PUERTO RICO: EL CAMINO DE EL YUNQUE
El esplendor del bosque húmedo tropical en Puerto Rico se encuentra en El Yunque, un trozo de belleza verde declarado Reserva de la Biosfera y situado muy cerca de la capital, San Juan. De Puerto Rico siempre esperamos el contacto con sus largas playas arenosas bordeadas de cocoteros y con sus buenos hoteles en los que disfrutar de las aguas del Atlántico y el Caribe. Pero la isla es una reserva natural de gran variedad ecológica, con una gran diversidad de espacios naturales que hacen de la antigua Boriquen un compendio natural de la mayoría de los posibles paisajes de las Antillas, incluyendo áreas desérticas en el sur.
El clima tropical permite la existencia de ricas reservas vegetales en el interior de la isla, y hay zonas que no han sido modificadas por la actividad humana y mantienen el bosque primario en su estado natural. Este es el caso de El Yunque, una selva húmeda tropical situada a poco más de media hora de la capital, San Juan de Puerto Rico. En estos momentos es la única reserva de este tipo en el sistema de bosques nacionales de los Estados Unidos.
La conservación del bosque arranca del siglo XIX, cuando la Corona española decidió protegerlo en el año 1876. La excepcionalidad de la flora y de la fauna del lugar se ha mantenido desde entonces, y en 1976 –un siglo después de la primera protección- la UNESCO lo incluyó el programa “El Hombre y la Biosfera” que se aplica como reconocimiento de la biodiversidad de zonas específicas del planeta, cuya conservación reviste singular importancia.
El nombre de El Yunque le viene al bosque por la curiosa forma del pico del mismo nombre, que recuerda al instrumento sobre el que trabajan los herreros. El parque se sitúa al pie del monte, en la sierra de Luquillo, que es una de las más elevadas de la isla. Los 113 kilómetros cuadrados de la reserva reciben una precipitación anual de 400 mil millones de litros de agua, una cantidad muy importante que provoca la existencia de cascadas, arroyos, torrentes y ríos que mantienen una alta humedad durante todo el año, permitiendo la vida de 240 especies de árboles y elementos vegetales.
Desde los abundantes helechos en la parte baja del bosque –algunos de ellos gigantescos helechos arborescentes-, hasta los imponentes árboles como el tabonuco y las palmas que se elevan sus copas hasta el piso superior del bosque, una amplia variedad de orquídeas silvestres tapizan troncos y ramas en una asombrosa explosión de vida vegetal. Las cascadas dan lugar a los lugares más espectaculares, y en algunas es posible el baño refrescante gracias a la pureza del agua. La cascada de acceso más fácil es la de La Coca, situada junto a la carretera 191 que atraviesa el parque, lugar donde se encuentra una torre de observación del parque y de las aves.
Lo mejor es recorrer el bosque en alguno de los senderos autoguiados que lo atraviesan, dada la escasa dificultad de la mayoría de ellos, que ponen la biodiversidad al alcance de la vista. El zureo de las palomas entre el follaje, el croar de las ranas y el zumbido de los insectos acompañan al caminante que se maravilla ante las cascadas y remansos que bajan de la montaña. Los amantes de las sensaciones más difíciles pueden tomar el camino de El Toro, con 10 kilómetros de ascensión hasta la parte más elevada de la Reserva. El acceso al bosque es sencillo, a poco más de media hora en coche desde la capital, y la excursión puede terminar a la sombra de los cocoteros en la playa de Luquillo.














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