Jávea y la costa de Alicante en Navidad

Si no es tiempo para el baño, si lo es para recorrer el territorio de Xàbia, el valle que se extiende entre el Montgó y la sierra de Benitaxell, que cuenta con una playa inmejorable en L’Arenal, formando una abrigada bahía, rodeada por las nuevas construcciones de hoteles y apartamentos, y en uno de cuyos extremos se encuentra el Parador de Turismo de Jávea. Continúa hacia el norte la playa de Benissero, y ya en el puerto la playa de la Grava.
En Xàbia (Jávea) se encuentra uno de los paradores más gratos de la comunidad, en edificio moderno, asomado a la bahía y la playa. Desde su terraza se domina el panorama de casas al borde de la arena. Se percibe en el ambiente la presencia de un turismo tranquilo, respetuoso con un entorno privilegiado, que aprecia el valor del enclave en las proximidades de los cabos de San Antonio y de La Nao.

El Puerto se aprieta contra la mole que forma el Cap de Sant Antoni, recorrido por una ruta de senderismo que sube hasta el faro y recorre la zona verde del cabo. Junto al puerto se encuentra el viejo barrio de pescadores, de casas de pequeña altura, restaurantes muy animados y un agradable paseo marítimo. A espaldas del barrio marinero se encuentra la población de Xábia, con una estructura casi laberíntica de calles estrechas y casas de fachadas blancas. Muchas cuentan con puertas bajo arcos y ventanas góticas, los huecos se protegen con rejas y los balcones cuentan con cerrajería de forja. Las casas son palaciegas y el aire señorial se acrecienta por la abundancia de piedra tosca en la construcción, arenisca dorada extraída en el lugar.
Hacia el sur, el terreno se eleva en el peñón que da lugar a los cabos de Sant Martí, Negre y de la Nau. La vegetación de coníferas da un aspecto verde al agreste paisaje, aunque el territorio se encuentre cubierto por centenares de viviendas unifamiliares escondidas entre los pinos. La alta presión de las construcciones queda disimulada por la falta de edificios en altura, que no llegan a dominar en el paisaje. La construcción es residencial sin hoteles ni tráfico turístico, lo que permite llegar a los miradores casi en soledad.
Desde el mirador de Portitxol parte una ruta de senderismo hasta el Cap Sant Martí. Se domina a vista de pájaro la Isla del Portitxol, sobre una masa forestal de verde perpetuo. Más miradores en L’Illa, en La Falzia, para ver la deliciosa Cala de la Barraca, o seguir al Cap Negre, o asomarse a la cara sur de la mole, bajando a Las Pesqueras con su cala de grava y su restaurante frente a un mar en calma con el Cap de la Nau al este y la Illa del Descobridor al oeste. No es el fin del mundo, pero por tranquilidad, belleza y serenidad, por el diálogo entre roca, mar y bosques de pinos, es un lugar espléndido para pasar las Navidades frente al Mediterráneo.












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