El encanto de la primavera en Valencia
La primavera en Valencia tiene todos los ingredientes de la personalidad de la ciudad: la alegría, la luz y el buen clima. Recientemente, Valencia ha conseguido con su Ciudad de las Artes y las Ciencias convertirse en uno de los destinos turísticos más atractivos del Mediterráneo.
Alegría es la palabra que define a Valencia, una de las grandes ciudades del Mediterráneo, hermosa y exuberante en sus manifestaciones. Vivirla es un reto que ocupa las 24 horas del día. Todos los símbolos de Valencia son positivos, la fertilidad de sus huertos, el fuego renovador de las fallas, el rito del arroz, la luz intensa del Mediterráneo, el amor por la música, y una capacidad de trabajo que rivaliza con la intensidad de su vida nocturna.
El día es para recorrer las calles del revitalizado casco antiguo alternando monumentos y pequeños placeres como probar una horchata, sentarse en las terrazas y hacerse fotos en los rincones de esta ciudad que está entre las más bellas del Mediterráneo. La noche será para divertirse en los mismos lugares en que lo hacen los valencianos, tomar una copa en La Malvarrosa o disfrutar del ambiente de la plaza del Esparto y la calle Caballeros.
En cualquier viaje no puede faltar la Lonja de Mercaderes, uno de los edificios más bellos del gótico civil español, con el perfume de la Italia del siglo XV y la memoria de que Valencia fue puerta de entrada para el arte renaciente en pintura, en poesía y en arquitectura. En Valencia se sumaron dos culturas, la árabe y la cristiana de los comerciantes mediterráneos, pero sobre ambas dominó un vitalismo que está lleno de acentos paganos.
No hay nada más pagano que un mercado. Por eso hay que visitar el Mercado Central -frente a la Lonja- para comprobar que es uno de los edificios más asombrosos de Valencia. Una preciosa construcción modernista de hierro y cristal, cuajada de vidrieras, donde se acumulan los manjares de la huerta, las esféricas naranjas y las verduras barrocas, los amarillos limones y los pescados sacados de las aguas que, entre mar y Albufera, rodean la ciudad.

El viejo cauce del río Turia se ha convertido en el nuevo eje urbano en el que se enlazan campos de deportes, jardines, estanques, parques infantiles como el Gulliver, el Palau de la Música, en sus orillas se encuentran los mejores museos de la ciudad, el de Bellas Artes y el IVAM de arte moderno. Una colección de puentes saltan sobre el Jardín del Turia, desde los barrocos como el del Mar a los modernos como “la peineta” de Santiago Calatrava.
La Ciudad de las Artes y las Ciencias es el hito que culmina la recuperación del cauce del Turia con los edificios de Calatrava: el Hemisfèric con sus megaproyecciones, el Museu de les Ciències “Príncipe Felipe” un museo del siglo XXI vivo, ameno y participativo, y el nuevo Oceanogràfic, el mayor acuario de Europa, al que acuden miles de visitantes desde que abrió sus puertas en febrero de 2003. Sólo el complejo merecería un viaje por sí mismo.
Visita imprescindible en Valencia: el Museo de Bellas Artes. Un hermoso edificio que guarda obras como el autorretrato de Velázquez, y otras de los primitivos valencianos, El Greco, Murillo y Goya.
El tamaño de Valencia es ideal para un largo fin de semana. Podemos empezar por su casco antiguo. La catedral y sus dos plazas son el corazón de Valencia. En la de la Reina no hay que perderse el mercadillo de la mañana del domingo, que se extiende hasta la plaza Redonda, donde se amontonan pájaros, libros viejos y tejidos en torno a una fuente que preside este diminuto ruedo castizo y peatonal. Merece la pena subir los 207 escalones que llevan a lo alto del Miguelete, la torre de la Catedral desde donde se contempla a vista de pájaro el cogollo urbano plagado de cúpulas azules.

A espaldas de la catedral está la plaza de la Virgen con una curiosa fuente donde se refrescan las palomas. A la plaza dan también la basílica de Nuestra Señora de los Desamparados y el Palau de la Generalitat, otra de las joyas arquitectónicas valencianas. De allí sale la calle de los Caballeros llena de caserones antiguos con enormes puertas de madera. Por la noche, Caballeros se llena de animación. La zona universitaria es la de la avenida Blasco Ibañez. No hay barrio con más marcha la noche del viernes. Vale la pena acercarse a la playa de la Malvarrosa, el antiguo barrio de los pescadores, con sus casas de fachadas pintadas en vivos colores o cubiertas de cerámica. También están allí las lujosas mansiones de principios de siglo en las que se instalaron los ricos frente a la amplísima playa. Ahora hay un nuevo paseo marítimo que ha atraído docenas de bares de copas para mezclar alcohol y brisa marina.
No puede faltar la visita a una horchatería, dicen que las más antiguas son las de Alboraya; ni un paseo por el Jardín del Turia y por los de Monforte (son Monumento Nacional), ni la visita al Museo de Bellas Artes con un importante autorretrato de Velázquez, primitivos valencianos, El Greco, Murillo, Goya, entre otros, en un precioso edificio. Al lado se encuentran los jardines del Real, un refugio de verdor en el centro de la ciudad. Las puertas de Serranos, las torres de Quart, el Museo Nacional de Cerámica en el precioso palacio del Marqués de Dos Aguas, hay mil cosas que ver que salen a tu encuentro sin necesidad de buscarlas.












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