La historia de Cartago en la belleza de la costa tunecina
Cartago fue la capital de una gran potencia mediterránea con sede en el litoral de Túnez. Sus restos se pueden ver cerca de la capital, en una costa de espléndidas playas y bosques llena de lugares para disfrutar. Hoy son tan solo unas ruinas asomadas al azul de las aguas del Mediterráneo en el litoral norte de Túnez, pero constituyen el mejor testimonio de la sociedad cartaginesa. Este pueblo de comerciantes y guerreros extendió su influencia sobre el Mare Nostrum y plantó cara ante el Imperio Romano, que finalmente consiguió derrotarlos y destruir Cartago para dominar el Mediterráneo. Cerca de la capital tunecina se encuentran los restos de la vieja Cartago. Las guerras púnicas las libraron romanos y cartagineses. Terminaron con la total destrucción de la ciudad norteafricana en el siglo II a de C, cuando se pronunciaron las palabras ¡Delenda est Cartago!
Para cualquier viajero que se dirija a Túnez en busca de sus buenas playas, de su clima templado y de una tranquilidad placentera, la excursión a las ruinas de Cartago es uno de los mejores momentos del viaje. Frente al azul de mar se contemplan los restos de la vieja ciudad, construida en torno a un buen puerto natural en el que tenía su centro una impresionante flota de 200 navíos de combate que controlaban las rutas marítimas del Mediterráneo desde su crucial posición en el norte de África, vigilando el estrecho paso entre Sicilia y Tunicia.
La marina cartaginesa protegía una enorme actividad comercial ribereña del Mare Nostrum, y dominaban colonias y territorios en Sicilia, la Península Ibérica y otros lugares del litoral. Durante siglos fue la ciudad más importante de la costa y sus ejércitos lucharon contra Roma ferozmente. En Cartago se puede ver la colina de Byrsa, donde se fundó la ciudad en el siglo VIII antes de Cristo, la Isla de los Almirantes, el puerto de Salambó, el santuario de la diosa Tanit con sus estelas funerarias, e imaginar la capital de un pueblo milenario.
Cuando Roma consiguió derrotar a las tropas cartaginesas y conquistar Cartago, destruyó sistemáticamente la ciudad para demostrar al mundo que nada se resistía al poder y a la crueldad de Roma. Pero más tarde los romanos levantaron su propia ciudad en el mismo emplazamiento, y recobró su importancia, llenándose la ciudad de ágoras, teatros, baños, templos y palacios, como atestiguan hoy los formidables baños de Antonino y el teatro romano que se ha restaurado y sirve como escenario para representaciones en festivales y ocasiones especiales.
La costa de Cartago cuenta con una buena infraestructura para la celebración de congresos y viajes de incentivo cerca de la capital, incluyendo un campo de golf y el puerto deportivo de Sidi bou Said. Los bosques mediterráneos rodean de verdor las excavaciones, y en la parte alta de la colina que domina el conjunto se encuentra la antigua catedral de San Luis, sede del interesante Museo Nacional de la Historia de Cartago repleto de restos arqueológicos púnicos, en especial estatuas y estelas funerarias, entre otras piezas utilitarias que ayudan a reconstruir la peripecia vital de los cartagineses y de Aníbal, el más famoso de sus dirigentes.
Restaurantes, discotecas al aire libre, casino, y locales de ocio salpican el tramo de costa más grato del país.














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