Costas de Turquía

Turquía es uno de los lugares más valiosos del Mediterráneo para los viajeros a los que les gusta navegar. Es un destino emergente con precios muy competitivos. Turquía es un país magnífico que sorprende a quien lo conoce, todo el mundo espera algo menos espectacular de lo que encuentra realmente, y forma un colectivo humano de muy buena gente, hospitalario, generoso en lo cotidiano, del que siempre hay que destacar el trato cordial que se recibe. De Turquía son famosas su capital, Estambul, y la región de Capadocia que acoge una maravillosa colección de iglesias rupestres, pero es menos conocida en sus costas, que nunca están entre las preferencias de quienes quieren conocer Turquía.

 

Costa de Antalya. (© E.D.Uceta)

Costa de Antalya. (© E.D.Uceta)

El litoral turco no tiene nada que envidiar al de Grecia, mucho más famoso por la belleza de las islas, algunas de ellas muy cercanas a las costas turcas. El mundo clásico tuvo en esas costas turcas algunos de sus mejores escenarios. Ciudades griegas y helenísticas crecieron en la orilla mediterránea de Turquía, a lo largo de una costa bañada por aguas de color turquesa, turquesa de Turquía. Aunque el nombre no venga del color de sus aguas, al parecer viene de la piedra turquesa que se llamaba así por venderse en el país.

 

La costa es recortada, y aparece llena de calas, de grutas, de playitas secretas y calas preciosas, de puertos de pescadores y de delfines que acompañan a menudo a los barcos jugando con las olas que levantan los cascos de unas costas que visitan muchos delfines. Los simpáticos e inteligentes delfines son casi un emblema de las aguas del Mediterráneo, y podían ser también el emblema de Turquía, porque el país está rodeado en buena parte de su perímetro por varios mares, desde el Mar Negro en el norte, el Mar de Mármara saliendo hacia el Egeo y el Mediterráneo al sur.

 

Turquía es tierra de costa marina y ofrece muy buenas maneras de disfrutarlas sobre todo navegando. La llegada del verano a las costas es un acontecimiento en el que todo invita a disfrutar del placer de vivir y a precios bastante asequibles. El país no tiene malas instalaciones, porque los turcos tienen mucha relación con Alemania y tienen también mucha capacidad de trabajo, han adquirido un sentido preciso de lo que los europeos occidentales necesitan para sentirse a gusto y seguros, y lo saben hacer muy bien.

 

Navegando en la costa turca. (© E.D.Uceta)

Navegando en la costa turca. (© E.D.Uceta)

Hay diferentes maneras de disfrutar de un litoral bellísimo, llena de grutas, de restos arqueológicos, de estupendos pescados y, sobre todo, de aguas tranquilas y cómodas de recorrer, para nevegar, fondear en una cala, bañarse en el mar, atracar en un puertecito, e irse a pasear por las ciudades de la costa, algunas tan bellas que no es fácil encontrar rincones más idílicos. Se pueden alquilar veleros o barcos a motor, con patrón o sin él. O comprar un camarote en alguna de las goletas que admiten entre ocho y doce pasajeros para navegar a motor o a vela con todos los servicios a bordo.

 

Hay que navegar en Estambul, ver la ciudad desde el mar y los reflejos del sol al atardecer sobre el Mar de Mármara. Si es con un libro del premio Nobel turco Orhan Pamuk en la mano será todavía mejor. Pero también se puede volar a alguno de los puertos del sur y alquilar un barco de vela. Hay otra posibilidad bastante increíble, como es la de navegar desde el Mar del Norte hasta las costas turcas siguiendo los ríos navegables del centro de Europa, el Rin y el Danubio, para salir al Mar Negro.

 

Yo viajé hacia el sur, a lugares como Antalya, una ciudad costera con un recinto amurallado espectacular, con un puertecito estupendo lleno de restaurantes de pescado junto al sitio en el que desembarcan los barcos que recorren la costa y los veleros. En su entorno la costa es muy amena, con las montañas llegando al mar, alternando acantilados y calas estupendas, con antiguas ciudades y un espectacular teatro romano en Aspendos perfectamente conservado.

En Antalya hay un buen puerto deportivo y es un lugar recomendable para navegar hacia el oeste, con los lugares más bellos cuando salen islas cerca de la costa. Un lugar encantador es Kekova, donde se pueden ver las ruinas de una ciudad sumergida por un terremoto, y hay un pequeño rincón, un atracadero para unos pocos barcos, al pie de una aldea de pescadores donde viven unas docenas de personas al pie de un antiguo castillo, y preparan un pescado formidable, recién sacado del agua, donde te quieres quedar a vivir para siempre, suspendido en el limbo de la felicidad mediterránea.

 

Pequeño yate a motor para navegar en la costa turca. (© E.D.Uceta)

Pequeño yate a motor para navegar en la costa turca. (© E.D.Uceta)

Otro sitio maravilloso en la costa de Turquía es la ciudad de Kusadasi, que es un puertecito convertido en uno de los rincones más animados de la costa turca, con restaurantes, playas, hoteles y fondos marinos que están muy bien para el buceo, y naturalmente para ir a la antigua ciudad de Efeso, una maravilla estupendamente conservada con una biblioteca reconstruida y donde aún se conserva memoria del templo de Artemisa que era una de los siete maravillas del mundo antiguo, con edificios estupendos.

 

Toda la costa de Turquía está llena de recuerdos del tiempo de Jesús y de su familia y amigos que se movieron por el entorno de Palestina, sobre todo hacia el norte y por la costa que visitaron los discípulos. Por allí está la Basílica de San Juan y la última Casa de la Virgen María. En esta costa estuvo otra de las 7 maravillas del mundo antiguo, el Mausoleo de Halicarnaso, la tumba del rey Mausolus, en lo que hoy es el puerto de Bodrum.

 

La costa está llena de puertos deportivos. Los principales, si empezamos junto a Estambul, son Ataköy y Amiral Fahri Korutürk, y costeando hacia el sur Çanakkale, Ayvalik, Eskl Foça, Altinyunus, Kusadasi, Bodrum, Mármaris, ya en la costa de Antalya, como Fethiye, Kas, Kemer, Setur y la propia Antalya… Pero lo más bonito para los que no tienen barco propio son las modalidades de navegación posibles. Se puede alquilar un velero entre un grupo de amigos y con un capitán que dirige la navegación, con los pasajeros a sus órdenes, como tripulación, que lanzan velas o las recogen, que limpian, cocinan y disfrutan de la vida de velero, pero también puedes alquilar un yate a motor e ir navegando sin depender de un patrón.

 

También se puede viajar en flotilla de veleros, con uno que dirige y el resto encaravanados detrás. O subirse a una goleta, que es lo más cómodo, en uno de los barcos a vela y motor para sólo ocho a doce pasajeros, y hacer un crucero con todo incluido. Lo que es seguro es que las costas no defraudan, son puro Mediterráneo del de la antigüedad, incontaminado y espectacular, bellísimo, en Turquía.