KLAIPEDA: AGUA, FUEGO Y ASTILLEROS

Prusia a partir de 1422 y se convirtió al protestantismo en 1525 siguiendo a su duque Alberto. Desde entonces y hasta el siglo XX permaneció vinculada a Alemania, aunque tras la segunda guerra mundial fue anexionada por la URSS, de la que se emancipó tras el desmoronamiento del comunismo.

LA PLAZA DEL TEATRO Y LA LEYENDA DE ANIKÉ

Para conocer lo que pudo salvarse de la segunda guerra mundial y reconstruirse tras el conflicto en la ciudad antigua (Senamiestis) hay que ir a la orilla meridional del río Dané, que desagua en la laguna de Curonia. El punto central puede establecerse en la plaza donde anteriormente estuvo el mercado y que ahora ocupa el Teatro Dramático. La preside este edificio neoclásico construido en 1819, que tiene en su frontis el escudo de la ciudad y desde cuyo balcón se recuerda que habló Hitler en la visita que realizó en 1939. Seriamente dañado por la guerra, fue rehabilitado y dotado de un ala lateral de nueva construcción. Lo que es la vida: dicha ala está casi en ruinas, mientras que el viejo teatro sigue en pie.

Delante del teatro hay una fuente con la figura de una niña llamada Aniké, natural de Taravá. Parece que fue el amor platónico del escritor Simon Dach (1605-1659), que le dedicó un poema parte del cual se reproduce en la peana. La estatua, que da la espalda al balcón, parece que dio pie a un conflicto político durante la época nazi, porque se consideró un grosería que diera la espalda a Führer mientras pronunciaba sus discursos. Desaparecida durante la guerra se esculpió de nuevo siguiendo la imagen inmortalizada en desvaídas postales.

ARQUITECTURA BÁLTICA

En las calles cercanas pueden verse algunas viejas viviendas y almacenes, cuyo estilo es muy análogo a la arquitectura de los demás países bálticos. También se conserva reconstruida la antigua casa del correo que data del XVIII y el Museo Histórico de Lituania Menor (o sea, el territorio antiguamente prusiano), destruido y levantado de nuevo tras la guerra gracias también a la ayuda de las postales.

La ciudad vieja depara algunas sorpresas al paseante, como el patio de los artesanos o el Museo de la Forja, una iniciativa privada que empezó cuando su propietario se dedicó a recoger los símbolos religiosos que los soviéticos erradicaban de los cementerios y lugares públicos. El desinterés de los comunistas por todo lo que tuviera connotaciones cristianas se pone de relieve en un amplio espacio ajardinado sobre él cual estuvo la iglesia de San Juan, con una torre de 74 metros, cuya ruinas no merecieron la atención de los antiguos mandatarios.

Junto a este espacio se levanta una pequeña colina, llamada también de San Juan que rinde sobre el foso donde estuvieron las antiguas defensas de la ciudad. Este espacio se dedica ahora a la celebración de eventos y festivales.

El periplo por el casco antiguo finaliza junto a la orilla del río Dané, en cuyo muelle interior se encuentra atracado el velero Meridianas. Lo regaló el gobierno finlandés en 1948 y sirvió como escuela de marina, aunque ahora ha sido reconvertido como restaurante.

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