Cartagena, romana y nueva
Cartagena tiene el sello de una historia excepcional vinculada a la calidad de su puerto natural, uno de los más seguros y fáciles de defender del Mediterráneo español. Desde antiguo acogió a los navegantes de sus aguas, pero en la última década ha transformado por completo su fisonomía, acogiendo la mejor arquitectura contemporánea, poniendo en valor su patrimonio y recuperando la relación de la ciudad con el puerto y el mar. Esta nueva Cartagena constituye una sorpresa para quien tenga la imagen de la ciudad en el siglo pasado.
Actualmente, el centro urbano se encuentra en el Ayuntamiento, un precioso edificio ecléctico de 1907 minuciosamente restaurado, que preside una plaza abierta al puerto y a su paseo al borde del agua. Desde allí se comprende la historia de Cartagena, la calidad del puerto natural, uno de los mejores del Mediterráneo, profundo y abrigado, protegido por dos líneas de montañas que abrazan una bahía impresionante, enorme, tan grande que incluso aunque la zona en que estuvo el puerto antiguo fuera desecada, sigue siendo enorme. Ya fue puerto formidable púnico, romano y árabe, aunque realmente sería Carlos III quien reforzó las construcciones militares para proteger el puerto, y fue el monarca responsable de las murallas. La base naval de Cartagena está en todas las historias militares de España, y todavía es el puerto militar más importante de la península Ibérica en el Mediterráneo, con una valiosa base de submarinos.
El nombre le viene a Cartagena por Cartago, la nación rival de Roma y poderosa en todo el Mediterráneo, que terminó en guerra entre ambas hasta que Roma pudo decir delenda est Carthago, que certificó la destrucción total de la capital de los cartagineses, fundadores de Cartagena. El nombre saltó el Atlántico para asentarse en lo que hoy es Colombia, en la Cartagena de Indias que comparte belleza natural, puerto excelente y patrimonio histórico con su hermana murciana.
Para empezar a conocer Cartagena lo mejor es ir primero al Centro de Interpretación de la Historia del castillo de la Concepción, elevado sobre la ciudad, al que se accede mediante un ascensor panorámico de 45 metros de altura, desde el que una pasarela lleva al castillo, que cuenta con unas vistas formidables sobre la ciudad y el puerto.
Esta ciudad es un caso único, porque la mayor parte del patrimonio que hoy podemos ver no existía como tal hace un cuarto de siglo. Poco a poco ha ido surgiendo del subsuelo urbano la Cartagena romana que ahora es uno de sus grandes atractivos. Desde el propio Teatro Romano, que se encontró bajo un barrio alto, edificado sobre las gradas del recinto, hay otros restos romanos a los que se ha asociado un centro de interpretación. En el Decumano, que era una de las calles principales de las ciudades romanas, se ha abierto una muestra en la que se puede rememorar lo que era la vida cotidiana y el comercio en las ciudades de aquella época, gracias a los restos de una plaza y de unas termas. Se puede ver también el Anfiteatro romano, la casa de la Fortuna, una casa romana de los siglos II y III dC, ideal para imaginar la vida cotidiana en una familia de patricios, o el Augusteum, un templo dedicado al culto del emperador Augusto.
La larga historia de Cartagena ha dejado una lista de monumentos no menos extensa, y una parte histórica antigua de gran calidad. La muralla púnica, el puerto y su paseo marítimo, la muralla militar, el Arsenal Militar, el Parque de Artillería, y todo ese aparato defensivo montado en torno al puerto para su defensa, con castillos menores y baterías defendiendo la bocana. Cuenta también con templos cristianos, pero es necesario recordar que la ciudad ha sido muy importante durante los siglos XIX y XX, tanto por la minería como por la base naval, y que gracias al cosmopolitismo de su puerto recibió la influencia de las grandes ciudades europeas y levantó diversos edificios en estilo ecléctico que le dieron un aire moderno y europeo en su tiempo. Edificios que restaurados recientemente han cambiado por completo el aspecto de Cartagena.
Por eso esta ciudad será una sorpresa para quien no la conozca, y también para quien la conociera hace unos años, porque gracias al plan Cartagena, Puerto de Culturas, en el que se ha invertido mucho dinero, se ha puesto en valor el patrimonio y la ciudad se muestra mejor que en sus mejores tiempos, cuando levantaba sus edificios modernistas y eclécticos. También se pueden ver los Refugios y el Museo de la Guerra Civil Española, que recuerda aquel periodo en el que Cartagena fue el puerto del gobierno legal de la República, y se prepararon refugios subterráneos para proteger a la población de los bombardeos aéreos.
Además de restaurar, Cartagena ha emprendido desde la alcaldía una labor de creación de buena arquitectura moderna en relación con el patrimonio, encargando edificios a grandes arquitectos españoles contemporáneos. A la cabeza de las nuevas obras se encuentra el Museo del Teatro Romano, del arquitecto Rafael Moneo. Se trata de una de sus mejores obras recientes, con la adaptación de dos edificios para acceso al Teatro Romano de la ciudad, que es una sorprendente transición entre el centro del espacio urbano de Cartagena, a través de galerías y pasadizos en que se produce la exhibición de piezas arqueológicas romanas y la explicación de la historia del lugar, atravesando y ascendiendo en un magnífico edificio de nueva planta que sirve de transición para desembocar en el Teatro desde arriba, con una espectacular vista casi aérea sobre el espacio escénico, la ciudad y el monte del castillo.
El edificio de transición cuenta con espacios nuevos de múltiples alturas con tragaluces y efectos espaciales y lumínicos de gran calidad, en los que se pueden encontrar ecos de algunos aspectos de aquel Museo de Arte Romano de Mérida que le dio fama internacional, como el juego laberíntico del acceso y la sorpresa espacial con que concluye. La obra es de una elegancia y acierto tan sutiles que apenas se percibe la mano del arquitecto que sabiamente conduce sin empujar y pone en valor la ruina sin afirmarse frente a ella.
Entre el resto de buena arquitectura moderna en Cartagena destaca el Museo Nacional de la Arqueología Subacuática, obra de Guillermo Vázquez Consuegra, entre otras obras encargadas a través de concursos, como la rehabilitación de la muralla de Carlos III hecha por José María Torres Nadal, varios edificios de Martín Lejarraga, y todas las adaptaciones de los restos monumentales como centros de interpretación que resultan modélicos. Toda esta amalgama de restos arqueológicos, monumentos de la antigüedad, templos barrocos y arquitectura civil y militar del pasado y del presente se condensa en un espacio abarcable a pie, en una ciudad fácil de caminar y de disfrutar en sus terrazas y restaurantes frente al puerto y en la gran calle peatonal que atraviesa el casco urbano.


















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