Playas de Moorea

Entre las islas más bellas de la Polinesia Francesa destaca Moorea, que, además de ser un paraíso natural, está poblada y en ella se pueden encontrar mucho más que playas y hoteles de lujo, iglesias, centros comerciales, campesinos e isleños paseando en bicicleta.

Moorea es una de las islas en las que la vida de los isleños se parece a lo que era antes de la llegada del turismo de lujo a Polinesia Francesa. Y no es porque no cuente con hoteles de superlujo, que los tiene y maravillosos. Moorea es la isla en la que resulta más sencillo y apetecible alquilar un coche y dar la vuelta completa por la carretera costera descubriendo paisajes espectaculares, miradores formidables, playas solitarias, rincones secretos, y chiringuitos frente al mar.

 

 

Bahia de Cook, Moorea. (© E.D.Uceta)

Bahia de Cook, Moorea. (© E.D.Uceta)

Moorea se encuentra frente a la isla de Tahiti, la principal del territorio francés en el Pacífico, hasta la que llegan los vuelos internacionales y donde la capital Papeete, ofrece su puerto para navegaciones por los Mares del Sur. Desde el puerto de Papeete hasta el de Moorea sólo hay 20 kilómetros que se atraviesan en ferry rápidamente, para sumergirse en una bella isla rodeada por un largo arrecife. Los mejores hoteles se encuentran cerca del puerto, en la carretera que se dirige a la Bahía de Cook, frente a las aguas de color azul turquesa que quedan encerradas en el lagoon, entre los rompientes lejanos y la orilla sin olas. Esta masa de agua transparente que el sol llena de luz y el fondo de arena blanca colorea de turquesa, es un formidable acuario natural en el que crecen los corales y una asombrosa fauna marina de arrecife llena de colores brillantes.

Algunos inofensivos tiburones de arrecife se pueden ver en sus aguas, pero nunca cerca de las playas, poniendo un toque de emoción en las incursiones submarinas. Para los amantes de la vida marina, es un verdadero paraíso lleno actividades, desde el snorkel al buceo con botellas. Belvedere es el nombre de un mirador desde el que se dominan las dos bahías de Moorea, la de Opunohu y la de Cook, enmarcadas por las aguas azules del lagoon y la corona de espuma de los rompientes.

Hotel en la costa de la isla de Moorea, Polinesia Francesa. (© E.D.Uceta)

Hotel en la costa de la isla de Moorea, Polinesia Francesa. (© E.D.Uceta)

Para un viaje de placer se hace muy recomendable escoger un hotel con habitaciones situadas en palafitos sobre el mar. Desde el interior se pueden ver los peces nadando en torno a los corales, y una escalerilla baja desde la terraza del palafito hasta el agua. Los viajeros disponen en ellos de toda la intimidad, soledad y relación directa con las aguas que puedan soñar. Tomar un baño antes del desayuno es una experiencia inolvidable, y combinar las inmersiones con las siestas y la contemplación del mar o de la costa desde el fresco interior se considera el máximo lujo en medio de la mayor belleza que se pueda imaginar. La calidad de los restaurantes, de escuela gastronómica francesa, son complemento perfecto a los placeres hoteleros.

Sofitel, Pearl Beach Resort, Club Mediterranée son algunos de los mejores hoteles en esta costa de prodigiosa belleza y calma que cuenta con puestas de sol asombrosas. Algún día merece la pena alquilar un coche y hacer una cómoda excursión de vuelta a la isla. Entrar en la Bahía de Cook, en la que fondean los veleros rodeados por una exuberante vegetación al pie de los altos picos o pitones rocosos cubiertos de verdor. Los árboles de ribera se reflejan en las aguas. Hombres, mujeres y niños buscan su protección junto a la orilla, y se reproducen en la realidad imágenes de muchachas a la sombra junto al mar que hemos visto en los cuadros de Gauguin. El pintor aplicó su genio a escenas que ya existían en las islas desde tiempo inmemorial.

Desde la Bahía de Cook hay que subir hasta el Belvedere para contemplar una de las mejores panorámicas del Pacífico, ver los cultivos de piña y frutas tropicales. El resto es completar el anillo de la isla, comprobar que hay otros hoteles y restaurantes menos lujosos y preciosas casas en alquiler, pueblos, iglesias y campos de fútbol donde pastan los caballos. La belleza de Moorea es más completa porque en ella el paraíso es menos solitario.

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