Estonia, las islas de la guerra fría
Si para ir del continente a Muhu es necesario usar el ferry, para pasar de esta isla a la de Saaremaa no es necesario apearse del propio vehículo. La carretera extendida sobre un dique construido hace cien años permite el paso sin ninguna dificultad. Saaremaa es la mayor de las islas de Estonia y ocupa 2.900 kms². El paisaje es variado, aunque en buena parte de su superficie boscoso, lo que da lugar a un suelo fértil que permite la germinación en otoño de hasta 3.000 especies micológicas. Y aunque en estas latitudes los fríos invernales son de aúpa, cuando llega la primavera nacen las flores, entre ellas 34 de las 39 especies de orquídeas que se dan en Estonia. Y, en fin, la isla constituye una plataforma utilísima para las migraciones de aves, calculándose que en otoño pasan por ella más de millón y medio de ellas.
La orografía es suave, con excepción de algunos puntos como en la zona de Cliff, donde hay un acantilado de 21.3 metros sobre el mar, desde el que se dice que, cuando hay buena visibilidad, es posible divisar la más septentrional isla de Hiiumaa.
Una ciudad con tres nombres
Si preguntamos por la capital de Saaremaa nos dirán que es la ciudad de Kuressaare y es verdad. Lo que ocurre es que el conjunto urbano que hoy se conoce con este nombre tuvo otras denominaciones anteriores. De hecho fue fundada como Arensburg tras la batalla habida en 1277 entre los caballeros teutónicos alemanes y los lugareños, cuando la isla quedó bajo la autoridad del obispo de Riga. La fortaleza de forma cuadrangular es una excelente muestra del gótico civil. Permaneció en poder episcopal hasta que en 1559 y tras la guerra livonia el prelado diocesano decidió vender a Federico II de Dinamarca sus posesiones en Saarema y se inició la etapa danesa en la que Arensburg recibió el título de ciudad (1563). Con la paz de Brómsebro en 1645 pasó a poder de los suecos y la reina entregó la fortaleza a su favorito, el conde Magnus Gabriel de la Gardie.
Tras el abandono de las tropas suecas de la fortaleza el 1710 la ciudad quedó bajo la autoridad de los zares. A Arensburg todavía le quedarían momentos malos por vivir y éstos llegaron con ocasión de la ocupación soviética, que lo primer que hizo fue rebautizarla como Kingissepa, nombre de un personaje comunista que mantuvo hasta la recuperación de su denominación estonia de Kuressaare el 23 de junio de 1988.
El centro urbano de Kuressaare
La aglomeración urbana que fue creciendo a la sombra del castillo episcopal fue poco a poco sirviendo como punto adecuado para la celebración de un mercado, al que los campesinos acudían a vender su producción y a pesar del paso de los años no ha perdido esta condición porque los puestos callejeros siguen ocupando su lugar en el mismo centro urbano.
Todo ello no altera el aspecto tranquilo y recoleto, porque se trata de una población que no excede en mucho los 15.000 habitantes en la que la vida discurre en torno al eje formado por sus dos calles principales, Losii y Fattinna, unidas por la playa Mayor. En un área no mayor de trescientos metros a la redonda de este punto se encuentran el ayuntamiento, construido entre 1654 y 1670 por el noble sueco Gabriel de la Gardie, la Weighing House, de 1663, de estilo barroco, único edificio de su tipo en todo el país, el antiguo cuartel de los bomberos, erigido en 1870, reformado en 1911 y dotado de un campanario de madera, la iglesia luterana de San Lorenzo, que data de 1836 y que luce todavía las vidrieras diseñadas por Urmo Raus y la iglesia ortodoxa de San Nicolás, del XVIII.
La calle Losii lleva al paseante hasta el parque municipal que fundó el alcalde Hugo van Borg en 1860 sobre un espacio de casi 18 hectáreas donde estuvo el antiguo cementerio. Y desde allí y a través de un puente se accede al edificio más representativo de la ciudad, el castillo episcopal que ya hemos citado, que ha sufrido numerosas reformas y adiciones y se ha rehabilitado como sede del museo de historia regional y punto de celebración de grandes festivales.
El viejo mercado rural que fue Kuressaare fue capaz de buscar nuevas fuentes de riqueza en el siglo XIX. Supo unirse entonces al interés despertado por las instalaciones balnearias y ha continuado explotando dichas posibilidades hasta nuestros días. A tal efecto dispone de cuatro establecimientos que ofrecen un amplio abanico de tratamientos y terapias de salud y belleza que atraen a turistas del resto de países bálticos y aún de Alemania y otros puntos de Europa.












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