Túnez en su costa oriental: Sousse y Port el Kantaoui
Túnez se ha convertido en la experiencia más suave y grata del norte de África. Próxima en el espacio, supone un salto de cultura sin estridencias, ya que combina las claves de una comunidad mayoritariamente musulmana con los perfiles de una sociedad moderna, próxima a Italia y con una importante apertura hacia el turismo europea.
Tunicia está llena de paisajes contrastados y experiencias que se pueden convertir en aventuras, como la del desierto en el Gran Sur, pero también cuenta con una importante presencia de patrimonio romano en el norte y con oasis espectaculares. Pero es en las costas orientales que dan sobre el Golfo de Libia donde se encuentran sus playas más tranquilas y preparadas para recibir a los viajeros. Entre ellas, las de Sousse y Port el Kantaui son las que cuentan con mejores instalaciones para unas vacaciones organizadas.
Aunque muchos creen que el verano no es el mejor momento para ir a Túnez, porque hace demasiado calor, esto sólo es cierto en el gran desierto, en el sur, donde el sol abrasa, pero nada mejor que coger un mapa para comprobar que la capital, Túnez, está en el mismo paralelo que Málaga, y con un clima muy similar. Lo mismo sucede con la costa este del golfo de Hammamet, donde han crecido los hoteles como setas tras la lluvia, y ahora es una zona turística basada en el excelente clima que tiene en invierno y en verano. Hammamet es una palabra árabe que significa los baños, y ahora todo el golfo es zona turística, especialmente de Port el Kantaoui a Sousse.
La costa oriental se asoma al Mediterráneo desde Cap Bon al golfo de Gabés y, entre olivares, naranjales, viñedos y limoneros se puede ir hasta Hammamet, la más norteña de las principales zonas turísticas. Desde los miradores de su fortaleza, un mar de tejados encalados y cúpulas azules se recorta contra el agua verde y el cielo añil, bañados en una fuerte luz blanca genuinamente africana. Son las playas tunecinas que miran al sol naciente.
La costa de los olivos lleva hasta las ciudades de Sousse y Monastir, llenas de hoteles, discotecas, restaurantes y de lo que conocemos como comodidades occidentales. Port el Kantaui es el no va más del lujo occidental: puerto deportivo, ambiente elegante y buenos restaurantes. Un hermano menor de Puerto Banús en África.
Sousse tiene un ribat (santuario fortificado) impresionante, desde cuyas murallas y torre se contempla la ciudad a vista de pájaro. La Gran Mezquita del siglo IX y la medina son sus joyas, junto a unas largas playas de arena que han traído la riqueza del turismo.
Sousse es el nombre emblemático de Túnez cuando se piensa en vacaciones. La bella ciudad de la costa de Túnez combina el pasado y el presente, y se ha convertido en uno de los mejores lugares para fijar una estancia en el país norteafricano, sin renunciar a hacer excursiones para descubrir la mayor parte de las maravillas que atesora: de la experiencia del desierto a la memoria de las ciudades romanas, pasando por los oasis y el Túnez marinero.
Sousse tiene todo el tipismo del urbanismo medieval musulmán, de calles estrechas y sombreadas en la medina, que hay que visitar abandonando la comodidad de los hoteles. Esa visita de Sousse debe empezar recorriendo la medina, la ciudad histórica, donde se ha remansado durante siglos la vida tradicional. La Gran Mezquita no es muy antigua, de mediados del siglo XIX, pero merece una visita. Y también los mercados, los souk, escaparates de la artesanía que sigue siendo el mejor emblema de esa vida tradicional. La variedad de objetos y la calidad hace divertidas las compras, aunque sea imprescindible regatear para conseguir un precio conveniente.
Y la mejor vista sobre la medina y el puerto es la que se tiene desde lo alto de la torre Khalaf al Fata, a la que se llega subiendo una escalera de caracol de más de treinta metros de altura. La paleta de colores incluye especialmente los blancos y los azules, las casas cúbicas de pautan con las cúpulas y torres de las mezquitas, y sobre todas destaca la fortaleza del Ribat, del siglo VIII, que levantaron los almorávides sobre ruinas bizantinas. Hoy es un escenario cultural.
No hay que olvidarse de ir hasta el Museo de Sousse donde destacan entre el resto de las piezas los numerosos y valiosos mosaicos romanos que se han desenterrado de las catacumbas que ocuparon los cristianos y que todavía se pueden visitar. El mercado dominical llamado Souk El Ahad, fuera del casco urbano de Sousse, reúne tipismo, animación, buenas fotos y compras en un auténtico mercado agrícola y ganadero de los campesinos de la zona.
Los hoteles de playa de Sousse se encuentran al norte de la ciudad, a unos seis kilómetros, agrupados frente a la playa. Forman el conjunto de El Kantaoui, alrededor de un gran puerto deportivo cuajado de restaurantes y locales de ocio para los turistas alojados en los hoteles-jardín y para los tripulantes de cientos de yates y veleros atracados en sus muelles. La proximidad de Italia y la belleza de la costa tunecina atraen a navegantes del norte.
Sousse y Port El Kantaoui se encuentran rodeados de lugares de interés, como la ciudad de Monastir al sur, patria chica del dirigente Habib Bourguiba que fomentó el mantenimiento del patrimonio de lugares como el Ribat, la gran fortaleza de la parte alta de la ciudad (con espectáculo de luz y sonido), y el desarrollo urbano del barrio de Chraga restaurado y convertido en centro de animación urbana. Sousse es imprescindible en cualquier viaje a Túnez.
Tunicia es tierra de buenos vinos, y la presencia de los franceses durante mucho tiempo en el territorio dejó una cultura del vino de gran calidad. Aunque los musulmanes no consumen bebidas alcohólicas, en Tunicia se crían vinos excelentes, como el suave caldo de Kelibia. Los locales dedicados al turismo expenden bebidas alcohólicas por lo que no es difícil encontrar cerveza fría y vinos para los visitantes. La gastronomía, por su parte, responde al más puro Mediterráneo, con sabrosos pescados frescos y un suculento atún de almadraba en temporada, por lo que Túnez ofrece verdaderos placeres gastronómicos.
Es un país espléndido para las compras de alfombras orientales, objetos de artesanía popular, perfumes que imitan a la perfección a las grandes marcas occidentales, manufacturas de cuero en complementos, telas, bordados, cerámica, joyería y bisutería de calidad, y los típicos trabajos de cobre. Si se busca la mejor calidad y acabados son recomendables las tiendas de la ONAT, la Oficina Nacional de Artesanía, que cuenta con tiendas en todo el país y en las zonas turísticas.
Desde Sousse se puede descubrir, en distancias cortas, los elementos más importantes de la cultura tunecina. La joya de la presencia romana en Túnez es el enorme anfiteatro de El Jem, algo menor que el Coliseo de Roma, situado en una población a 63 kilómetros de Sousse. Monastir se encuentra a 24 kilómetros al sur de Sousse, con su fortaleza o Ribat y la animación de una gran ciudad costera con bastante turismo. Kairuan, conocida como la Puerta del Desierto es una de las ciudades más interesantes de Túnez, con una mezquita hermana de la de Córdoba, y está sólo a 67 kilómetros de Sousse. En Sidi Bou Ali y los pueblos de Akouda, se encuentran restos de construcciones romanas. El pueblo costero de Hergla cuenta con edificios medievales al borde de un acantilado. La distancia a la capital, Túnez, es de 140 kilómetros, por lo que no hay que descartar una excursión hasta la capital aunque sólo fuera para ver el museo del Bardo con sus mosaicos romanos y el pueblecito vecino de Sidi Bou Said con sus encantadores rincones.

















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