La isla de Djerba, en Túnez
Si Túnez, o Tunicia, como deberíamos llamar al país para no confundirlo con su capital, es la mejor opción norteafricana para un viaje cómodo, lleno de cultura y de buenas instalaciones turísticas, algunos lugares de Túnez merecen mención aparte por la condensación de belleza y bienestar que transmiten al viajero. Entre ellos, la isla de Djerba es el que más destaca por su fascinante historia, por su singularidad y por la calidad de sus playas.

La isla de Djerba se encuentra muy próxima a la costa de Túnez, no en el norte, en el sureste, donde el litoral gira hacia el este para conformar el costado sur del golfo de Libia, cerca ya del desierto y del sur de Túnez. Djerba es más cálida que la costa norte, y la temporada de baños tiene una larga duración. La isla forma un amplio arenal frente a la ribera continental, y las palmeras lo han cubierto hasta formar un oasis. Esta excepcional formación de arena y palmeras no tiene comparación en toda la costa de África, y llamó la atención de quienes la conocieron desde el origen de la navegación mediterránea. En los viajes de Ulises se refieren a Djerba como el país de los lotófagos, comedores de lotos, de los que no quedan vestigios. También se asocia la isla de Djerba con el lugar en que los cantos de la sirenas habrían fascinado a Ulises y su tripulación hasta hacerlos perder la razón de no haberse atado al mástil de la embarcación.
El encanto de Djerba hoy día no es tan irresistible, pero afortunadamente es mucho más real. Todo el perímetro de Djerba es una larga línea de arena, y en rigor todo es playa. Las aguas mansas del Mediterráneo reflejan la fuerte luz del sol y el limpio azul de sus cielos, y los colores turquesas surgen del fondo marino. Los hoteles han ido ocupando parte del litoral elevándose escalonadamente, como siempre han hecho las casas tradicionales de Djerba: los mezles. En los hoteles hay calidad, diversión y buena gastronomía junto al mar.
Para conocer la isla no hace falta ir muy lejos. La capital de Djerba es Houmt Souk, una pequeña población en la que la arquitectura tradicional se da la mano con los lugares en los que se pueden hacer buenas compras, como los artículos de plata que se venden en la zona llamada qaysarriya. En otras tiendas se encuentra artesanía tunecina en forma de alfarería, o de trabajos de cestería y de tejido de esteras. Hay dos fortalezas en la isla, una es Bordj el Kebir y la otra lleva el nombre de Borj el Kastil, que pervive como memoria de la presencia española en la isla durante el siglo XVII, cuando el dominio de la costa africana era esencial para mantener la seguridad en el Mediterráneo frente a los piratas que partían de estas costas.
Dos pueblos en el centro de la isla acogieron en el pasado comunidades judías.Hara Kebira y Hara Seguira siguen contando con población judía, y la sinagoga de Ghibra recibe culto y peregrinaciones.
Desde Djerba se pueden hacer buenas excursiones, como la que lleva a Zarzis, prolongación en tierra firme del oasis de Djerba, y desde allí hacia el sur, a lugares espectaculares de viviendas troglodíticas construidas por los bereberes: Chenini, Ksar Haddada, Foum Tataouine y Matmata, con sus casas construidas en torno a grandes patios subterráneos. Más al sur comienza el desierto de arena, al que se llega en todoterreno con guías locales.












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