MARRUECOS, exotismo cercano

El viajero español tiene la inmensa suerte de tener muy cerca un país tan fascinante, exótico y acogedor como Marruecos, en el que es posible descubrir otra cultura, otra manera de medir el tiempo y entrar en contacto con la magia de oriente.
Cercano en kilómetros, historia y espíritu, Marruecos asombra a cuantos, sin haber recorrido nunca esa distancia, creen saber lo que les espera. Cruzar el Estrecho es adentrarse en un país fascinante que reúne los ingredientes del exotismo: desierto, monumentos árabes, mezquitas y madrazas musulmanas, playas salvajes en el Atlántico, mercados medievales, artesanía milenaria, oasis, camellos, y la vitalidad de un pueblo que se muestra en la calle.
Muchos asociarán Marruecos con Casablanca por razones cinematográficas, pero lo auténtico de este país está en lugares como Tánger, en los que se manifiesta la relación de Marruecos con el mundo moderno europeo, o en las bellísimas ciudades imperiales en las que pervive una forma de vida casi medieval, con barrios que nos recuerdan lo que debió ser la vida cotidiana en Córdoba o en Granada antes de ser arrrebatados a sus constructores. En el sur espera el desierto del Sahara con sus dunas y sus llanuras pétreas, con las montañas del Atlas y las alcazabas a sus pies formadas por palacios de tierra que el tiempo corroe. El agua baja de las cumbres nevadas del Atlas, da de beber a los pueblos de sus faldas y desaparece en las arenas del desierto. El valle del Draa arrastra un desfile de palmeras hasta Zagora, punto final en la incursión humana en el Sahara. En la costa occidental se abre el gran emporio hotelero de Agadir en torno a una inmensa playa, y los arenales abiertos y salvajes del Atlántico se prolongan hacia el sur en un recorrido para quienes buscan experiencias menos cómodas. 
Valle del Draa (Marruecos). (© E.D.Uceta)

Valle del Draa (Marruecos). (© E.D.Uceta)

El país, además de los escenarios desérticos del sur, tiene una gran variedad paisajística por encima del Atlas. El norte es abrupto, ya que predominan las montañas verdes del Rif. El centro del país está ocupado por las mesetas que se cubren de cereales en primavera, cuando parece un mar de mieses. Las playas largas y solitarias del Atlántico contrastan con el verdor de los valles de la cara norte del Atlas, donde abundan los bosques umbríos.

La belleza del territorio no supera a las de las ciudades imperiales. Rabat, Mequinez, Fez y Marraquech son o han sido capitales del reino de Marruecos, y guardan el urbanismo, la vitalidad de sus mercados y el esplendor de sus monumentos con una coherencia asombrosa. La espléndida gastronomía, con cordero, cuscús y tagines como protagonistas, completa un panorama de sensaciones absolutamente incomparable entre los países de nuestro entorno.

Mercado de especias en Tánger (Marruecos). (© E.D.Uceta)

Mercado de especias en Tánger (Marruecos). (© E.D.Uceta)

Entre los sentidos, el olfato es el que más se embriaga en Marruecos con olores del zoco, el de las especias, el de los perfumistas, los encurtidos, la menta, los tintes, carnes y ceras que arden…

En las calles de las ciudades se encuentra una marea de gente joven, la alta natalidad y la emigración del campo a las ciudades hace que la población tenga una media de edad extraordinariamente baja.

La presencia romana dejó una hermosa ciudad llamada Volubilis en el interior, cerca de Mequinez. El aceite les hizo ricos, y hoy se ven sus mosaicos, casas y la Basílica dominando una hermosa campiña.

Marruecos es una asignatura pendiente para los españoles que no lo conozcan, porque hay muchos lazos entre ambas orillas del Estrecho, a pesar de la complejidad cultural marroquí. La cultura andalusí se funde allí la con la árabe del desierto que recorre África y Oriente Medio para llegar hasta la India. Tres etnias conviven en Marruecos como en la España medieval: árabes, bereberes y judíos, con mayoría de musulmanes, pero también hay memoria de la presencia colonial española en el norte, y de conexiones culturales muy antiguas y profundas.

 

Ofertas de Hoteles en Marrakech, siempre al mejor precio