A Valencia en Fallas

Las fallas celebran la proximidad de la primavera con flores, pólvora y hogueras en las que se quema lo viejo para que nazca lo nuevo. Una fiesta para vivirla en la calle. Alegría es la palabra que mejor define a Valencia, y con las fallas llega el momento de mayor alegría del año. La capital del País Valenciano se ha convertido en una de las ciudades más hermosas del Mediterráneo, exuberante en todas sus manifestaciones, tanto en las fiestas como en su arquitectura, a la que se han incorporado edificios tan espectaculares como el Museo de la Ciencia y el Hemisferic, dos obras maestras de Santiago Calatrava.

Vivir las fallas permite llenar de sensaciones el día completo. Desde los paseos para ver las fallas, tomar arroz en la Malvarrosa, ir a los museos y a la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados.

Marzo y Valencia están unidas por las Fallas, que sirven para despedir el invierno y recibir la primavera que llega poco después. Al quemar las fallas, los valencianos se deshacen de lo viejo y se enfrentan a lo nuevo con el entusiasmo que les caracteriza. Ser valenciano y fallero es una afirmación de vitalidad en la que se trabaja todo el año, y que tiene su gran momento entre los días 15 y 19 de marzo, cuando una orgía de formas, sonidos y colores se apodera de la ciudad desde la plantá de las fallas hasta su quema durante la Nit del foc.

 

Valencia huele el perfume de las flores de la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, en la que los días 17 y 18 miles de valencianos depositan toneladas de flores ante el templo de su favorita. 

Los cuatro días de Fallas son el final de un proceso que ha durado todo el año, con la falla como excusa para un prolongado acontecimiento social. Los vecinos se agrupan en comisiones falleras y se reúnen docenas de veces para elegir tema y boceto, para dar dinero y para recogerlo con millares de actividades, para elegir falleras mayores e infantiles, hacer comidas de hermandad y organizar un sinfín de actos y fiestas con los que financiar mejores fallas en un desafío que se renueva cada año dentro de una incruenta competencia llena de ilusión.La ciudad no sólo huele a flores, también se llena de aroma de buñuelos y chocolate caliente, de horchata, y del perfume picante de la pólvora de petardos, tracas y cohetes que atruenan las calles. Para disfrutar la fiesta conviene buscar hotel céntrico y caminar en el casco antiguo entre las mejores fallas. El programa comienza con la plantá (la colocación) de las fallas, la medianoche del día 15. El día 16 se dan los premios a las mejores y se inicia la masiva peregrinación para ver el mayor número posible de ellas, entre las que no pueden faltar los premios y las más famosas: Na Jordana, Convento Jerusalén y plaza del Ayuntamiento.

El otro extremo de la fiesta es la cremá, en la que arden las fallas. A las 10 de la noche del día 19 se queman las infantiles, y a las 12 el resto de fallas en una gran fiesta de fuego, luz y sonido. Es la Nit del Foc (Noche del Fuego). A la 1:30 todos van a la plaza del Ayuntamiento para ver arder la falla común, en la madrugada del día 20. Luego se ve en el cielo de Valencia el mayor castillo de fuegos artificiales de una fiesta incomparable.

 

Las fallas es una fiesta de calle. Para vivirla hay que pasear una ciudad en la que se plantan 300 fallas, acompañadas por su correspondiente falla infantil. Cada una tiene su argumento, en el que se ironiza sobre personajes públicos, de políticos a famosos, que han sido actualidad. La realización está a cargo de artistas falleros que diseñan y construyen los ninots, levantando grupos escultóricos en los que se mezcla lo grotesco y lo estético. Se trabaja todo el año para construirlas y se ponen 4 días antes del momento en que serán quemadas.

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