Lanzarote, playas y volcanes
La isla es una obra de arte hecha a medias por la naturaleza y el hombre, que no se parece a ningún otro lugar en el planeta y que enamora sin piedad a quienes la conocen.
Si hubiera que describir Lanzarote como una obra de arte, habría que hablar de influencias de la estética africana del desierto del Sahara, de colores terrosos y de la variedad de matices de las rocas volcánicas. Se podría hacer referencia al estallido verde del oasis en constraste con la aridez de un medio de belleza desolada, en el que la vivienda humana pone la simple geometría cúbica que viste de blanco luminoso como la espuma de sus playas.
Pero Lanzarote es mucho más que arte, porque tiene la verdad de la historia de sus gentes, artistas en el aprovechamiento de las escasas aguas y aún del rocío nocturno para hacer germinar sus alimentos arrebatándoselos a la roca. Minimalistas por exigencias de la naturaleza, han sabido convertir la necesidad en virtud y las líneas de los muros de piedra con los que protegen cada viña o cada planta convierten algunas zonas en abstracciones de geometría orgánica diseñadas por razones prácticas. Los escasos árboles que se levantan en el paisaje volcánico adquieren calidad simbólica y parecen la metáfora de la creación.

Los volcanes del área de Timanfaya vienen a unirse a este paisaje esencial en el que no puede faltar la fuerza del fuego subterráneo que calienta el suelo, forma geíseres e incendia los matojos bajo la intemporal mirada de los dromedarios que pasean a los turistas.
El Parque Nacional de Timanfaya es el resultado de las erupciones que se produjeron entre 1730 y 1736, sepultando bajo la lava las mejores tierras de cultivo. La radical precisión del lenguaje lanzaroteño llamó malpaís a estos campos de lava impracticables, hoy protegidos para que la vegetación reconquiste el territorio mineral tomándose el tiempo necesario. Y para que los viajeros se acerquen a un paisaje que ha sido comparado con el de la Luna.
Arrecife es la capital de la isla, conserva el aire tranquilo y dos elementos culturales importantes: el castillo de San Gabriel, sobre un islote vecino a la costa, y el castillo de San José, ahora museo de Arte Contemporáneo. Repartidas por la isla están las obras de César Manrique: la Cueva de los Verdes, Los Jameos del Agua, el Mirador del Río, el Jardín de Cactus, el Monumento al Campesino, y las instalaciones del Parque de Timanfaya.
El trabajo de conservación integral de César Manrique en Lanzarote es un pequeño milagro que ha hecho de la isla un lugar de enorme calidad estética y humana, por la conciencia del valor de lo que allí existía y del interés de mantenerlo y mejorarlo. Su ejemplo ha servido para intentar actitudes similares en otros lugares del planeta. Lanzarote es hoy, todavía, una excepción que merece ser disfrutada. Su calma y su belleza no dejan indiferente.
En Lanzarote hay que fijarse en lo que no se ve: tendidos eléctricos al aire, vallas y carteles publicitarios, o edificios de gran altura. Esa falta de contaminación visual se debe a la intensa labor de protección desarrollada por César Manrique para conservar su isla. La Fundación César Manrique, en Tahíche, ocupa la excepcional casa del artista, situada en varias burbujas volcánicas subterráneas, aunque sólo la colección de arte que guarda justificaría la visita.

Guía práctica
Qué ver
El Parque Nacional de Timanfaya muestra los campos de lava de la erupción del siglo XVIII. Las Montañas de Fuego, el restaurante el Diablo, el tour por el parque y el paseo en camello son inolvidables. Se accede desde el norte del pueblo de Yaiza.
Teguise fue capital de la isla hasta mediados del siglo XIX y merece visitar su parte antigua en torno a la iglesia de San Miguel, el Museo del Emigrante Canario, así como seguir camino para visitar las vides heroicas de La Geria, Mozaga con sus empresas vitivinícolas, el Monumento al Campesino y la cercana Fundación César Manrique en Tahíche.
Lanzarote cuenta con obras de arquitectura ecológica para disfrutar las bellezas de la isla sin alterar el paisaje diseñadas por César Manrique. Los Jameos del Agua, El Mirador del Río, el Jardín de Cactus, aprovechan túneles de lava, miradores naturales y espacios únicos, como son la mayoría de los lugares de la isla. La casa del pintor en Tahíche, dentro de burbujas volcánicas naturales, se ha convertido en Fundación que guarda su memoria y en uno de los espacios arquitectónicos más originales de Canarias.
Zonas turísticas
Playa Blanca es uno de los principales núcleos turísticos en la isla, surgido a partir de un puerto de pesca, en el que todavía reina la tranquilidad, ya que el turista que llega a Lanzarote no busca la diversión nocturna. Prefiere disfrutar de la calma y el equilibrio de la isla. Buenas playas en los alrededores. Quienes busquen playas solitarias deben alquilar un coche con tracción a las cuatro ruedas para desplazarse por la costa.
Puerto del Carmen acoge el mayor núcleo de alojamientos turísticos en Lanzarote, y ofrece la imagen más densificada turísticamente de la isla, a pesar de que las construcciones no sean ofensivamente altas, pero la atomización de los bungalows hace que predomine la construcción sobre el territorio. Es la zona más animada y con mayor número de servicios.
Costa Teguise es el tercer gran área de alojamientos turísticos, en la que predominan las construcciones bajas y los apartamentos. Reputada como lugar exclusivo dentro de la isla, cuenta con una buena urbanización en las llanuras del norte de la isla.












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