Un paseo por el Delta del Ebro
Se puede decir que el Ebro empieza a conectar con el Mediterráneo a partir de Amposta, que es donde el cauce del Ebro se ensancha y crea una lengua de tierra –el delta- formada por la sedimentación de los materiales aportados por el cauce fluvial a lo largo de los siglos. Abarca un área de 330 kilómetros cuadrados con un paisaje en el que hay cañizales, lagunas, dunas, zonas yermas y otras cultivadas –entre ellas, muchos arrozales- y pequeños núcleos de población. El río forma aguas debajo de Amposta, cerca de Sant Jaume de Enveja, una isla, la de Gracia y otra mayor, justo en su desembocadura, la de Buda y el delta se abre entonces formando a norte y sur sendas bahías, las del Fangar y de los Alfaques respectivamente, ésta última frente a Sant Carles de la Ràpita, la Real Ciudad fundada por Carlos III.
EL PARQUE NATURAL
Desde Sant Carles de la Rápita parte la carretera que lleva a la margen derecha de la desembocadura del Ebro y por tanto al interior del parque natural. De este modo entramos en la segunda zona húmeda más importante del Mediterráneo tras la Camarga francesa y la segunda también de España, tras el parque nacional de Doñana. En ella hay ocho especies de flora particularmente significativas y, sobre todo, una fauna avícola excepcional, con 95 especies nidificantes, de las 325 que se han identificado en la zona (en toda Europa son alrededor de 600, lo que significa que en el delta hay representación de más de la mitad del continente).
Durante la invernada cerca de 300.000 aves, particularmente gaviotas, flamencos y patos blancos y de cuello verde, se refugian en esta zona mientras que cuando llega la primavera se aparean en torno a 27.000 parejas de un centenar de especies. Todo un paraíso para las aves, cuya evolución puede contemplarse desde los miradores de madera colocados estratégicamente en los itinerarios señalizados.
ITINERARIO DEL MARGEN DERECHO
Hay un itinerario sugerido por el parque natural que recorre la zona meridional del margen derecho del delta a partir de la Casa de Fusta, (casa de madera), habitáculo situado junto a la laguna de L’Encanyissada. Desde este punto y en aproximadamente cuatro horas de camino la ruta pasa por el mirador Carreter, La Pantena, Poble Nou del Delta –desde donde un desvío lleva a la Torre de Sant Joan, un antiguo observatorio militar de 1576 que servía para prevenir la llegada de piratas sarracenos- y llega hasta la playa del Trabucador, para regresar por otro camino paralelo hasta el punto de partida, todo ello bordeando las lagunas de L’Encanyissada y La Tancada, alimentadas por el cauce fluvial, cuyo sobrante es derivado hacia el mar por ocho estaciones de bombeo.
La zona del delta ocupa un total de 33.000 hectáreas, de las que 21.000 están destinadas al cultivo del arroz.
POBLE NOU DEL DELTA
Como el delta es una zona vida en la que además de las aves y de hasta 69 especies de vertebrados habita también el hombre, hay algunos núcleos de población perfectamente integrados en el paisaje. De este modo pasamos por Poble Nou del Delta. Construido durante el régimen anterior por el Instituto Nacional de Colonización según el modelo de los planes Badajoz y Jaén y con el nombre de Villafranco del Delta, con el paso del tiempo ha ido adquiriendo personalidad propia e incluso cambiado de signo: sin perder completamente su carácter de pueblo agrícola.
El etnocentrismo urbano de las últimas décadas ha hecho que buena parte de la población dedicada a las tareas agrícolas, por ejemplo al cultivo del arroz, ya no viva junto a los bancales, sino en las poblaciones de la zona. De este modo muchas de las antiguas barracas del delta han sido reconvertidas en casas rurales o alojamientos turísticos, lo que ha constituido todo un acierto porque de este modo se ha garantizado su conservación como parte fundamental del paisaje del propio delta.












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