ISLAS, SIRENAS Y NAVEGANTES
Todas las islas, sean grandes o pequeñas, tiene una personalidad muy acusada vale la pena que el viajero ocasional profundice. El autor nos habla de un buen número de ellas, algunas próximas y otras, muy lejanas.
La superficie terrestre que emerge del mar está formada, según nos enseñaron cuando éramos niños, por continentes e islas. Son dos magnitudes diferentes, porque los primeros ocupan una extensión muy grande, mientras que la de las islas es mucho más parva, aunque haya excepciones como Australia, que no sabemos muy bien si es una isla, un continente o ambas cosas a la vez.
Como los historiadores saben las islas han tenido un protagonismo importante en el desarrollo de las sociedades humanas. Fueron el caldo de cultivo de culturas emblemáticas y constituyeron un excelente punto de apoyo para las navegaciones y por tanto para el contacto de pueblos y el ejercicio del comercio. Han dado pie además a la aparición de numerosas leyendas y han excitado la imaginación de escritores, pintores y creadores de todo tipo. Y, en fin, han sido lugar propicio para el descanso, el alejamiento del mundanal ruido y, porqué no decirlo, también para el alejamiento de las personas molestas
Pablo-Ignacio de Dalmases nos lo explica en su libro ISLAS, SIRENAS Y NAVEGANTES, que ha publicado la EDITORIAL CARENA y en el que nos propone viajar por algunas islas del mundo.

Las hay de todo tipo: rocosas, volcánicas y coralinas, desérticas y fértiles, sobre pobladas como Hong Kong o deshabitadas como Aride, minúsculas como Lobos, Santay o el ilheu de Vilafranca y gigantescas como Australia. Cercanas, como Baleares y la islas del Mediterráneo o lejanas, como Islandia o Tierra de Fuego. El lector no sólo viajará con su imaginación sino que después de haber terminado este libro se sentirá tentado de viajar por sí mismo a muchas de ellas.












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