El largo territorio de Cuba, puro placer
Cuba siempre es una de las mejores elecciones para disfrutar y pasarlo bien. Es un fenómeno maravilloso para el viajero porque no sólo ofrece playas magníficas y hoteles de lujo, tiene una gente que también es de lujo, educada, amable, interesada en el mundo que les rodea en un sentido amplio, gentes que conocen nuestro país, nuestra manera de ser y de sentir, y que ofrecen su amabilidad para que uno se sienta allí casi mejor que en su casa.
Los cubanos tienen tiempo para conversar, para leer y para pasear, allí la gente no necesita trabajar 14 horas diarias para sobrevivir, y eso se nota en la calle. Tienen tiempo de aprender a tocar un instrumento y de hacer música, y por eso el país es una avalancha de músicos y de ritmos y de sabiduría para disfrutar la vida de verdad. El resto es la viveza caribeña, la inteligencia natural y el sentido del placer que es común a todo el Caribe.
El país es tan amplio y tan variado que no hay manera de conocerlo en una ni en dos semanas. Hay que ir poco a poco y hay que volver. Es bueno empezar por La Habana, descubrir una de las ciudades más bellas y más completas de América, con espléndida arquitectura militar en la fortificación del puerto, al que llegaban las riquezas recogidas por los españoles en toda América para iniciar el viaje hacia España. Un hermoso casco histórico con
Alejo Carpentier llamó a La Habana “la ciudad de las columnas” por sus edificios neoclásicos del siglo XIX, y el encanto intemporal de la ciudad tiene acentos coloniales, románticos, modernistas y caribeños. Es también la ciudad con más diversión de la isla, y la sala de fiestas Tropicana es un templo musical de la máxima calidad.
La Habana guarda memoria de Hemingway en locales de diversión como La Bodeguita y Floridita. Él decía “Mi daiquiri en el Floridita, mi mojito en La Bodeguita”, pero tomaba más de uno en cada sitio.
















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