Polonia, historia y naturaleza

Plaza principal de Cracovia, Polonia

Plaza principal de Cracovia, Polonia

La gran llanura polaca cuenta con una historia formidable, desde los caballeros teutones a las ciudades comerciales del Báltico integradas en la Hansa, que permitieron el nacimiento de una próspera burguesía amante del arte. Ciudades que marcan el itinerario vital de Copérnico, la mayor figura científica de Polonia. El catolicismo preside la vida cotidiana en este país eminentemente rural que limita al norte con el Báltico y al sur con las montañas que lo separan de Chequia, y que presenta una fascinante mezcla del mundo eslavo con las influencias mediterráneas llegadas desde Italia. 

Cracovia, corazón de Polonia

Cracovia se convirtió en la primera capital del reino de Polonia en el siglo XI. Desde entonces se fue llenando de monumentos formidables. La ciudad apenas sufrió daños durante la Segunda Guerra Mundial, y hoy se mantiene como el mejor conjunto arquitectónico del país. Los edificios de la colina Wawel son el compendio de la historia de Polonia, donde monarquía y catolicismo van unidos desde el siglo X, siendo la religión una las principales señas de identidad de Polonia. En su historia destaca Casimiro III el Grande, restaurador de la monarquía polaca en 1333, de quien se dice que encontró una Polonia con edificios de madera y la dejó construida en piedra. A él se debe el palacio Real, sede de la monarquía durante tres siglos, hasta que la capital se trasladó a Varsovia, pero Cracovia siguió siendo el emblema de la monarquía, donde se coronaban y se enterraban los monarcas.

La accidentada historia de Polonia, una llanura sometida a las invasiones del este y las expansiones desde el oeste, incluye desde 1572, la inusual elección “democrática” del monarca a través de un Parlamento formado por la nobleza. En 1795, desapareció el país, y se repartió su territorio entre Rusia, Prusia y Austria. En 1918 se constituyó la República Polaca, que sólo existió hasta la II Guerra Mundial, reapareciendo tras la misma con el nombre de República Democrática Popular de Polonia.

Cracovia fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1978, como una de las 12 ciudades más valiosas del mundo. La plaza del Mercado es una de sus maravillas. Un cuadrado de 200 metros de lado, cuajado de templos y palacios, que se ha convertido en el centro de animación de la ciudad. En su centro se levanta la Lonja de los Paños, sobre el mismo lugar que ocupara anteriormente un mercado al aire libre. Hoy sigue siendo mercado de artesanos que ofrecen los productos de Cracovia y de su entorno. La Lonja está en el origen y en el centro de una ciudad histórica incomparable, cuajada de palacios y de templos cristianos, de conventos y casas de mercaderes, de residencias universitarias y de locales de diversión que invitan a ser disfrutadas sin prisas. 

Fundada en el siglo XIII, la iglesia de Santa María sería destruida por los tártaros y reconstruida a principios del siglo XV. Sus dos torres son diferentes, gótica la más alta y renacentista la de menor tamaño. El retablo realizado por Veit Stoss para el templo de Santa María a finales del siglo XV se considera una joya de la escultura gótica europea, realizada en madera de tilo. Las delicadas figuras tienen en algunos casos más de dos metros de altura. El visitante descubrirá en torno a la iglesia de Santa María otros espacios urbanos llenos de encanto medieval.

La reputación de Cracovia como uno de los focos culturales de Europa va unida a la existencia de su universidad, una de las más antiguas del continente, y segunda de Europa Central tras la de Praga. Fue fundada por Casimiro III el Grande, pero debe su grandeza a Ladislao Jagellón, por lo que todavía se conoce la institución como Universidad Jagellona. En el Collegium Majus se viene dando clase desde el año 1400, sin interrupción, y por estos patios ha caminado el profesor de astronomía Copérnico, el dramaturgo y futuro papa Karol Woytila y, según la leyenda, el Doctor Fausto que inspiró la inmortal obra de Goethe.

Paisaje en las montañas de Zakopane. (© E.D.Uceta)

Paisaje en las montañas de Zakopane. (© E.D.Uceta)

La presencia de judíos en Cracovia siempre ha sido muy numerosa. En el barrio de Kazimierz vivía la mayoría de esta comunidad, cuyo recuerdo se guarda en la Vieja Sinagoga, convertida hoy en Museo Judío. Uno de cada cuatro habitantes de Cracovia era judío a comienzos de la segunda guerra mundial, cuando los nazis convirtieron el barrio en un gueto en el que encerraron a 68.000 personas. Millares de ellos murieron allí, y el resto fue deportado a campos de concentración.

Cerca de Cracovia se encuentran las Minas de Sal de Wielicka, el primer monumento polaco que mereció su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Doscientos kilómetros de galerías perforan la montaña hasta profundidades de más de trescientos metros, y todavía sigue explotándose su filón de sal. La religiosidad y el espíritu artístico de los polacos han convertido parte de la mina de sal en un formidable museo y en un templo subterráneo.

Zakopane y Zcestochowa, el sur

En el sur de Polonia, donde se dibuja la frontera con Eslovaquia, se levantan los Tatras, las montañas más bellas del país. Los Tatras forman un parque natural compartido con el país vecino y salpicado por 100 lagos alpinos. Zakopane es la capital de la zona, y se ha convertido en un destino turístico muy popular por su naturaleza y por sus pistas de esquí. En torno a Zakopane se encuentran pueblos tan encantadores como Chocholów, con la mejor colección de casas de madera realizadas en el estilo montañés de Podale, construidas por completo con piezas de madera trabadas sin clavos.

Durante el verano, los caminos que llevan hasta Czestochowa están llenos de peregrinos que se dirigen al santuario de Jasna Gora (Montaña Luminosa) para venerar a la Virgen Negra, patrona de Polonia. Czestochowa es uno de los principales santuarios de la Europa católica, el quinto más visitado del planeta tras Benarés, La Meca, Lourdes y Roma. El monasterio se levantó en el siglo XIV y la imagen de la virgen rápidamente ganó fama de milagrosa. La pasión de los polacos por la Virgen les llevó a nombrarla Reina de Polonia.

Plaza central en Gdansk, Polonia. (© E.D.Uceta)

Plaza central en Gdansk, Polonia. (© E.D.Uceta)

La costa báltica

 

En Gdansk se encuentra el mayor puerto de Polonia, una ciudad nacida para el comercio en la desembocadura del Vístula y que todavía hoy cuenta con los mayores astilleros del Báltico. La rebelión contra el sistema comunista empezó en Gdansk, la antigua Danzig, que siempre había sido una ciudad de comerciantes y ricos burgueses. En el siglo XIII se unió a la liga hanseática. Los caballeros teutones la conquistaron y destruyeron, pero más tarde, a mediados del siglo XV, recuperó su esplendor bajo la corona polaca. Como un emblema de la importancia de su puerto se conserva la grúa construida en 1444. Gracias a su ingenioso mecanismo, un solo hombre, caminando en el interior de su rueda, podía levantar dos toneladas.

El centro histórico es magnífico, lleno de edificios medievales, renacentistas y barrocos. No hay que perderse el impresionante templo de Santa María, una de las mayores iglesias del mundo, que tardó siglo y medio en construirse y se terminó en 1502. El inmenso espacio interior tiene más de cien metros de largo y es capaz de acoger a 25.000 personas. Entre las obras de arte destaca el altar mayor, la imagen de la Schöne Madonna, y el sorprendente reloj astronómico que embelesa al público cada hora.

El casco histórico de Gdansk está considerado como uno de los más hermosos del norte de Europa. Los viajeros llenan las calles de la ciudad vieja, donde las casas burguesas se han convertido en tiendas rebosantes de bordados, cristal y de la más original de las producciones del Báltico polaco: el ámbar. Una resina fósil abundante en las playas del norte que se pule primorosamente en los talleres de Gdansk siguiendo técnicas muy antiguas.

Patio del castillo de Malbork, Polonia. (© E.D.Uceta)

Patio del castillo de Malbork, Polonia. (© E.D.Uceta)

La región de los lagos

 

El nordeste de Polonia se conoce como la Tierra de los Mil Lagos, una región lacustre cubierta de bosques que es el pulmón del país. En el corazón de la Polonia verde, rodeada de lagos, la ciudad de Olsztyn recuerda su historia compartida entre Polonia y Prusia. Como otras muchas ciudades polacas, Olsztyn quedó destruida tras la segunda guerra mundial, y ha sido completamente reconstruida en su núcleo histórico, recuperando el encanto medieval en sus calles y plazas peatonales.

Considerado como el paraíso de los piragüistas y de los amantes de la vela, la gran extensión y complejidad del laberinto lacustre del nordeste de Polonia permite enlazar largos itinerarios de lago en lago, en los que se puede encontrar un rincón para cada afición.

Las tierras del Báltico fueron dominadas desde el siglo XIII hasta principios del XV por la Orden de los Caballeros Teutones, una orden religiosa de carácter militar que expulsó a las tribus prusianas y se alió con las ciudades hanseáticas del norte de Alemania. En Malbork levantaron la residencia del Gran Maestre y construyeron uno de los mejores castillos de Europa desde el que controlaban un vasto territorio dominado por un centenar de fortalezas.

Varsovia, plaza del Mercado, Polonia. (© E.D.Uceta)

Varsovia, plaza del Mercado, Polonia. (© E.D.Uceta)

Varsovia

 

Varsovia está bañada por el río Vístula. La capital de Polonia, cuenta con rascacielos y torres de oficinas, entre las que destaca el Palacio de la  Cultura, herencia de la influencia soviética, que ha sido durante décadas el mayor edificio de la ciudad. El centro de Varsovia aparece sembrado de edificios barrocos y neoclásicos, en especial el Camino Real que se considera la calle más hermosa de Polonia a la que asoman la mayoría de los edificios institucionales, desde los atlantes de la fachada del palacio Tyszkiewicz al palacio de los Primados de Polonia; del barroco tardío de  la iglesia de las Visitadoras al clasicismo del palacio Staszic, ocupado por la Academia Polaca de Ciencias.

El parque y el monumento dedicados al soldado desconocido tienen mucho sentido en Varsovia, ya que mantiene viva la memoria de la devastadora guerra mundial que arrasó el país. Al terminar la guerra, 800.000 habitantes de Varsovia habían perdido la vida, cifra que ascendía a seis millones de personas en toda Polonia. 

Durante dos siglos -el XVII y el XVIII- Varsovia se convirtió en una de las grandes capitales europeas llena de palacios y casas burguesas con fachadas ricamente trabajadas, pero el centro de Varsovia resultó completamente destruido durante la segunda guerra mundial. Los polacos decidieron reconstruirlo todo tal como estaba antes de la guerra, y en un plazo increíblemente breve de tres años volvieron a levantar con voluntarios cada una de las casas en las que estaba escrita la historia de la ciudad.

Casa natal de Chopin, Zelazowa Wola, Polonia. (© E.D.Uceta)

Casa natal de Chopin, Zelazowa Wola, Polonia. (© E.D.Uceta)

Todo lo que vemos en la plaza del Mercado es nuevo, incluida la fuente de la sirena que nos recuerda el mito de la creación de Varsovia por dos hermanos pescadores, llamados Wars y Sawa, a los que una sirena ordenó levantar allí la ciudad. Las casas del centro recuperaron su aspecto renacentista y barroco, resurgieron los revocos a la italiana y los esgrafiados, y la decoración de las fachadas volvió a ser la original. El titánico esfuerzo de reconstruir el centro de Varsovia ha merecido su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y se ha convertido en una visita obligada de los viajeros a Polonia. La Plaza del Mercado es un escenario perpetuo de actos culturales al aire libre, y está siempre animada. El palacio real de Varsovia es el mejor museo de historia de Polonia.

La magia del piano de Chopin también parece insensible al paso del tiempo. Donde suenan sus notas los polacos se detienen y parecen escuchar sus propios sentimientos. La casa natal del compositor polaco se conserva en Zelazowa Wola, donde trabajaba su padre como profesor de francés. Escenario de conciertos, quizá sirva como banda sonora para la evocación y para el presente de una Polonia, siempre renaciente, que se enfrenta a su mejor futuro, plena de historia y de realidades.

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