Calle Laurel, en Logroño, Rioja condensada

La Rioja merece una escapada en cualquier momento del año. Los buenos vinos y la tradición de acogida son una gran tentación, pero la belleza de los paisajes y la calidad del patrimonio arquitectónico servirán para completar un viaje lleno de interés, tanto si dura dos días como dos semanas. Proponemos una escapada de fin de semana a Logroño, la capital riojana, con especial atención a la zona de la calle Laurel, la más animada de la ciudad todas las tardes del año. 

La Rioja, un valle espectacular. (© E.D.Uceta)

La Rioja, un valle espectacular. (© E.D.Uceta)

La Rioja, tierra de paso del Camino de Santiago, de vinos extraordinarios en torno a las orillas del Ebro, de huertas magníficas y de monasterios medievales que se mantienen casi intactos, es tierra de acogida. No podía ser de otra manera, ya que la generosidad de la tierra hace gentes generosas, y la tradición de recibir peregrinos desde hace muchos siglos se ha convertido en un hábito de hospitalidad que se percibe por todas partes.

La capital del territorio riojano se encuentra en Logroño, una ciudad a orillas del Ebro que está en pleno cambio y expansión, transformándose en un emblema de la calidad de vida que ha alcanzado La Rioja. Tiene sus monumentos, pero no abruma con un largo catálogo monumental, por eso es ideal para utilizar sus buenos hoteles, su posición central dentro del territorio de la comunidad autónoma, para ir descubriendo los hermosos rincones provinciales, pero también para disfrutar de la ciudad a la caída de la tarde y por la noche, cuando apetece catar los buenos caldos y la buena gastronomía, y volver al hotel paseando, sin necesidad de conducir el coche. Y para esto nada mejor que ir a la zona Laurel.

Blanco y Negro, en la Calle Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

Blanco y Negro, en la Calle Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

Durante el día hay bastante que ver en Logroño, a pesar de que su casco histórico no sea especialmente antiguo, y tuviera sus momentos de esplendor en el siglo XVI, con buenos edificios incluso del XVIII. De la muralla primitiva sólo se conserva el Arco del Revellín, el resto del mejor patrimonio visitable son las iglesias, dos de ellas declaradas Monumento Nacional, la de San Bartolomé, que combina elementos románicos y góticos; y la de Santa María de Palacio, con las mismas características en su torre y en su claustro gótico. Posterior es el templo de Santiago, ya del XVI, y el principal monumento sigue siendo la Catedral de Santa María la Redonda, que se levantó desde el siglo XV hasta el XVIII, con su característica y fría fachada barroca de dos torres gemelas a los pies, dando a la plaza del Mercado.

En la propia ciudad de Logroño se puede hacer turismo enológico, visitando las bodegas que tienen sede en la ciudad, la de Juan Alcorta, la de Ontañón y la de Olarra. Lástima que el Museo de La Rioja en el palacio de Espartero esté cerrado por ampliación y no se pueda visitar.

Cerca de la plaza del Mercado y de la catedral, las calles asoportaladas a un lado y las estrechas callejas del centro al otro invitan a pasear y a descubrir muy buenas tiendas gastronómicas para llevarse a casa los estupendos productos de la tierra, con una recomendable visita a la Plaza de Abastos, en pleno centro, con muy buenos productos locales.

Calle Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

Calle Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

Al final del día, la mayor parte de la gente que se echa a la calle en Logroño pasa por la calle Laurel, donde los bares de tapas y restaurantes están puerta con puerta, en número superior a cincuenta, formando la más densa concentración de especialidades gastronómicas y de animación de toda la ciudad, de la comunidad autónoma y de varias más. Nadie puede pasar por Logroño y dejar de visitar la Zona de Laurel que incluye también la calle de San Juan y las vecinas. Allí es donde mejor se manifiesta el carácter vitalista, amable, convivencial y dialogante de los riojanos. Los locales y las barras se llenan y se forman grupos delante de los locales tomando cañas, vino y picando en plena calle.

Cada local tiene numerosas tapas y raciones de calidad, pero entre ellas, cada uno tiene sus propias especialidades que son las que buscan los que hacen la ruta por la calle Laurel. Nadie va allí a un solo local. Lo normal es moverse de unos a otros pidiendo en cada uno un vino y un pincho o dos. Es el lugar de encuentro en el que reunirse con los amigos sin necesidad de quedar con nadie, en el movimiento de la calle te encuentras siempre con los conocidos, y allí comparten barra los políticos, los empresarios, los trabajadores, la gente joven los que van de paso por la ciudad.

La calle Laurel era conocida hace décadas como “La senda de los elefantes”, porque de allí salían muchas trompas, era el barrio de los bares, pero la zona ha evolucionado de manera impresionante, y ahora los empresarios se han asociado para darse a conocer de manera conjunta, para que se sepa que el nivel enológico y gastronómico es muy alto, con un elevado índice de creatividad y de calidad en productos y preparaciones. La relación calidad-precio es impresionante y siempre es recomendable pedir el Rioja de la Casa que suele tener un nivel más que aceptable. Si se pide un vino sirven uno de cosechero, si se quiere un crianza hay que pedirlo por su nombre.

Local de pinchos en Zona Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

Local de pinchos en Zona Laurel, Logroño. (© E.D.Uceta)

En la misma calle se encuentra uno de los restaurantes de mayor solera y calidad de Logroño, el mítico Cachetero, que lleva muchos años preparando especialidades riojanas, las Verduras de temporada, el Bacalao ajoarriero, y la Patitas de cordero son estupendas. Para cenar de pie y en movimiento hay que procurar entrar en Soriano para probar sus champiñones, degustar los bocatitas de anchoas de Blanco y Negro, los calamares de Diagonal, ir a Simpatía… Hay locales de vanguardia como La Gota de Vino o Lorenzo, famoso por su Tío Agus, que marca la tendencia a encontrar más pinchos “de autor”, más sofisticados, con toques modernos, como los Rotos, Cojonudo, o Matrimonio. Son muchos los locales y nadie puede recorrerlos todos ni en uno ni en dos fines de semana. La Oficina de Turismo ha editado una guía de los locales de pinchos de la Calle Laurel y ahora incluso se puede comprar un bono pinchos en la Oficina de Turismo para no tener que pagar, sólo ir entregando los bonos prepagados a precios muy favorables y disfrutar la experiencia de la Zona Laurel. Todo el carácter riojano concentrado en un par de encantadoras callecitas de la capital.

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