Lanzarote, museo de la naturaleza

La isla de Lanzarote cumple un destino excepcional. La conservación integral desarrollada por César Manrique ha mantenido su paisaje apenas modificado. Un milagro que merece ser disfrutado.

Lanzarote es una de las islas canarias más cercanas a la costa de Africa, y la proximidad del desierto se deja sentir en su paisaje, austero y desolado, de una dureza emocionante. La escasez de agua se traduce en una vegetación escasa en árboles y plantas de alto porte, en la que los cultivos artesanos consiguen una milagrosa supervivencia. Los muros con los que protegen cada una de las plantas convierten el paisaje en una obra de arte.

Fundación César Manrique. (© E.D.Uceta)

Fundación César Manrique. (© E.D.Uceta)

Tuvo que ser la sensibilidad de un artista plástico como César Manrique la que comprendiera que aquel paisaje áspero, en el que el hombre parecía instalarse con una delicadeza tan medida y armoniosa, no podía desaparecer bajo el manto unificador del desarrollo y del turismo. Con una energía formidable, César Manrique inició la tarea de concienciar a políticos y empresarios de que Lanzarote era diferente, y de que era una buena inversión mantener esa diferencia contra las presiones económicas. Lo milagroso es que consiguiera una moratoria ecológica.

Cuando César Manrique volvió a su isla en 1968, después de residir en Nueva York, no existía conciencia de lo que la ecología llegaría a ser veinte años más tarde. Su idea conservacionista estaba vinculada a la admiración por la armonía que habían logrado los habitantes de Lanzarote en todos los aspectos de su relación con la naturaleza, de los cultivos a los edificios, de la economía en el uso de recursos naturales al aprovechamiento de los mismos. La vida popular de Lanzarote era un modelo de cómo el hombre debería habitar en el planeta.

Lo más llamativo de Lanzarote son sus paisajes naturales, sus costas abruptas de rocas volcánicas en las que se abren playas casi intactas. Los terrenos volcánicos semejan el territorio de la Luna por su aridez, y los colores oscuros de las tierras forman paisajes inauditos. Pero lo más asombroso no es lo que se ve, es lo que no se ve: carteles publicitarios, tendidos eléctricos con cables a la vista, y edificios de gran altura o volumen.

Manrique no sólo consiguió la prohibición de los carteles publicitarios, promovió la conservación de la arquitectura popular y la elaboración de normas urbanísticas especiales que impidieran los trabajos de gran tamaño. Se establecieron patrones de obligado cumplimiento en cuanto a formas y colores de las nuevas construcciones, y se fijaron criterios para que los nuevos hoteles o alojamientos turísticos no se impusieran al carácter natural del paisaje de la isla. El 60% de los alojamientos turísticos se concentraron en Playa del Carmen.

Lanzarote cuenta con obras de arquitectura ecológica para disfrutar las bellezas de la isla sin alterar el paisaje diseñadas por César Manrique. Los Jameos del Agua, El Mirador del Río, el Jardín de Cactus, aprovechan túneles de lava, miradores naturales y espacios únicos, como son la mayoría de los lugares de la isla. La casa del pintor en Tahíche, dentro de burbujas volcánicas naturales, se ha convertido en Fundación que guarda su memoria.

El Parque Nacional de Timanfaya muestra los campos de lava de la erupción del s. XVIII. Las Montañas de Fuego, el restaurante el Diablo, el tour por el parque y el paseo en camello son inolvidables.

La visita de la Cueva de los Verdes recorre un tubo subterráneo de seis km. de longitud, formado por la lava, que quedó vacío al terminar la eyección. Se ve junto a las grutas de los Jameos del Agua.

El castillo de San José, en Arrecife, guarda un buen Museo de Arte Contemporáneo con obra de artistas informalistas canarios y del resto de España. César Manrique, adaptó el edificio para museo.

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