Linz, capital de Alta Austria y Capital Cultural Europea 2009
Linz es la capital de la Alta Austria y aunque ha jugado casi siempre un papel secundario, sobresalió en tres ocasiones. La primera, en 1490, cuando estableció en ella su corte el emperador Federico III. La segunda, a partir de 1938, cuando Adolfo Hitler, que había nacido en un pueblito cercano y realizado en esta capital de provincia sus estudios primarios, quiso convertirla en importante centro industrial y cultural. Y la tercera en 2009 con ocasión de ejercer, junto a la capital lituana, Vilna, la capitalidad cultural europea.
El elemento determinante de su paisaje urbano es el cauce del Danubio, que recibe las aguas del Trams y fue seguramente el origen de su primer asentamiento humano, al ser elegido el lugar por los romanos fijaron para crear un enclave comercial con el nombre de Lentia. En la actualidad es, con sus algo más de 200.000 habitantes, una ciudad de tamaño muy humano cuyo núcleo urbano puede ser recorrido a pies sin dificultad alguna. El eje central lo constituye, como siempre, la Landstrasse que va desde la estación del ferrocarril al río y atraviesa el Danubio en dirección a la orilla septentrional donde está el barrio de Urfahr al pie de la colina de Pöstlingerberg.
La Landstrasase es la vía comercial por excelencia y tiene carácter peatonal. A su derecha y en dirección al río se alinean las iglesias de los Carmelitas y de las Ursulinas. Antes de llegar al cauce fluvial rinde sobre la Hauptplatz, un amplio espacio presidido por la famosa columna de la Trinidad elevada por Carlos IV para agradecer a la Providencia que hubiera liberado a la ciudad de las tres peores plagas: la guerra, el fuego y la peste.
La plaza ha sido siempre epicentro de la vida ciudadana pues no es balde en ella sigue celebrándose el mercado y presentan su fachada edificios principales, de acusado estilo barroco. El más importante de todos el ayuntamiento viejo, con un curioso reloj lunar y un pequeño balcón al que se asomaron tres personalidades relevantes de distinto pelaje: Hitler, el astronauta ruso Yuri Gagarin y el papa polaco Juan Pablo II.
Otro de los edificios magnificentes de esta misma plaza es la iglesia de los jesuitas, considerada como la catedral vieja y construida en el siglo XVII como reafirmación católica en una ciudad como ésta inserta en una región de amplia mayoría protestante, en cuyo órgano fue maestro titular Bruckner.
Un callejón lateral situado cabe el ayuntamiento, lleva a la casa en la que vivió Kepler y a la plaza en la que está situada la Stadtpfarrkirche o iglesia parroquial de la ciudad, que data del siglo XIII pero, destruida por un incendio, fue rehabilitada en estilo barroco.
Al otro lado de la plaza la Klosterstrasse conduce al antiguo monasterio de frailes menores, cuya iglesia rococó conserva sus funciones propias pero cuyo cenobio se utiliza ahora como Landshaus o sede del gobierno provincial. Del viejo monasterio destaca la airosa torre con reloj, visible desde muchos puntos de la ciudad. Cerca está la casa en la que Mozart compuso en 1738 su sinfonía de Linz.
La Herrenstrasse o calle de los Señores comunica con el palacio episcopal y la catedral nueva que se enorgullece de ser la iglesia más grande todo el país, con capacidad para 20.000 fieles y su torre de 134 metros se yergue altiva con 395 escalones.
Una calle empinada invita a subir desde la Landshaus hasta la colina en cuya cima Federico III construyó el castillo de la ciudad sobre los cimientos de una fortaleza medieval. Y, en fin, desde esta colina ajardinada, en la que hay un pequeño templete con la estatua de Kepler, se divisa una extraordinaria vista sobre el cauce danubiano y la colina situada en la orilla septentrional en cuya cima hay una iglesia barroca con dos torres gemelas que es punto de destino de peregrinos devotos. Los que quieren ahorrase la subida pueden utilizar un tren eléctrico tendido en 1898 que fue el de pendiente más acusada de Austria: asciende 255 metros en algo menos de tres kilómetros de recorrido.
La capital cultural continental es hoy es una ciudad hermosa y acogedora junto al Danubio que si en el pasado fue el eje de su ruta comercial hoy es signo de europeidad.












La única ciudad importante de Autria que no pude visitar en mi viaje, y me quedé con ganas. No tan conocida como Viena, Salzburgo, Innsbruck, Graz, pero seguro que también merece la pena.