Recorriendo el norte de Cáceres

Una naturaleza en estado de gracia protagoniza el paisaje del norte de Cáceres, La Vera, el valle del Jerte, incluso la zona de Hervás y Baños de Montemayor, cerca ya de Salamanca.

La naturaleza de Extremadura muestra ahora, en primavera, su mejor aspecto. Durante todo el viaje del norte de Cáceres acompaña la presencia en el cielo de las cigüeñas, que tienen allí su refugio favorito y ya ni se molestan en seguir a Africa: se quedan todo el año. Los nidos de cigüeña se ven por todas partes, en los campanarios, en las torres, en las casas, siempre cerca del hombre y del alimento abundante de las dehesas extremeñas.

Si entramos en Extremadura por La Vera, encontramos un territorio con clima mediterráneo en la cara sur de la sierra de Gredos. Las calles de Madrigal de la Vera están orilladas de naranjos llenos de frutos gracias al microclima de la Vera que crean los vientos de la meseta al bajar templados y secos por la cara sur de la Sierra de Gredos.

En Villanueva de la Vera tienen una espléndida plaza mayor con soportales y su fuente en medio, según la mejor tradición verata. En Valverde de la Vera encontramos el más precioso conjunto urbano de la comarca, y en Losar de la Vera se cruza por una carretera orillada de setos y árboles esculpidos a tijera. En Cuacos de Yuste se ve una hermosa plaza porticada, la casa de Don Juan de Austria y se sigue al Monasterio de Yuste.

En Villanueva de la Vera tienen una espléndida plaza mayor con soportales y su fuente en medio, según la mejor tradición verata. En Valverde de la Vera encontramos el más precioso conjunto urbano de la comarca, y en Losar de la Vera se cruza por una carretera orillada de setos y árboles esculpidos a tijera. En Cuacos de Yuste se ve una hermosa plaza porticada, la casa de Don Juan de Austria y se sigue al Monasterio de Yuste.

Cambiando de valle se pasa por Garganta la Olla, uno de los pueblos más hermosos de Cáceres, con casas pintadas de colores fuertes y un insólito Museo de la Inquisición. Se llega a Piornal, el pueblo extremeño más alto, para asomarse al valle del Jerte, donde ya asoman las rojas picotas entre las ramas de los cerezos. Jerte, Navaconcejo, Cabezuela del Valle son pueblos prin-cipales, y desde Cabezuela se va a Hervás por el Puerto de Honduras.

Cuando el emperador Carlos I, dueño de medio mundo, decidió retirarse, escogió Yuste y la Vera. Le gustaba comer bien y disfrutar de la naturaleza. El sitio, rodeado por un espeso bosque y en balcón sobre el valle del Tiétar conserva un encanto irresistible. Sin moverse de sus habitaciones, podía seguir los oficios religiosos o pescar truchas en el estanque que hizo construir al pie de su habitación.

 

 

Si alguien esperaba una Extremadura seca, en la Vera pensará que se ha equivocado de camino. La vegetación es tan variada y rica que impresiona por su colorido y frondosidad. Los extremeños casi ven crecer los espárragos si hace sol después de un día de lluvia, aunque nada supere los colores de la Vera cuando el otoño pinta de mil tonos la vegetación.

 

Hervás bien merece las curvas pasadas. Asomado al valle del Ambroz, rodeado por bosques de castaños, guarda la mejor judería de España, habitada y bien cuidada, con calles estrechas de preciosa arquitectura popular cubierta de flores. Recomendamos el museo del escultor Pérez Comendador y, de los alrededores, los Baños de Montemayor -con fama de curativos desde tiempos romanos-, las fresas de Casas del Monte y la cestería de tiras de castaño.

En la Vera se cultiva la mayoría del tabaco de español, y el campo está lleno de secaderos, como en Cuba. Junto al tabaco, el excelente pimentón verato es uno de los emblemas de la tierra. En los pueblos de la Vera hay que pasear escuchando el murmullo del agua que baja de las montañas y corre por las calles, con una arquitectura popular de casas de entramado y cubiertas de teja. Se decía ¿En Hervás judíos los más”. El lugar es uno de “los mejores pueblos de esta tierra” para el viajero Antonio Ponz y “uno de los lugares más felices del reino” según un Real Privilegio de 1816.

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