Fez, la ciudad misteriosa
Desde las terrazas del palacio Jamai de Fez se oye el eco cercano de los almuecines llamando a la oración en las mezquitas. Es la primera hora de la mañana y la ciudad empieza a desperezarse. El palacio Jamai se halla junto a la muralla, en una de las alturas desde la que se penetra en esta ciudad que hunde sus raíces en los tiempos en que Mulay Idriss ben Abdallah, pariente del profeta Mohamed, se instaló en lo que hoy se conoce como el barrio andaluz. Esto fue a finales del siglo VIII.
Más tarde, en el siglo X, fue escenario de las luchas entre los omeyas de España y los fatimíes y con la decadencia del califato quedó a merced de los bereberes y de los almorávides. Un soberano de esta última procedencia, Yusef ben Tachí, le dio prestigio intelectual y religioso. Luego, vinieron los almohades y los merinidas. El siglo XVI le fue adverso, pero en el XVII hubo un verdadero renacimiento, con el acceso al sultanato de los alauitas, que es la dinastía todavía reinante en Marruecos.
Fez es, en todo caso, la ciudad por la que imploró Muley Idriss II a Allah diciendo: “Dios mío, haz que esta nueva población sea morada de ciencias y letras, lugar donde se recite tu Libro y se mantean tus prescripciones. Haz que la ciudad y sus habitantes sean fieles a la Sunna hasta el final de los siglos…
A unos 20 kilómetros de Fez y enmarcadas en un conjunto de colinas prerrifeñas, manan las fuentes de Sidi Yacub. Sus aguas emergen desde 1.500 metros de profundidad a una temperatura de 54º y son muy indicadas en diversas afecciones. Nada que ver con aquellos viejos balnearios porque han construido recientemente un modernísimo centro termal con todas las comodidades. Justo enfrente, se halla el santuario de Lalla Chafía, centro de peregrinación a donde acuden a rezar los fieles musulmanes.












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