Malta, todo el año
En nuestro mundo no hay ya distancias geográficas: hay facilidades o dificultades para viajar. Y aunque parezca mentira, existen destinos turísticos muy cercanos que resultan poco menos que inaccesibles por carencia de una línea de transporte regular. Tal era el caso de lo que nos ocurría a los españoles con Malta. Y hablamos en pasado porque, afortunadamente, ahora es fácil acceder a ese pequeño país insular desde España.
Algunos se preguntarán ¿para qué ir a Malta? Digamos que se trata de un país pequeño, de tan sólo 316 kms2 de superficie, lo que lo hace perfectamente aprehensible en un viaje corto. Diríamos que lo más sobresaliente no es tanto su paisaje, seco y agreste por la cercanía del continente africano, cuanto su extraordinario patrimonio arquitectónico y artístico: porque en Malta hay desde tiempos megalíticos más antiguos que las pirámides de Egipto a la inmensa y omnipresente huella de los caballeros de la Orden de San Juan.
A destacar, en la isla mayor, la bellísma ciudad de Medina, que fue su primera capital y está situada en el corazón de la isla; La Valetta, su capital actual, diseñada en forma de parrilla, con la concatedral, el palacio del gran maestre, el fuerte de San Elmo y el albergue de Castilla -sede del gobierno maltés-; y las ciudades aledañas de Vittoriosa, Senglea y Cospicua, agrupadas bajo la común denominación de “La Cotonera”, porque fueron construidas siendo los hermanos Cotoner, de origen español, grandes maestres de la orden hospitalaria.
Añádanse las localidades de Sliema y San Julián y muchos pueblecitos de pescadores.
El viajero deberá tomar luego el barco para ir a la isla vecina de Gozo, que pertenece al mismo estado, en la que sobresale la antigua ciudadela amurallada de Rabat o Victoria, los templos megalíticos de Ggantija, la legendaria gruta de Ulises, el mar interior de Dwerja, cerca del cual se encuentra la roca donde su cultivaba el milagroso “fungus gaulitanus”, la basílica de Ta Pinu donde se dice que se le apareció la Virgen a una campesina y la curiosa iglesia de San Juan, en Xewikja, con la mayor cúpula de Europa construída sin apoyos.
Y todavía queda una tercera isla, la de Comino, deshabitada y puramente vacacional, dominada por el fuerte construído en el siglo XVII y con una bonita Laguna Azul.
En Malta se practican todo tipo de deportes acuáticos y hay actividades deportivas y culturales a lo largo de todo el año. El conejo es el plato típico nacional y también hay buen queso de Gozo, natural y a la pimienta, vinos mediterráneos y cerveza. Y aunque el idioma materno de los malteses es una lengua de sonoridad árabe y grafía latina, todos se expresan en un correctísimo inglés, lo que hace que sea un país muy adecuado para el aprendizaje de este idioma.












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