El Puerto de Santa María: vinos, toros y literatura
La bahía de Cádiz está rodeada de un rosario de poblaciones que alfombran su litoral y que van desde Rota a la ciudad que le da nombre y ejerce de capital de la provincia. En este abanico abierto al mar destaca El Puerto de Santa María.
Si la riqueza de una población se mide tanto por sus parámetros económicos como por su valor histórico, artístico y cultural de El Puerto de Santa María bien puede enorgullecerse de su profunda raigambre literaria. En el lejano siglo XIII mereció ser evocada por el buen rey Alfonso X en las cantigas conocidas como el Cancionero de Santa María do Porto y mucho tiempo después dio dos glorias a la literatura española contemporánea: Rafael Alberti y Pedro Muñoz Seca.
Un busto del rey sabio recuerda junto al muro del castillo de San Marcos que Alfonso X, además de escribir sobre El Puerto, fue quien otorgó a sus habitantes en 1281 una carta puebla, mientras que sendas Fundaciones, que llevan los nombres de Alberti y Muñoz Seca, mantienen la llama de la obra y personalidad de ambos escritores portuenses y otro busto enaltece a Juan de la Cosa por haber publicado precisamente aquí en 1500 el primer mapa del nuevo Mundo.
PAISAJES DE EL PUERTO
El Puerto de Santa María, o sencillamente El Puerto para todos los gaditanos, es un municipio de algo más de 156 kilómetros cuadrados, situado en la desembocadura del río Guadalete. En su término se advierten dos espacios claramente diferenciados: una zona llana de marismas, como Los Toruños, campiñas y 16 kilómetros de playas y otra más elevada con colinas de hasta 40 metros entre las que destaca la sierra de San Cristóbal. En esta última zona se descubrió el yacimiento arqueológico fenicio de Doña Blanca.
El caso urbano nació junto a la orilla derecha del cauce fluvial y tiene una estructura rectilínea de calles paralelas y perpendiculares a éste, aunque la ciudad ha crecido y se ha desarrollado también en la orilla izquierda. Una serie de rotondas sucesivas reciben al visitante y de inmediato se inicia la calle de la Virgen de los Milagros, más conocida como la calle Larga. Por ella llegamos al centro. En un perímetro bastante reducido de espacio se concentra casi todo el patrimonio monumental de esta población, que no es poco. Después de haber doblado la esquina que ocupa la botica del farmacéutico José María Viqueira enfilamos la calle Palacio en cuyas aceras se alinean casonas señoriales de respetables fachadas e ilustres blasones. Una lápida nos recuerda que en el nº 57 se alojó en el otoño de 1828 Washington Irving y que entre sus cuatro paredes terminó de escribir “La conquista de Granada” y “Colón”.
Al punto alcanzamos la plaza de España con su imagen de la Virgen Inmaculada y la soberbia fachada de su iglesia prioral cuya construcción se inició en el siglo XV a instancias del duque de Medinaceli en lo que era la zona de extramuros de la ciudad medieval, aunque tardó siglo y medio en culminar su fábrica. A la salida y junto a la puerta principal otra capilla exterior llamada de la Aurora.
LA PLAZA DE TOROS Y EL CASTILLO
La calle de Santa Lucía nos lleva directamente a la plaza de toros de la que Joselito dijo “quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día de toros” como recuerda un azulejo. Construida en 1880, sustituyó a la antigua plaza de las Galeras y en su coso han toreado Lagartijo, Mazzantini, Guerrita, Machaquito, Belmonte, los Ordóñez y Bienvenida, Manolete, Dominguín y el Cordobés.
Por la calle de los Moros, donde están las bodegas de Osborne, vamos en busca del cauce del Guadalete, pero torcemos a medio camino para visitar el castillo de San Marcos, un verdadero libro en piedra de la historia de El Puerto. Construido durante la época musulmana como mezquita fue transformado tras la conquista cristiana por Alfonso X el Sabio en iglesia fortaleza y dotado con un total de ocho torres.
EL GUADALETE
Un callejón a uno de cuyos lados observamos la antigua aduana ducal nos lleva, después de haber atravesado la avenida de Micaela Aramburu, donde está el antiguo hospital de San Juan de Dios, al encuentro del río, cuyas aguas discurren plácidas.
Sigue funcionando el vaporcito Adriano, el tercero desde que en 1929 empezó el primero de la serie cubriendo la singladura El Puerto-Cádiz. Su silueta es un elemento más del paisaje portuense y a bordo se rodaron escenas de películas como “La Lola se va a los puertos” y “La becerrada”. Los apresurados utilizan el nuevo servicio regular de pasajeros servido por catamaranes y mantenido por la Junta de Andalucía, que llega a Cádiz en 25 minutos.
Cada actividad tiene su momento en esta ciudad que hunde sus raíces en una historia muy rica y que se enorgullece con toda razón de su estirpe nobiliaria, taurina, enológica, marinera y literaria.












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