarlo con una formidable alegría de vivir que está siempre a flor de piel. Por eso la música está en todas partes, y también el ron, las peleas de gallos, el juego del dominó, y los colores vivísimos brillando en las fachadas, en ropa, en anuncios, y en las guaguas que unen todos los pueblos del país.

Para recorrer la República Dominicana desde Punta Cana se puede empezar por el norte, visitando Puerto Plata, una ciudad preciosa apretada entre las montañas y la costa, muy cerca de la frontera con Haití. Es un lugar auténtico, una verdadera ciudad con vida propia, con fortificaciones, casas de madera, bares y discotecas. A su alrededor, en la costa, se encuentran las arenas de Playa Dorada donde están los principales hoteles. Hacia el este hay playas mas salvajes, casi vacías, alguna tan singular como Playa Grande, a la sombra de un largo bosque de cocoteros, con buenas olas para el surf gracias a que no hay arrecife.

Entre Puerto Plata y Punta Cana aparece en la costa la península de Samaná, uno de los rincones más bellos y tranquilos del país, con lugares tan hermosos como playa Bonita y el Cozón, que están casi tan solitarias como se ven en los anuncios de ron. Cerca de Samaná se encuentra el Banco de la Plata al que acuden las ballenas jorobadas entre diciembre y marzo, sin duda el mejor momento para escaparse a su encuentro, para acercarse a ellas con un bote y ver los lomos y las grandes colas emergiendo del agua. Las ballenas jorobadas llegan a pesar hasta 40 toneladas y bajan desde el Ártico en estos meses fríos para pasar el invierno en las aguas cálidas de República Dominicana. Combinar las playas con la observación de ballenas es una razón más para una escapada al país del merengue.

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