TAILANDIA, TEMPLOS, SELVAS Y PLAYAS

Los monumentos históricos de la monarquía Tai se combinan con buenas playas y con extraordinarios paisajes submarinos en los archipiélagos del sureste del país.

Tailandia es uno de los países más variados de Asia. Sus templos budistas están entre los más bellos del continente y sus ríos son auténticas venas comerciales llenas de mercados flotantes y tráfico de motoras afiladas.

En el norte esconde algunos paisajes incontaminados por la modernidad, donde los elefantes siguen trabajando en los bosques y algunas tribus mantienen tradiciones milenarias, mientras que las aguas color turquesa de sus costas bañan playas de blancura impecable convertidas en genuinos acuarios rebosantes de vida submarina.

Palacio Real en Bangkok, Tailandia. (© E.D.Uceta)

Palacio Real en Bangkok, Tailandia. (© E.D.Uceta)

Todo viaje a Tailandia debe incluir la experiencia Bangkok, capital y puerta de Tailandia. La ciudad aparece partida por un río de 300 metros de anchura: el Chao Phraya. En una orilla se encuentra Bangkok, y al otro lado Thonburi, que ya son una misma urbe. Los grandes hoteles se asoman a sus orillas, entre un mar de chabolas, formando una mezcolanza típica del caos de la capital.

La visita imprescindible es la del Gran Palacio, el emblema del país y de su monarquía, en un recinto en el que docenas de cúpulas elevan sus agujas doradas hacia el cielo. No existe otro palacio similar en el mundo, en el que el barroquismo oriental sea tan intenso. En este lugar se ubicó la monarquía Chakri que ostenta el poder, y los edificios se comenzaron a construir en 1.782. En el conjunto del Gran Palacio destaca el Wat Phra Keo, el templo del Buda Esmeralda, del que proceden las imágenes que el viajero conoce de Tailandia antes de llegar al país. En su interior se guarda el pequeño Buda de jade venerado por la mayoría de los tai. El perfume del incienso de los altares se extiende sobre la multitud que ofrece frutos a Buda y se arrodilla para rezar, en contraste con el brillo de las cúpulas doradas y la fiereza de las figuras de los guerreros que destellan bajo el sol.que se pone de manifiesto el cruce de influencias entre India y China que caracteriza la cultura tai.

Bangkok es una ciudad para vivirla, para navegar en las rabilargas barcas que atruenan a cincuenta kilómetros por hora mientras salpican a los pasajeros, o para atravesar los atascos a bordo de un tuk-tuk, un taxi-motocarro conducido por acróbatas del tráfico que convierten el viaje en una experiencia de infarto.

Lo más extraordinario es la amabilidad de los tailandeses, con una eterna sonrisa en los labios a pesar de las duras condiciones de vida. En los alrededores de la capital hay que ver el mercado flotante de Damnern Saduak, el conjunto monumental de Nakhon Pathom, capital del reino Dvarayati, en un entorno de gran riqueza fluvial y humana. Los palacios reales de Bang Pa In -residencia de verano- y de la antigua capital en Ayutayya, completan los atractivos en torno a Bangkok.

Ayutayya fue 4 siglos capital de Siam. Los restos de sus 500 templos son espléndidos. Los mejores: Yai Chai Mongkol, rodeado de estatuas de Buda, y Viharm Phra Mongkol Bopitrm, con un Buda descomunal.

Elefantes en el norte de Tailandia. (© E.D.Uceta)

Elefantes en el norte de Tailandia. (© E.D.Uceta)

El norte de Tailandia es preferido de los viajeros que buscan comunidades con forma de vida tradicional de Indochina. Chiang Mai es la segunda ciudad del país, situada entre montañas y llena de espléndidos templos. Es paso obligado para descubrir a los grupos tribales de cultura tibetana que habitan en la zona. Los elefantes trabajan en los bosques como hace miles de años, y ofrecen a los viajeros experiencias inolvidables. 

Una excepcional excursión lleva a conocer a las mujeres jirafa, que alargan artificialmente sus cuellos hasta que alcanzan dimensiones asombrosas. Pertenecen a un amplio grupo de tribus en el norte.

Las playas más concurridas están en Pattaya y en la isla de Phuket, con rincones de encanto como la isla de Ko Samui. Algunos de los mejores fondos marinos del planeta se encuentran en el sureste.

 

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