Singapur, resumen de Oriente
Ciudad-estado de excepcional atractivo por ser un escaparate de comunidades chinas, indias y malayas viviendo con uno de los niveles económicos más altos del continente. Las compras y los lugares de diversión son excelentes.
Uniendo lo mejor del mundo del lujo occidental con la alta calidad de servicio del lujo oriental, Singapur es un destino muy adecuado para un viaje de novios, que puede complementarse con escapadas a los países vecinos, a Malaisia o a Indonesia, y, en especial, la opción de pasar unos días en Bali. Por otra parte, se trata del país más modernizado del continente, con altísima calidad en hotelería, en restauración, en compras y en diversiones.Singapur es un paraíso de las compras, y la calle Orchard Road está abarrotada de centros comerciales. Pero en el viaje de novios se busca descubrir el Singapur romántico y colonial, y eso se encuentra en el Hotel Ruffles, favorito de Somerset Maugham y de Noel Coward, un hotel mítico de empleados con sus viejos uniformes, sus mesas de billar añejas y un servicio impecable capaz de hacernos soñar con los tiempos en sólo viajaban los poderosos.

Singapur es un país muy especial porque sólo se parece a sí mismo. Es capaz de mostrar simultáneamente las diferentes caras de Oriente y de definir su propia personalidad, una mezcla de influencias de Occidente con la tradicional sabiduría de Asia. El estado ocupa una isla de 640 kilómetros cuadrados, cubierta por una laboriosa y riquísima ciudad, en el extremo sur de la península de Malaisia, que fue refugio de piratas malayos durante siglos.
La misma posición estratégica que interesó a los piratas, el paso de las rutas entre India y China, obligatorias para los barcos que surcaban el sur de Asia, interesó a los británicos para el dominio militar y del comercio en la zona. A partir de 1819 convirtieron Singapur en un emporio comercial. Su dinamismo les llevó a convertirse, en el último cuarto del siglo XX, en uno de los dragones asiáticos ricos por la electrónica. En Singapur hay mucho de China, de donde procede buena parte de su población, de su lengua, su cultura comercial y sus creencias. También hay una vocación y una presencia japonesa, cuyo modelo económico imitan. La India está presente con sus templos hinduistas, sus mercados y sabores, que brillan en la vida cotidiana.
El aspecto de Singapur es el de una ciudad del futuro, con altos y modernos edificios de oficinas y centros comerciales, pero sus rincones más atractivos son aquellos que conservan el modo de vida tradicional de India y China, que son limpios escaparates de sus lugares de origen.
Los barrios de Chinatown, Little India y Arab Street son pedazos de China, India y Arabia en la ciudad más moderna del sudeste asiático. La lengua común es el inglés, aunque se hable mandarín, tamil y malés, entre otras. La variedad de templos es también asombrosa, así como la de razas. Lo sorprendente es la sensación de orden y limpieza casi fanática. En el suelo no se ven ni una colilla ni un chicle, las multas por tirar algo al suelo son terribles. Por lo demás, el país es muy seguro. El mayor peligro es el de que te pongan una multa.
Hay mucho que ver y la ciudad se esponja en parques y jardines. El Haw Park Villa está lleno de grandes esculturas de la mitología china. El Tang Dinasty Village es probablemente el mayor parque cultural de Asia, tiene un gran jardín ornitológico, el Jurong Bird Park, un jardín botánico con 2.000 tipos de orquídeas, y uno de los mejores acuarios del mundo, el Underwater World, en el que se puede atravesar la piscina de los tiburones bajo un túnel de cristal de pavimento móvil. Toda la isla de Sentosa es un gigantesco centro de diversión con parques y restaurantes desde los que se domina una bahía cubierta de barcos fondeados con todas las banderas del planeta.
Singapur es un paraíso de las compras, y la calle Orchard Road está abarrotada de centros comerciales. Pero en el viaje de novios se busca descubrir el Singapur romántico y colonial, y eso se encuentra en el Hotel Ruffles, favorito de Somerset Maugham y de Noel Coward, un hotel mítico de empleados con sus viejos uniformes, sus mesas de billar añejas y un servicio impecable capaz de hacernos soñar con los tiempos en sólo viajaban los poderosos.












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