Vida rural en Saarema
Durante casi medio siglo y como consecuencia de la ocupación soviética las islas estonias del Báltico permanecieron completamente aisladas del mundo exterior. Este fue el caso de la mayor de todas las de Estonia, Saaremaa. Pero no hay mal que por bien no venga y ese forzado aislamiento le ha permitido conservar algunos elementos esenciales de su pasado. Por ejemplo, los que explican cuáles eran los medios de supervivencia de sus habitantes. Hemos hablado de la actividad pesquera y marinera, que estaba reservada a los hombres. Mientras éstos se hacían a la mar en las heladas aguas del Báltico, sus mujeres se quedaban en tierra al cuidado de la casa, de los hijos… y de los campos. Fueron ellas las responsables de las faenas agrícolas, que compatibilizaron con las obligaciones familiares.
De aquella economía agraria quedan como testimonio algunos molinos de viento. Uno de ellos en la misma capital, de estilo danés, construido en 1899 y que permaneció en servicio hasta la segunda guerra mundial. Su silueta se alza en medio de la trama urbana de Kuressaare, aunque ha variado su función y ahora es el elemento de atracción de la taberna que existe a sus pies.
Más importante es el pueblo de Angla, donde llegó a haber 15 molinos de viento, de los que aún quedan cinco. Los hay de estilo holandés, construidos en piedra y otros de madera.
Una visita inesperada del espacio
Hoy sabemos con casi absoluta certeza que la gran hecatombe que acabó con la vida de los dinosaurios hace sesenta millones de años fue la consecuencia del impacto de un gran meteorito. Pero desde entonces han seguido llegando cuerpos siderales, bien que mucho menores, que sin embargo han dejado constancia de su violento aterrizaje. Tal es el caso de los cráteres de Kaali, que se encuentran en Saaremmaa, a unos 18 kilómetros de la capital, la ciudad de Kuressaare.
El lugar ha sido desde épocas remotas fuente de toda suerte de leyendas y ha dado pábulo a muchas teorías sobre su origen. En efecto, los primeros investigadores pensaron que era una depresión volcánica o una sima de origen kárstico formada por la disolución de la caliza o el yeso. Fue J. Kalkun-Kaljuvee quien propuso en 1922 el origen meteorítico de esta depresión lacustre. En 1937 Ivan Reinvald recogió 30 fragmentos de hierro procedente de los cráteres y el análisis de los fragmentos demostró que el meteorito que cayó aquí pertenecía al tipo más frecuente de octahedrita.
Ago Aaloe estudió la morfología de los cráteres entre 1955 y 1980 y estableció su estructura geológica y la distribución de la materia dispersa por el impacto. De este modo se llegó la conclusión que el meteorito cayó desde la dirección este-nordeste con un ángulo de 45 grados y pudo pesar entre 400 y 10.000 toneladas con una velocidad de entrada en la atmósfera de entre 15 y 45 kilómetros por segundo. Al entrar en la atmósfera se fragmentó en piezas de cinco a diez kilos y su impacto sobre la superficie fue a una velocidad de entre 10 y 20 kilómetros por segundo liberando una energía que se estima análoga a la que liberó la bomba atómica de Hiroshima.
Habida cuenta de que no se han encontrado sedimentos marinos todo hace pensar que el impacto se produjo, desde luego, tras la emergencia del mar de esta zona, por lo que se calcula que pudo producirse hace 7.500 o 7.600 años.
Diez cráteres y un museo
En total hay diez cráteres, de los que el principal, que es el que se visita, tiene 110 metros de diámetros y una profundidad de 22 metros, de los que los seis más profundos son sedimentos de 4.000 años de antigüedad. El resto de los cráteres tiene entre 10 y 40 metros de diámetro y de uno a cuatro de profundidad y todos ellos forman pequeños espejos de agua de origen pluvial.
Al regreso a la zona museística y al otro lado de la plaza central ha sido rehabilitada una casa con la arquitectura tradicional propia de las viviendas campesinas de la isla de Saaremaa y en cuyo interior funciona un restaurante en el que se sirven las especialidades culinarias insulares.
El lago de Kaali es un libro abierto de la historia geológica de nuestro planeta y también un agradable lugar de esparcimiento de visita inexcusable para todos los que recorran la superficie de la mayor de las 1.500 islas de Estonia.












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