Viaja, pero más barato: D.I.Y.

Ciudadanos del Mundo como vosotros y afectados por las circunstancias como casi todos (bancos aparte), nuestro último periplo viajero nos ha exigido ese “D.I.Y.” (Do It Yourself) que nos ha permitido viajar mucho por mucho menos de lo que nos habría costado. Eso sí: no hace falta tirarse casi treinta días para hacer un viaje “D.I.Y.”, pero sí algo de presupuesto. Nuestros últimos dos grandes viajes de este tipo han sido, el primero en coche y el segundo a base de aviones. En ambos, el D.I.Y. nos ha ahorrado un dineral. El primero nos llevó hasta Polonia, pero pasando antes por Francia, Suiza, Liechtenstein (Vaduz), Austria y Eslovaquia, mientras que a la vuelta aprovechamos la proximidad geográfica para visitar Hungría e Italia, para volver después a España. La clave fue la improvisación: un coche cómodo nos permitía viajar sin miedo a encontrar hotel alguna noche, como de hecho nos ocurrió: viajar barato no puede ser exigente en las comodidades. Como compensación, cada noche que no encontrábamos un hotel para pasar la noche –lo que ocurriría apenas en tres o cuatro ocasiones de casi treinta noches de viaje- incrementaba nuestro presupuesto por lo no gastado, lo que redundaba en más que hacer, mejores comidas o algún recuerdo extra. En cuanto a la “improvisación”, los idiomas ayudan: si al menos habláis Inglés o Francés, tendréis mucho adelantado: por ejemplo, en Suiza dormimos el primer día en Interlaken, en una pensión que encontramos barata y cutre, pero que nos permitió descansar en todo el centro y con aparcamiento gratis. Al día siguiente, encontramos otra mejor paseando y fijándonos simplemente desde el coche. El resto del viaje ahorramos mucho buscando en cada sitio un puesto de Internet, desde el que programábamos los dos o tres días siguientes. O más bien, las noches. Una de las páginas más socorridas era la de venere.com, donde encontramos magníficos precios para lo que se espera pagar por ahí: mucho por poco, dado que los hoteles no españoles y no caros suelen ser malísimos, incluso en países caros como los del Norte de Europa. Cuando no encontrábamos nada, como en Salzburgo, recurrimos a nuestra Agencia de Viajes de cabecera en Sevilla: móvil al canto y nos encontraron el Kunsthof Hotel en Viena por poco dinero y precioso. Respecto al segundo superviaje, hicimos una programación completa de vuelos y hoteles (improvisación cero, en esta ocasión), y aunque ya se sabe lo mala que era Clickair (felizmente desaparecida) y Ryanair (ya desaparecerá), conseguimos hacer un recorrido fantástico que comenzó en Londres, continuó por Bergen (Noruega), siguió por Oslo, Estocolmo, Helsinki y terminó en Praga, donde conseguimos un piso enorme por mucho menos de lo que pagamos en los países anteriores por una habitación de hotel. Todos eran viajes de ida y el truco fue ir de un destino cercano al siguiente a éste, lo que abarataba los vuelos y además no hacíamos ninguno de vuelta, ya que de Praga volvimos a Sevilla. Una pasada y por mucho menos.

Ana Calderón y Antonio José Femenías

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