La Isla de los Pájaros en Seychelles, el placer más natural

Bird Island desde el aire. (© E.D.Uceta)

Bird Island desde el aire. (© E.D.Uceta)

Parece un sueño. Aún después de haber estado allí, el viaje podría haber sucedido tan sólo en la imaginación. La convivencia con un millón de pájaros que cantan y revolotean alrededor de los nidos de sus crías, en una isla de poco más de ochocientos metros de longitud se convierte en una formidable experiencia para viajeros, naturalista y buscadores de emociones fuertes. Un agradable hotel aporta las comodidades necesarias y suficientes para que el viaje a la Isla de los Pájaros sea una de las mejores emociones del mundo en plena naturaleza.

Según la época del año, la Isla de los Pájaros puede acoger hasta tres millones y medio de aves que viven
sobre el suelo, en las playas y en los árboles llegando a cubrir casi por completo la mayoría de los espacios libres de la isla. La presencia inmediata y constante de los pájaros permite una observación precisa, intensa y cómoda de su comportamiento, y esa íntima relación con ellos es una de las ventajas del viaje a Bird Island.
Golondrinas de mar en Bird Island, Seychelles. (© E.D.Uceta)

Golondrinas de mar en Bird Island, Seychelles. (© E.D.Uceta)

Los pájaros comparten la isla con un resort exclusivo, pequeño y extremadamente respetuoso con su entorno, compuesto por 24 cabañas discretas y confortables que mantienen el encanto de un alojamiento destinado a integrarse en la naturaleza, antes que a ofrecer lujo o aislamiento. La deliciosa cocina del lodge y su pequeño bar son un refugio de viajeros especializados en saborear los rincones más exclusivos del mundo.

Bird Island pertenece al archipiélago de las Seychelles, situado al sur del Ecuador, en pleno Océano Índico, frente a las costas de Mombasa, a más de mil millas del continente africano, y conforma uno de los mejores destinos de naturaleza del planeta, tanto por la flora y la fauna terrestre, como por su abundancia de aves y la riqueza de la vida subacuática. Bird Island se encuentra en el extremo norte del archipiélago, al borde la plataforma submarina en que se apoyan las islas, rodeada por aguas profundas. Es una isla coralina, de escasa altura sobre el mar, rodeada por fondos de poca profundidad en los que abunda la fauna acuática de arrecife coralino, con peces de mil colores. Al exterior, las aguas de azul profundo del Índico son ricas en grandes peces y en sus predadores, siendo un buen puerto de partida para quienes practican la pesca de altura.

Playa de poniente, Bird Island, Seychelles. (© E.D.Uceta)

Playa de poniente, Bird Island, Seychelles. (© E.D.Uceta)

La diminuta superficie de la isla, apenas una plataforma de arena rodeada por mares interminables, sólo tiene 800 metros de largo por 600 metros de anchura. En ella cabe una pista de aterrizaje de hierba, el pequeño hotel, y el resto está cubierto de vegetación con una gran pradera abierta que es uno de los mayores criaderos de pájaros en su entorno. Una playa continua de blanca arena coralina da la vuelta completa a la isla, en una prolongada cinta de cinco kilómetros de longitud, y el color azul turquesa de las aguas someras forma un halo de irreal luminosidad en torno a la corona de la playa. En Bird Island, la belleza va unida al esplendor ecológico.

Pollo de charrán blanco en Bird Island. (© E.D.Uceta)

Pollo de charrán blanco en Bird Island. (© E.D.Uceta)

En la isla no habitan predadores para los huevos de los pájaros, por lo que es el lugar escogido por las aves marinas para hacer sus pequeños nidos en el suelo, depositar los huevos, incubarlos y criar a los pollos hasta que pueden valerse por sí mismos y volver al mar del que depende su vida. A lo largo del año, diversas especies son mayoritarias sobre el suelo de la isla, que siempre cuenta con colonias de diversas aves, cuya densidad o presencia varía de unos meses a otros.

Es recomendable llevar unos prismáticos y una cámara de fotos con teleobjetivo, pero no imprescindible. A simple vista y con cualquier objetivo se puede participar de cerca en la vida cotidiana de las aves. Los propios bungalows están rodeados de pájaros. Desde el porche o la ventana se tienen al alcance de la mano, los paseos por los senderos se hacen entre bandadas, las playas se cubren a veces con cientos de ellos, y en el camino a través del bosque se sufren sus estratagemas para intentar alejar al paseante de los nidos.

Recorriendo la isla a pie, sólo o acompañado por el ornitólogo, se pueden ver los nidos de las diferentes especies y observar sus costumbres, pero el asombro mayor llega cuando se descubre la gigantesca pradera cubierta por centenares de miles de aves extendiéndose al pie de un pequeño mirador de madera que marca el límite de acceso humano al territorio exclusivo de los pájaros.

Charrán blanco en vuelo. (© E.D.Uceta)

Charrán blanco en vuelo. (© E.D.Uceta)

Los cielos se cubren permanentemente de individuos en vuelo, y el concierto del piar de los pollos y el canto de sus padres forman un clamor continuo, especialmente intenso al atardecer, e incesante incluso durante la noche. Si se tiene la fortuna de que la estancia en la isla coincida con la luna llena, se puede pasear libremente incluso sin linterna, y disfrutar de la observación nocturna.

Los pájaros no son los únicos habitantes de la isla, ya que abundan también las tortugas terrestres gigantes, semejantes a las de las islas Galápagos, muy numerosas en Seychelles, que pastan libremente entre las cabañas y se pueden encontrar en cualquier parte, con su descomunal volumen y su actitud pasiva y amistosa. Los pequeños lagartos (mabuya sechellensis), las mariposas y los grandes cangrejos fantasmas de cuernos completan una fauna terrestre escasa pero interesante, abrumada por la enorme abundancia de aves.

 

De mayo a septiembre, pueden anidar en Bird más de dos millones de golondrinas de mar de la especie sterna fuscata, propia de las islas más solitarias del océano Pacífico. También acude la golondina de mar collareja o embridada (sterna anaethetus); la tiñosa común (anous stolidus) es muy frecuente, al igual que la tiñosa picofina (anous tenuirostris), o el charrán blanco (gygis alba) cuyos pollos esperan inmóviles en las ramas a que vuelvan los padres para alimentarles con pequeños peces plateados. Volando en las alturas se puede ver al blanco rabijunco común (Phathon lepturus), con sus largas plumas de la cola como una estela, dándole un aspecto irreal. Tampoco faltan las siluetas de las fragatas (fregata minor) en el cielo, ni los chorlitos grises, y los chorlitos dorados o la cigüeñuela cangrejera en las playas.

Sterna fuscata con la luna llena en Bird Island. (© E.D.Uceta)

Sterna fuscata con la luna llena en Bird Island. (© E.D.Uceta)

Se pueden ver también mainás o estorninos asiáticos, tan comunes en todas las islas como las tórtolas estriadas o cebra que acuden a comer junto a los seres humanos, a los que no temen. La fodia roja de Madagascar, de la familia de los tejedores, es común, confiada, y su cabeza anaranjada está siempre presente en los lugares donde se encuentran las personas.

La naturaleza reina en Bird, pero también tiene su historia. Refugio de aves desde tiempo inmemorial, en ocasiones ha recogido náufragos, en ella se ha cultivado algodón y ha sido yacimiento de guano, de donde salieron 17.000 toneladas de excrementos de las aves en una década, la que va de 1895 a 1905. Su historia moderna procede de 1967, cuando la isla pasó a manos de Marie-France y de Guy Savy, enamorados de la belleza salvaje del lugar, que tardaron seis años en convertir la isla en un espacio de acogida para amantes de la naturaleza. Desde entonces, la isla ha recuperado y mantenido su pureza como refugio de aves y es un elemento capital de la ecología en Seychelles.

Marie-France Savy, propietaria y directora del Bird Island Lodge. (© E.D.Uceta)

Marie-France Savy, propietaria y directora del Bird Island Lodge. (© E.D.Uceta)

En la isla viven y trabajan 35 personas encargadas de mantener el lugar y de atender a las necesidades de menos de cincuenta clientes que ocupan las cabañas cuando la instalación está al completo. En la isla hay más hectáreas que habitantes, y la soledad prima en la relación con la naturaleza. Al frente de todo se encuentra Mari-France Savy, que con su discreción y energía mantiene el lugar prístino en su interés ecológico y en su respeto al medio natural. La mayor parte de lo que se consume procede de la propia isla, el pescado del mar, la carne de su pequeña granja, y las verduras.

Si las golondrinas de mar inundan el norte de la isla de mayo a octubre, todo el año hay abundancia y variedad de aves. Entre octubre y febrero llegan las tortugas marinas Hawksbill para depositar sus huevos, cuya protección garantizan los habitantes de la isla, que las ponen al margen del peligro de extinción. Nadie se aburre en Bird Island, la observación de aves se puede hacer participando en las excursiones guiadas por un ornitólogo o paseando libremente, combinadas con caminatas, baños en las playas solitarias, snorkel e inmersión con botellas. Es posible la navegación en torno a la isla, en barco o en kayak, la observación desde la barca de fondo de cristal, y el placer de acudir al bar bajo el porche antes de comer o cenar, leer el menú del día en la pizarra y tomar un refresco antes de degustar el abundante y sabroso buffet preparado en el momento.

Una de las cabañas de Bird Island Lodge. (© E.D.Uceta)

Una de las cabañas de Bird Island Lodge. (© E.D.Uceta)

La experiencia de llegar en un vuelo de media hora en avioneta desde Mahé, la isla principal, a poco más de cien kilómetros, es una aventura de imágenes fascinantes, y el aterrizaje en su pista de hierba pone un sabor de aventura en el viaje, logrando que el viaje a Bird Island supere todo lo imaginable. La naturaleza se muestra con toda su fuerza y esplendor, mientras las acogedoras cabañas tienen el perfecto equilibrio para resultar un refugio sin perder la sensación de que el viajero es un privilegiado intruso en el mismo corazón de una descomunal colonia de aves marinas. 

En las casitas de Bird Island Lodge no hay piscina, ni servicio de habitaciones. Tras las ventanas de celosías de madera no hay televisión, ni teléfono, ni aire acondicionado, ni llaves en las puertas. Tampoco se echan de menos. La ancha y cómoda cama con dosel, mosquitero y ventilador en su interior es el refugio perfecto para sentirse a gusto en una cabaña sobria, amplia y bien ventilada, creando una importante percepción de confort sin perder la sensación de estar inmerso en plena naturaleza.  Un lujo que no se mide en estrellas de hotel, pero al renunciar a la iluminación nocturna, la isla permite que se vean las hermosas constelaciones del sur desde cualquiera de sus espacios abiertos. Hay que dar gracias a sus dueños por hacer posible una experiencia como la de Bird Island.

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