POLINESIA FRANCESA, EL DESTINO DE NUESTROS SUEÑOS
Polinesia francesa, dos palabras llenas de misterio y de connotaciones lejanas para un viaje que comienza necesariamente ligado con el nombre de dos ciudades imprescindibles para todo viajero: París y Los Angeles. Y es que si Tahití y más concretamente Papeete es la puerta de entrada de la Polinesia francesa para los europeos, es el vuelo de Air France que sale de París, con escala en Los Angeles, el que constituye el camino natural para llegar hasta ella.
Nuestra imaginación nos lleva a los mares del sur, de la mano de los relatos de Jack London, entre buceadores de perlas negras y leyendas míticas; también todos los que disfrutamos del postimpresionismo hemos visto Tahití con los ojos de Gauguin; pero también en los mares del sur nos viene a la mente el Robinson Crusoe de Stevenson en Tikehau; y Marlon Brando o Mel Gibson, el capitán Bligh y el motín de la Bounty; y más recientemente, Bora Bora, un nombre propio en la segunda guerra mundial, dentro de la lucha estratégica entre japoneses y norteamericanos en el otro lado del mundo. Y es que para los españoles Polinesia es verdaderamente el otro lado del mundo: Casi 19.000 kilómetros, 21 horas de vuelo y 12 horas de diferencia horaria.
Y no es raro que la distancia y la complejidad geográfica de Polinesia la conviertan en una gran desconocida en la vieja Europa, donde solo Francia mantiene sus tradicionales lazos con uno de los territorios que la conforman, que es la denominada Polinesia francesa. Polinesia, como representación de la cultura maohí, verdaderamente es un triángulo, mayor en extensión que la propia Europa, cuyos vértices son Hawai, Isla de Pascua y Nueva Zelanda. Esa es su realidad geográfica, complementada con las vecinas Micronesia y Melamnesia, que constituyen igualmente otro conglomerado sin fin de islas diseminadas por el Pacífico sur.
Pero centrémonos en la Polinesia francesa, 118 islas y atolones, de las cuales 35 “islas altas” están repartidas entre las islas de la Sociedad, las islas Marquesas y las islas Australes. Tahití y sus islas, como se denomina este territorio de ultramar de la República francesa de una forma “políticamente correcta”, ocupan un territorio de 4.000 kilómetros cuadrados, que se divide en cinco archipiélagos, que conforman a su vez un territorio total, entendido como una zona de exclusividad económica, de ¡5 millones de kilómetros cuadrados! Y todo este territorio para apenas 230 mil habitantes.
Estos cinco archipiélagos van desde las islas Marquesas en el norte, apenas debajo de la línea del ecuador, hasta las islas australes. En el oeste encontramos las islas de la Sociedad -que a su vez se dividen en las islas de Sotavento y las islas de Barlovento-, en el este a las islas Gambier y en un supuesto centroeste el archipiélago Tuamotu.
Realidad política
El triángulo polinesio se conformó a lo largo de casi 4.000 años, en tres oleadoas fundamentales, por medio de expediciones en las que los polinesios, a bordo de sus frágiles embarcaciones de madera y hojas cosidas -pirogues-, llevaban consigo plantas y animales, junto con su cultura y su idioma, con el ánimo de colonizar nuevas tierras. No es hasta 1595 cuando el primer europeo, que no podía ser sino español, Mendaña, visita las islas Marquesas. Sin embargo, las esporádicas visitas de europeos a la Polinesia francesa durante los siglos XVI, XVII y XVIII no tienen trascendencia política, siguiendo las islas bajo el control de diferentes reinos y tribus polinesias. Por el contrario, la situación cambia drásticamente en el siglo XIX, en medio del enfrentamiento colonial de Reino Unido y Francia, en el que la Reina Pomare, en 1847, decide decantarse por Francia aceptando su protectorado para Tahití y Moorea. En 1880 el Rey Pomare cede todos los territorios a Francia, con la excepción de las islas de sotavento, que son anexionadas en 1897, con lo que toda la Polinesia francesa se convierte en colonia de Francia. No es hasta 1958 cuando se inicia el proceso contrario, el de autonomía, considerando a la Polinesia francesa como un territorio de ultramar. En 1977 se incrementa esa autonomía de Polinesia, que paulatinamente se ha ido convirtiendo en autogobierno, que debiera culminar con un nuevo estatuto similar al de Puerto Rico como Estado Libre Asociado.
No obstante, aunque este proceso parece a todas luces el más acertado, no deja de haber una minoría discordante y es curiosa la primera impresión al visitar las islas y encontrarse en algunas casas privadas una bandera igual que la argentina, solo que con cinco estrellas amarillas. Esta proliferación de enseñas albicelestes nada tiene que ver con Argentina sino que responde a la reivindicación nacionalista del partido en la oposición, que quiere romper cualquier lazo o dependencia con Francia, siendo cada una de las estrellas la representación de los cinco archipiélagos citados. Sin embargo, la verdadera bandera de Polinesia francesa es naranja, blanca y naranja, con una clásica embarcación polinesia cruzando el mar al atardecer, y es la que encontramos en todos los ayuntamientos -maire-, comisarias de policía -gerdarmerie- y colegios -college- de las islas.
Qué debemos esperar de Polinesia
Desde luego magnificas colinas y montañas, que nos recuerdan el origen volcánico de estas islas en las que en su mayoría sucede el curioso fenómeno de que la tierra se haya hundido por debajo del nivel del arrecife de coral que las circunda, lo que ha creado un lago interior que en muchos casos es mayor que la propia superficie de tierra de la isla o atolón. Colinas y montañas escarpadas de hasta dos mil metros de altura, cubiertas centímetro a centímetro de vegetación de un verde intenso, casi desafiante, en parte originaria de las islas pero en mayor medida fruto de las colonizaciones de polinesios y europeos, que han traído a las mismas innumerables especies tropicales. Y como no, valles aún más fértiles, que en muchos casos conducen el agua fresca y que señalan los pasos en los que el arrecife de coral se ha abierto para comunicar el océano y el lago interior.
También aguas de todos los azules y verdes imaginables, desde el celeste hasta el verde turquesa, pasando por el añil, y todo ello al alcance de la vista en una sola mirada. Y esas aguas se recortan contra esas colinas y esas montañas casi sin solución de continuidad, extendiéndose como un manto desde las mismas hasta los arrecifes de coral para desde allí convertirse en el océano más grande del mundo. Tan solo se quiebran los azules con leves de trazos de arena dorada o negra de escuetas playas o por los motus, embriones de nuevas islas formados por corales, arena y plantas, que pacientemente se van entretejiendo para crear vida.
Y unos cielos inquietantes, intensos, con una nubes en permanente movimiento que parecen jugar con las montañas y que sintiéndose envidiosas del mar quisieran quitarle protagonismo. Y es que en estas islas, como sucede en Isla Mauricio, la línea del horizonte es aún más lejana y resulta imposible distinguirla de la línea del mar, por lo que el cielo, o mejor dicho, los cielos de estas islas, son un enorme lienzo que se funde con el azul del mar y se recorta contra el negro y verde de las montañas, con trazos blancos, grises, naranjas, violetas, rojos…
Pero si mar, tierra y cielo nos ofrecen estos paisajes, y la posibilidad de contemplarlos desde miradores naturales, los fondos marinos nos dejarán sin palabras. La riqueza de los arrecifes de coral y las lagunas interiores hace que en cada isla estemos en inmensos acuarios, en los que no sabemos si sorprendernos por la belleza de la forma y color de los corales o por la espectacular fauna marina. Quienes nunca hayan practicado el snorkelling no podrán, no querrán, dejar pasar esta oportunidad única para comenzar, porque realmente merece la pena. Y los que ya lo practicaban, querrán hacer submarinismo en estas aguas para disfrutar al máximo de las mismas, y será un acierto, porque si hay un lugar en el mundo preparado para ello es Polinesia. Un adhesivo en un centro de buceo de Maeva lo resume muy bien: “Aun recuerdo los tiempos en los que el sexo era seguro y el submarinismo peligroso”. Para los que ya eran avezados scuba divers, qué decirles, si como repetía Didier, mi instructor de buceo en Tahití, “un buen día en la oficina es peor que un mal día buceando y aquí son todos buenos”.
TAHITÍ
Tahití es una isla montañosa dominada por la cima del Orohena, de más de 2.000 metros, que se hace acompañar de las siluetas del Aroai, del Diadema y del monte Marau.
La capital de la isla y de toda Polinesia, Papeete, ubicada sobre el litoral noroeste, nace desde una rada protegida por los arrecifes. El resto de población en la isla se extiende por la estrecha banda costera y los flancos de las montañas del norte y del oeste de la isla, ocupados por lujosas residencias.
Tahití es una isla de forma circular que en realidad son dos islas: La gran isla, Tahití-Nui, atravesada por valles profundos, está unida a la pequeña isla, Tahití-Iti, igualmente montañosa, por el estrecho istmo de Taravao.
Los sufijos Nui -grande- e Iti -pequeño- nos sirven para recordarnos la curiosidad geográfica de encontrar una pequeña península unida a una isla. Tahití-Nui tiene una carretera circular que permite recorrer completamente la isla, mientras que Tahití-Iti tiene dos carreteras que nacen en Taravao, por lo que su visita completa exige retornar a esta ciudad. Por eso, la visita de Tahití debe organizarse sobre la base de su carretera circular, comenzando en Papeete.
Aunque Papeete no es particularmente excitante por sus frecuentes embotellamientos o su indefinido estilo arquitectónico, está llena de cosas que ver. La villa de los artesanos en Tipaerui, en el paseo marítimo, justo al lado de la Casa de la Cultura; el Museo de la Perla, que nos iniciará en los misterios de esta milenaria joya; el Templo Paofai, construido hace unos 15 años, que es el lugar de culto de los protestantes tahitianos, la religión más extendida en Polinesia, famoso por los servicios matutinos, especialmente los del domingo, con preciosos himnos cantados mayoritariamente por mujeres que usan el tradicional sombrero blanco; el Parque Bougainville, próximo a la oficina de correos, recientemente renovado y en el que destacan dos cañones del Zélée, un buque de guerra de 1914, que enmarcan el busto del explorador francés Bougainville; o el Centro Comercial Vaima, el “emporio” comercial de la ciudad. Detrás del centro se encuentra la Catedral de Notre Dame de Papeete, construida en 1875 y recientemente restaurada.
El Barrio del Comercio incluye el antiguo Barrio Chino y el Mercado Central de Papeete, que aunque fue construido en 1987 ha mantenido las viejas tradiciones y la estética de pasado. Es un verdadero espectáculo de frutas, verduras, artesanos, flores, todo lo que uno imagine que podrá encontrar en Polinesia, lo encontrará en el Mercado Central, al que es muy fácil acceder al ser también la terminal central de todos los trucks, los autobuses públicos, que en realidad son camiones cerrados pintados de alegres colores. Al salir del mercado por la puerta norte nos encontramos con el Puerto y el Muelle de Honor. También con La Fare Manihini, donde se encuentra la Oficina de Turismo y con La Plaza Vaiate, el lugar más importante de realización de espectáculos de música y danza durante la celebración de Heiva en Julio. Un poco más adelante está el Muelle de los Ferries que comunican las otras islas. La Base de la Marina Francesa es el final de la parte pintoresca del Paseo Marítimo; más allá está el Puerto de Papeete y Motu Uta, antiguamente un pequeño islote usado como residencia real por el Rey Pomare II y ahora unido a tierra.
Pero no podemos hablar del Paseo Marítimo de Papeete sin hablar de los grandes cruceros, que cambian totalmente la fisonomía de la ciudad. En alta temporada, muchas veces podemos encontrar hasta tres trasatlánticos atracados longitudinalmente a lo largo del puerto, casi como una línea de edificios sobre el agua. De noche, engalanados con todas sus luces, flanquean el espectáculo de decenas de roulottes concentradas en la plaza del Paseo Marítimo despachando todo tipo de comida a los miles de viajeros de los barcos y a los propios tahitianos.
Saliendo de Pappete por la parte este, atravesamos el Puente del este y el barrio de Mamao, donde se encuentran el Hospital Territorial y el Templo Chino flanqueado por dos dragones. Estamos a un simple giro a la derecha del Valle Fautaua, una de las excursiones más bonitas para descubrir la naturaleza de la isla. Enmarcado entre la Montaña Aorai y la Diadème, este valle está lleno de cascadas de exuberante vegetación. Aunque no hay que olvidar solicitar una autorización en el Ayuntamiento para entrar en él.
La zona este de Papeete se conoce como Pirae y está salpicada de playas de arena negra. En el lado de la montaña, el camino de Fare Rau Hape nos lleva al Belvedere, a una altitud de más de 600 metros, un mirador con una vista panorámica única de Papeete y sus alrededores, con la isla de Moorea al fondo. Desde allí nos espera la cumbre del Monte Aorai y el pueblo de Arue, donde el último Rey de Tahití, Pomare V, está enterrado. Su Ayuntamiento merece una visita; recientemente renovado, fue construido en el más puro estilo colonial en un espléndido jardín tropical.
Seguimos la carretera circular de la isla hasta llegar al kilómetro 7.3 y descubrir la vista de Tahara’a, una impresionante panorámica de la costa y montañas circundantes. Uno de los mejores puntos de la isla para una foto de recuerdo.
Bajando por el otro lado de la montaña se llega al pueblo de Mahina. Y allí, en Matavai Bay, a los pies de Tahara’a, fue donde el Capitán Cook, Bougainville, Wallis y el Capitán Bligh desembarcaron. Y fue también en la playa, en Point Venus, donde desembarcaron los primeros misioneros protestantes a finales del siglo XVIII. El único faro de Tahití también está en este lugar.
En nuestro recorrido circular por Tahití llegamos a Papenoo, lugar famoso por sus playas para el surf y por su río, que es el más largo de Tahití y que conduce al corazón de la isla. En Papenoo todo habla de surf, desde las tiendas hasta la gente que uno encuentra por la calle, de todas las nacionalidades, embutidas en trajes de neopreno. Y es que no en vano sus olas son consideradas las mejores del mundo para el surf. En el kilómetro 17 de la carretera, el Río Papenoo se encuentra con el océano y aunque se necesita un vehículo de 4×4 para hacer esta corta excursión y descubrir muchos valles escondidos con espectaculares cascadas, vale muy mucho la pena. En la cima, un corto túnel de 400 metros nos lleva a la Costa Oeste de la Isla a través de las cumbres del Lago Vaihiria en la ciudad de Mataiea.
Pasado el Río Papenoo, la carretera circular de la isla nos lleva a la ciudad de Tiarei. En el kilómetro 22.1 es imprescindible hacer una corta parada para descubrir uno de los fenómenos naturales más interesantes de la isla: Las aguas del océano pasan por debajo de la carretera para volver a salir al otro lado de la misma, tras haber convertido las olas en un potente chorro de aire. De ahí el nombre de Trou du Souffleur, algo así como agujero del soplido. Unos cientos de metros más adelante está la bifurcación que conduce a las Tres Cascadas Faarumai, en el Valle Vaipu. Son sólo 5 minutos andando a la primera cascada, aunque lleva por lo menos media hora y un buen calzado llegar a las otras dos, que están ubicadas al final del valle. Eso sí, la vista merece la pena.
Las siguientes ciudades de este recorrido circular de Tahití son Mahaena y Hitiaa, que ofrecen poco interés panorámico aunque conservan su autenticidad y un innegable encanto nostálgico. En el kilómetro 43, después de atravesar el río Fa’atautia, un sendero abrupto atraviesa la montaña y marca el comienzo de la excursión a losLavatubes, grutas naturales talladas en la roca volcánica por el río, en la que es imprescindible ir acompañado por un guía especializado.
Faaone es la última ciudad de la Costa Este antes de llegar al Istmo de Taravao, la unión de la isla y la península. Estamos ya en Tahití Iti, la pequeña península de la isla de Tahití.
MOOREA

“La isla hermana” de Tahití es una tierra de leyendas y de historia. Su tarjeta de presentación, la bahía de Cook, bordeada por una cadena de cáncamos cincelados siendo el más hermoso el de Rotui, que se mira en la bahía gemela de Opunohu, cuyas aguas oscuras reflejan las abruptas montañas. Aunque históricamente es discutible que Cook atracara en esa bahía, la realidad es que las bahías gemelas son un paisaje que se graba en la retina, variando en su imagen con las distintas luces del día.
Los paisajes y la historia no son los únicos atributos de esta isla, conocida por la tranquilidad de la vida y por la calidad de sus piñas, que a muchos urbanitas sorprenderán al comprobar que la piña es el fruto de un arbusto y no de un árbol o palmera. Ciertamente la cantidad de playas de arena blanca, la diversidad de sus fondos de coral y la riqueza de su fauna marina hacen de Moorea un destino privilegiado.
Moorea está bien dotada de hoteles y pensiones de todas las categorías, generalmente ubicados al borde de la laguna, entre los que destaca especialmente el Sofitel Heiva, situado en una preciosa rada de la laguna, totalmente integrado en el entorno.
Lo mejor de Moorea
- Las Cascadas de Afareaitu. Dos senderos conducen a ellas. Uno empieza 50 metros antes del Hospital de Afareaitu y el otro en el camino de la escuela primaria de Afareaitu.
- El mirador de Toatea en Temae, justo encima del hotel Sofitel IAORA, desde donde se pueden admirar los colores de la laguna y una impresionante vista de la isla de Tahití.
- La Bahía de Cook,enmarcada por montañas irregulares y cobijo de barcos de crucero, y su bahía gemela, la Bahía de Opunohu, donde realmente el Capitán Cook ancló en 1769.
- En el corazón de la isla, el mirador de Belvedere, que nos descubre un paisaje inolvidable en el que se incluyen las dos bahías, Opunohu a la izquierda y Cook a la derecha, separadas por la montaña sagrada Rotui, situada en medio del antiguo cráter volcánico.
- La Casa Kellumen la playa, al final de la Bahía Opunohu y al pie de la Montaña Rotui. Una casa color miel con un amplio jardín tropical.
- El Teatro Tiki Villageen Varari, que nos permitirá conocer algo más las costumbres y tradiciones polinesias.
- La Galería Baie de Cook, cerca del Club Bali Hai, el único Museo en Moorea. Antiguas canoas, esculturas, pinturas, instrumentos musicales locales, todo en un ambiente de estilo polinesio.
- La Poterie del Acuario, en la Bahía de Cook, cerámica hecha a mano, un jardín único y una magnífica vista de la bahía.
Lo imprescindible de Moorea
Un paseo en canoa o piragua por la laguna (durante el día o al atardecer); una inmersión con delfines; una visita del interior de la isla en 4×4, bicicleta de montaña, a caballo o andando; disfrutar de un Maa Tahití o festín tahitiano; una visita al mundo submarino, ya sea haciendosnorkelling o submarinismo; y pesca con caña o pesca de altura.
HUAHINE
La isla secreta o la isla rebelde, los adjetivos no faltan para subrayar la naturaleza salvaje pero seductora de Huahine, compuesta por dos islas, Huahine Nui al norte y Huahine Iti al sur, separadas por un estrecho canal, cruzadas, dice la leyenda, por la piragua del dios Hiro. Hoy en día están unidas por un puente que conecta las bahías de Maraoe y Port Bourayne.
Esta isla montañosa ofrece magníficas bahías abiertas y algunas playas de arena blanca. Los islotes diseminados forman lagunas consagradas al cultivo de sandías y de melones así como al cultivo de gran variedad de hortalizas y frutas que abundan en estas fértiles tierras. Huahine puede enorgullecerse también de poseer uno de los lugares arqueológicos más extensos y mejor conservados: el Marae de Maeva, conjunto de varios templos importantes situados al pie de monte Mouatapu y al borde del lago Fauna Nui.
Huahine se encuentra a 170 km al noroeste de Tahití y es una antigua isla nacida de tres volcanes separados. El punto más alto de la isla, Mt. Turi, está en la isla grande (Huahine Nui). Por su parte, Mt. Tavaiura, en la Península Fitii, parece el rostro de una mujer recostada, descansando su pecho y su redondo vientre. Por eso una de las interpretaciones del nombre original de Huahine es mujer embarazada.
Huahine se compone de ocho pueblos: cuatro en la isla grande (Maeva, Fare, Fitii y Faie) y cuatro en la isla pequeña (Maroe, Parea, Tefarerii y Haapu). Sus 5.600 habitantes viven esencialmente una vida rural. Los motus a lo largo de la costa norte están plantados con melones y sandías, pero las especialidades de Huahine son taro, plátanos, ñame y frutas exóticas, gracias a la difusión de la prestigiosa colección del valle de los Jardines del Edén. La pesca es esencialmente un negocio familiar, siendo la Bahía de Maroe, por su ubicación entre dos islas, muy rica en pesca. Allí se encuentran cigalas, bogavantes y tua’i, una variedad de pequeña almeja, muy apreciadas por su sabor por la gente de la isla.
Lo imprescindible de Huahine.
- Un Tour guiado por la isla para descubrir sus plantaciones, sus yacimientos arqueológicos, su exuberante paisaje y sus magníficas lagunas.
- Un paseo por la laguna para apreciar su colorido y el contraste y diversidad de sus montañas.
- Un safari en 4×4 para adentrarse en el corazón del bosque tropical.
- Bucear o hacersnorkellingen su poco explorado mundo submarino.
- Una visita al Jardín del Edén para tomar un zumo o comer y sentirse en armonía con la naturaleza en un valle cubierto por un sinfín de flores y frutas tropicales.
RAIATEA Y TAHAA
Según la tradición polinesia, Raiatea, antiguamente Havai’i, apodada “la isla sagrada”, es la primera isla poblada de Polinesia.
Las múltiples leyendas ligadas a la mitología confieren una atmósfera de misterio y de magia a los distintos lugares de interés: El monte Temehani es una suerte de Olimpo polinesio y un paraíso de fragancias, al abrigar una planta única en el mundo, la extraña tiare apetahi, que pervive en esta isla preservada de la vida moderna. Los paisajes de su cadena montañosa, recorriendo la isla de norte a sur, con numerosas cascadas, su bahía profunda y estrecha en Faaroa y sus fértiles valles, atraen tanto como los encantos de su laguna con múltiplesmotus.
En la parte norte de la misma laguna se encuentra la isla de Tahaa, que según la leyenda fue alejada de Raiatea por una anguila sagrada poseída por el espíritu de una princesa. Esta isla, de formas montañosas y costas desiguales, se conoce como “la isla vainilla” debido a la gran cantidad de plantaciones que se encuentran en ella.
Lo imprescindible en Raiatea.
- Un paseo en piragua por la laguna con una parada en unmotuy un paseo por el río Faaroa.
- Una visita almaraeTaputapuatea, el más grande de Polinesia.
- Un paseo a caballo por las montañas, una excursión guiada, o un safari en 4×4 por los profundos valles.
- Bucear en un paisaje submarino fascinante.
- El Jardín Botánico de Faaroa.
- Un crucero en las Islas de Sotavento a bordo de un barco de vela.
Lo imprescindible de Tahaa
- Un paseo en piragua por la laguna con picnic en unmotu, para disfrutar de playas de arena blanca,snorkellingy natación.
- Una excursión por la montaña, bien en 4×4 o andando.
- Una visita a una plantación de vainilla, para conocer los secretos de esta especial orquídea.
- Una visita a una granja de perlas para conocer su historia y la evolución de estas granjas en Polinesia.
- Una visita a la Fundación Hibiscus, con su parque para las tortugas de mar.
BORA BORA
Volcán ubicado sobre una de las más bellas lagunas del mundo, Bora Bora, “la perla de la Polinesia”, es un nombre que hace soñar. La línea de sus montañas está conformado por tres montes, de los cuales el más elevado, Otemanu, es doblegado por el legendario Pahia.
La naturaleza ha dotado a esta isla de una laguna de aguas traslúcidas de enorme belleza, salpicada de una serie de islotes paradisíacos. Uno de estosmotus acoge el aeropuerto, mientras que otros dan hogar a lujosos hoteles, entre los que destacan el Sofitel Marara y el Sofitel Motu.
La excepción en este paisaje la presenta el motuToopua, coronado por una colina de más de 100 metros de alto con bloques sonoros llamados las “campanas de Hiro”.
La laguna de Bora Bora es tres veces más grande (80 km2) que su superficie terrestre y ofrece una impresionante gama de luces y colores. En el Sudeste de la isla se encuentra Coral Garden, un asombroso parque natural submarino habitado por toda clase de peces, más de 700 especies de peces tropicales.
A pocas brazadas de Matira Point, las manta-rayas han fundado su hogar y cada día cientos de admiradores siguen su asombroso ballet sin perturbarlas. Hay también hay otras variedades de rayas: la raya gris y la espectacular raya aleopardada. A la entrada del paso que comunica la laguna con el océano está el Valle Blanco, donde a 55 metros de profundidad tiene lugar un desfile interminable de tiburones grises y barracudas.
Entre motu Toopua y motu Tapu, en el Paso de Te Ava Nui, se puede escuchar “La Campana de Hiro”, un sonido que hace la roca y que, de acuerdo con la leyenda, era producido por Hiro, el Dios de Bora Bora, para advertir a sus guerreros de los ataques enemigos.
En Bora Bora sorprenden igualmente los restos de la presencia militar norteamericana, que aún hoy en día sirve para que los estadounidenses sean los primeros visitantes de la isla. Inmediatamente después de Pearl Harbour cinco mil soldados americanos desembarcaron en Bora Bora, y en menos de tres años construyeron el aeropuerto, las carreteras principales y unas baterías antiaéreas en uno de los puntos con mejor vista de la isla.
Aún hoy en día se sigue utilizando el mismo aeropuerto de los años cuarenta en el que por un lado aterrizan los aviones y por otro amarran los barcos que hacen el traslado a los hoteles. También se utilizan las pistas de cemento que surcan las colinas y aún permanecen, desafiantes, las dos baterías antiaéreas, que curiosamente nunca llegaron a utilizarse por desplazarse la guerra a Filipinas. No creo que quienes los construyeron e instalaron imaginaran nunca que iban a convertirse en una visita turística obligada de Bora Bora.
Lo imprescindible de Bora Bora
- Un paseo en piragua o elwave runner tour, que incluye una vuelta alrededor de la isla alimentando a los tiburones, un paseo por los arrecifes de coral, hacersnorkellingen las aguas cristalinas de la laguna y un picnic en unmotu.
- Una visita del Lagunario.
- Un tour alrededor de la isla (32 km) en autobús, bicicleta, scooter o coche.
- Una visita a sus lugares arqueológicos y a los miradores panorámicos dentro de un tour-safari por la montaña en 4×4 o haciendo senderismo, incluyendo la visita del Jardín tropical, Pofai Bay.
- Bucear entre tiburones y rayas.
- Una visita del Museo Marino en Faanui.
ARCHIPIÉLAGO DE LAS TUAMOTU
Es el mayor de los archipiélagos polinesios con 76 islas y atolones dispersos por más de 20.000 km. Largo tiempo dormidos, han vuelto a vivir gracias a la instalación de 250 granjas de perlas y al turismo, que ha descubierto la riqueza de sus zonas de buceo.
Lejos de la agitación mundana, las Tuamotu reúnen todos los aspectos soñados por Robinson Crusoe, ese aventurero solitario que duerme en cada uno de nosotros. Es en simbiosis con la naturaleza, entre el cielo y el mar, donde el hombre aprende a vivir fuera de su tiempo.
TIKEHAU
Tikehau es un atolón casi circular con una laguna de 26 km, accesible para pequeñas embarcaciones a través de un paso en el arrecife.
Este atolón ovalado está situado a 300 km al noroeste de Tahiti, y a unos diez kilómetros de Rangiroa. Tiene un gran paso y una serie de pequeños motus, de las cuales el más grande está habitado.
Tuherahera es un encantador pueblo de flores al sur de este gran motu y se complementa con otros dos pueblos: Tuheiava, un importante centro de pesca que envía su captura a los mercados de Tahití; y Maiai, en el otro gran motu, al noreste, donde es tradicionalmente explotada la copra.
Tikehau es un paraíso para el buceo, especialmente en el paso de Tuheiava, donde los gráciles movimientos de las manta-rayas alternan con la procesión de barracudas y atunes, sin olvidar la presencia de tiburones grises y blancos.
El pequeño motu de Tikehau también provee de refugio a numerosas colonias de pájaros, incluyendo el acertadamente llamado “pájaro isla”.
Tikehau es un ejemplo típico de un atolón de tamaño medio (75 km de arrecife circundante, una laguna con un área de 230 km2), abierto al oeste a través de un gran paso (más de 200 metros de ancho y de 4 a 16 metros de profundidad), y también comunicado con el océano abierto a través de numerosos hoa, de 20 a 50 cm., que se encuentran principalmente en la costa sureste, lo que permite el intercambio de agua entre la laguna y el océano y explica la alta diversidad demadrepores en la laguna.
Hoy en día la pesca sigue activa si bien el número de familias involucradas en la misma ha decrecido. El método de pesca, que también sirve como almacenaje, es la tradicional trampa de peces, mejorada por el uso de modernos materiales, aunque los materiales tradicionales sean aún muy usados, como los postes de madera del kahaia. La mayor parte de las trampas están situadas en o cerca del paso, con 300 metros de ancho y a 4 metros de profundidad.
Hay numerosas variaciones sobre la longitud delrauroa, la forma del aua y el número de tipua,aunque la técnica es la misma. El pescado, guiado por los brazos, entra en el aua y finalmente en eltipua donde es capturado y retenido hasta que llega el barco frigorífico.
MANIHI
En este atolón nació la primera granja perlera de la Polinesia, abriendo el camino a otras islas del archipiélago Tuamotu. Hoy en día esta actividad se ha generalizado y profesionalizado hasta producir las mejores perlas negras del mundo. Los enclaves turísticos de este atolón convergen en un paso profundo y navegable por su notable profundidad en cuyas orillas se ubica el único pueblo, Turipaoa. Las aguas de Manihi son conocidas por los amantes del buceo por la increíble concentración de peces en lugares destacables, desde el paso hasta los arrecifes pasando por el “circo” al interior de la laguna. Los tradicionales carangues y napoleones se entrecruzan con las percas, meros y loches, junto a las majestuosas manta-rayas, desafiando a las rayas-águila.
Pero además del buceo, no debemos olvidar la posibilidad de visitar una de las numerosas granjas de perlas o descubrir la ubicación de antiguosmarae, presentes en la parte norte y sur del atolón.
RANGIROA
Rangiroa es el atolón más grande del Archipiélago Tuamotu, con 80 km de longitud y 20 km de ancho, con una laguna interior y 20.000 habitantes. Sus dos pueblos, Avatoru y Tiputa, se encuentran al norte de la isla en dos motus separados. Ambos pueblos tienen un paso en la entrada que comunica la laguna interior con el océano, ofreciendo un puerto seguro para las goletas, que son los pequeños cargueros que proveen de suministros a la isla desde Tahití. El aeropuerto, cercano a Avatoru, descansa sobre 300 metros de una amplia lengua de tierra.
Rangiroa tiene numerosas playas desiertas. Hace algunos siglos una corriente enorme movió los bloques submarinos de tierra caliza y los colocó en el arrecife, configurando la actual costa noroeste de la isla. La relación con el mar de Rairoa, el nombre original de Rangiroa, ha sido siempre de amor y odio. Hace 1.000 años Rairoa ya estaba habitada por una comunidad de pescadores que vivió y creció en numerosos pueblos a lo largo de las frágiles costas. Pero en 1560 una gigantesca ola sumergió la isla, ahogando a cerca de dos tercios de los habitantes. Hoy en día la laguna de Rangiroa es tan grande que cabría toda la isla de Tahiti en su interior.
Los primeros europeos se instalaron en Rangiroa en 1850, pero las guerras internas y las rivalidades entre tribus, junto con las enfermedades, impidieron el crecimiento de la población. Afortunadamente, los misioneros católicos animaron a los habitantes a desarrollar y mantener cocoteros, cambiando la cosecha de copra en Tahití por comida y materiales de construcción, práctica en vigor actualmente y que permite a los atolones vivir sin demasiada ayuda o asistencia.
Las inmersiones submarinas ofrecidas en esta isla son excepcionales: Rayas, tiburones, morenas, pez-napoleón y delfines pueden verse entre pequeños peces tropicales multicolores, entremezclados y en movimiento continuo.
Por último, hay que destacar en Rangiroa el lago azul, lago dentro del lago, al que se puede ir de excursión y que es uno de los lugares mas bonitos de Tahiti y sus Islas.
ISLAS MARQUESAS
Fue el hogar de los primeros pobladores del “Triángulo polinesio”. Desde el comienzo de nuestra era, la Tierra de los hombres, “Hnua enana”, ha reagrupado una decena de islas de montañas desmembradas, a unos 1.500 kilómetros de Tahití. Desprovistas de barreras de arrecifes, las costas escotadas o bordeadas de abruptos acantilados son barridas por la resaca y componen un atractivo paisaje. La naturaleza salvaje de sus islas, donde tropeles de caballos y de cabras se desplazan con toda libertad, y donde abundan los frutos de la tierra y del mar, son únicos. Las seis islas más importantes se repartieron en dos grupos distintos: El grupo norte con la gran Nuku Hiva, Ua Pou y sus montañas como panes de azúcar, y Ua Huka, la isla de los caballos; el grupo sur con Hiva Oa, la isla de los monumentos tiki, Tahuata y Fatu Hiva, y las islas del descubridor español Mendaña.
La musical lengua marquesina, los cantos y danzas rítmicas hakka, el tradicional arte estético y social del tatuaje, de la escultura, el arte culinario, el trabajo de la madera de sándalo, son objeto de orgullo y rasgo distintivo de este pueblo de grandes navegantes y aguerridos guerreros.
ISLAS AUSTRALES
Estas son cinco islas altas de formas redondeadas. Son las más meridionales del territorio de la Polinesia francesa, situadas en el trópico de Capricornio, y gozan de un clima más fresco que Tahití. Las planicies fértiles y el clima han convertido a estas islas en el granero de la Polinesia. La preservación del medio ambiente y de las tradiciones, junto con la relativa lejanía de estas islas, fuera de los caminos trillados, les confiere una autenticidad y una calidad de vida que los visitantes comienzan a descubrir.
El arte del trenzado alcanza en las Islas Australes su mayor creatividad en la realización de sombreros, bolsos y esteras, uniendo con destreza las fibras de pandanus, cocoteros o aeho, la caña de las Australes. Tampoco podemos olvidar el profundo carácter religioso de estas islas, en las que su gente festeja los ritos tradicionales con sus cantos polifónicos.
Por último, comentar que durante el verano austral, de julio a octubre, muchas ballenas llegan en busca de calma y de descanso en las aguas de Rurutu.












He leido mucho sobre este destino. He visto reportajes en televisión. Me fascina el paisaje, ese verde tan intenso, las lagunas. En fin todo. En realidad es el viaje de mis sueños y si puedo lo haré realidad. Me parece muy interesante la información que daís. Muchas gracias
hola! sin ninguna duda Polinesia es un destino paradisíaco! Bora Bora parece una lugar reservado para viajeros privilegiados, aunque ahora vosotros también tenéis una oportunidad para visitar la isla acompañados por 3 amigos.
por comprar uno de los móviles Nokia de la promoción Oleada Bora Bora en alguna de tiendas distribuidoras autorizadas de Vodafone y acumularéis puntos en la web. quien consiga más puntos se lleva el viaje, directamente y sin sorteos!
daos prisa porque todavía queda una semana para participar!
tenéis más información en el enlace de la firma
un saludo
Estimado Javier:
Me ha encantado leer tus extensos comentarios sobre Polinesia en los que no te dejas ni un detalle. Me gustaría hacerte llegar mi nuevo y humilde blog que he empezado hace varias semanas y en el que reflejo algunos de mis viajes.
Todavía me queda mucho contenido por insertar pero me gustaria tener tu opinión al respecto como viajero experto que eres. Gracias. Rafael
http://www.rafaelgavilan.com