Vilna, Capital Europea de la Cultura en 2009

Hay países cuyas capitales han tenido un protagonismo indiscutible en el devenir histórico y han adquirido, por tanto, carácter emblemático, como es el caso de Vilna, cuyo origen está vinculado a la existencia misma de Lituania.   

Situada en el extremo sueste del país, a unos 300 kilómetros de la costa del mar Báltico, muy cerca de la frontera con Bielorrusia, tiene 600.000 habitantes y produce el 35 % de la renta nacional. Enteramente restaurada en tan sólo dos décadas de recuperada independencia, es elegante, con intensa vida social y cultural. Su europeidad no es una pretensión vana, sino que se asienta en una palpable realidad física: se encuentra a 26 kilómetros del centro geográfico continental.

El centro histórico se extiende a los pies de la colina donde estuvo la fortaleza que dio lugar al nacimiento de la ciudad. De aquel recinto no queda más que una torre octogonal, llamada de Gediminas, que conserva tres de los cuatro niveles que tuvo en su origen. Se puede acceder a la cumbre por dos caminos: o bien utilizando la escalera que asciende desde la catedral, o bien un funicular que salva la distancia en un par de minutos y ahorra el esfuerzo físico.

Al pie de la colina y frente a una gran plaza, el templo catedralicio recuperado en 1989 se asienta sobre el mismo solar donde hubo otro pagano en la alta edad media. Lo cierto es que su aspecto neoclásico le da un cierto aire paganizante, con columnas dóricas y un interior de tres naves. El campanario exento tiene forma circular y es uno de los iconos más representativos de la ciudad.

Desde la plaza de la catedral hay tres posibilidades. La primera, seguir el paseo arbolado que lleva hasta el cauce del río. La segunda, tomar por la calle Gedimino, una de las principales vías urbanas del centro de la ciudad, ancha y elegante, a uno y otro lado de la cual se alinean tiendas, edificios de oficinas y dependencias gubernamentales, como el parlamento y el espléndido y majestuoso edificio construido a principios del siglo XX por el imperio ruso como palacio de Justicia. Justo delante de su fachada y en la acera contraria la avenida se interrumpe para dar paso a un amplio espacio ajardinado.

PASEO POR LA CIUDAD ANTIGUA

La tercera ruta desde la plaza de la Catedral atraviesa la ciudad antigua y constituye un paseo delicioso que rinde sobre la puerta del alba, una de las puertas de la ciudad antigua que todavía se conserva en pie. En esta zona se concentra la mayor parte de iglesias y edificios monumentales: así la venerable universidad creada en el siglo XVI y que fue el sancta sanctorum del fermento nacional. Entre los templos, los de San Juan, San Miguel, con el aledaño monasterio benedictino, Santa Ana con el monasterio de las Bernardas, San Casimiro y cabe la puerta del Alba y adosado al antiguo muro de la ciudad, el convento de Santa Teresa con la capilla donde se venera la imagen de la Virgen Blanca; las iglesias ortodoxas de San Nicolás y del Espíritu Santo. No muy lejos hay aún más templos: San Nicolás, de Todos los Santos, con el monasterio carmelita, Santa Catalina con el monasterio benedictino y del Espíritu Santo, con el monasterio dominico, así como la sinagoga judía.

LOS PARQUES DE VILNA

La trama urbana de Vilna está esponjada por numerosos espacios arbolados. Al pie de la colina del antiguo castillo de Gedimino discurre el rio que ha dado nombre a la ciudad y en su otra orilla se exiende uno de los parques urbanos más emblemáticos. Se llama de parque Kalnu y se extiende sobre 30 hectáreas, en parte asilvestradas. Una de las elevaciones de su interior es la Colina de las tres Cruces. 

El más céntrico de todos es el parque Sereikisiu, antiguo jardín benedictino que fue luego jardín botánico de la universidad, pero los más extensos son los parques Pasaku y Draugystes y Vingis. Y, en fin, en zona más alejada y en el distrito de Karolisnkiu se levanta la torre de la televisión que con sus 336’5 metros se dice la segunda más alta del mundo.

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