SIERRA DE GATA, PUEBLOS Y BOSQUES CON ENCANTO
En el norte de la provincia de Cáceres, la Sierra de Gata guarda bosques intactos, pueblos que parecen detenidos en el tiempo y un mundo rural de acentos idílicos, que muestra su imagen más hermosa en los días de otoño. La Sierra de Gata separa Salamanca y Cáceres y llega hasta la frontera de Portugal en uno de los rincones más encantadores de toda la Península Ibérica.
La cara sur de la sierra aparece cubierta de bosques de castaños y robles que doran sus hojas en los días de otoño, aunque permanecen hermosos todo el año, acogiendo a una rica fauna que ocupa un habitat en excelente estado de conservación. Al pie de la sierra se extienden las dehesas cruzadas por abundantes cursos de agua que se dirigen al Atlántico.
La zona resulta muy fácil de encontrar, ya que las buenas comunicaciones por carretera permiten llegar cómodamente desde Madrid o desde la Ruta de la Plata. El clima continental se ve muy moderado por la orientación al sur de sus valles y por la llegada de la humedad procedente del Atlántico cercano. Los bosques ofrecen un amplio abanico de posibilidades para pasear y observar la naturaleza, con un repertorio amplio de aves fáciles de localizar en el cielo. Abundan las piscinas naturales en los cursos de agua que bajan de la Sierra, que forman altas cascadas y numerosos regatos y remansos de gran belleza.
Hay cinco pueblos declarados Conjunto Histórico-Artístico, y casi todos constituyen una joya de arquitectura rural, donde la forma de vida en armonía con la naturaleza ha conseguido que los pueblos se hayan mantenido intactos desde hace siglos. Cada uno muestra acentos muy diferentes, desde la alta soledad de Trevejo a la urbanidad de piedra, madera y plazas porticadas de San Martín de Trevejo o de las calles floridas de Hoyos. Los cinco valles de la Sierra encarnan el ideal clásico del paisaje ameno. La calidad humana de los serragatinos se traduce en la hospitalidad y buen trato que ofrecen al viajero que llegan hasta este paraíso que no está perdido. Puede sorprender la abundancia de escudos nobiliarios en estos pueblos detenidos en el tiempo y que parecen intactos, ya que han mantenido su uso hasta nuestros días.


La Sierra de Gata guarda una colección de lugares de enorme valor. Cada pueblo es una sorpresa, y el viaje debe incluir parada y paseo por sus calles, algo de conversación con la gente del lugar y la degustación del vino de pitarra en alguna de las bodegas de las casas particulares.
En el conjunto de pueblos destaca Cilleros con sus palacios del siglo XVI, la altura de Villamiel, Trevejo, declarado Conjunto de Interés Histórico-Artístico, junto a otros cuatro pueblos serranos como San Martín de Trevejo, por cuyas calles corre el agua constantemente en finas regateras, Hoyos que fuera sede episcopal sembrada de palacios, Gata, de buenas casas populares, y Robledillo de Gata, uno de los más hermosos, empotrado en la ladera del monte, junto a un manantial, donde las casas de piedra se van encaramando abriendo miradores urbanos y jardines mediterráneos. Sus fachadas esgrafiadas atraen la atención , aunque las calles horadadas muestran pasadizos y rincones muy pintorescos.
Completan la lista de hermosos pueblos Eljas, Valverde, Acebo, Perales, Moraleja, Torre de Don Miguel, Santibáñez, Villasbuenas, Cadalso, Descargamaría, Hernán Pérez, Torrecilla y Villanueva.
Alojamientos rurales con encanto y una gastronomía auténtica adornan la belleza natural de Sierra de Gata.












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