La costa de Estoril-Cascais, pionera del turismo europeo

Es cosa bien sabida que algunos de los destinos turísticos más elegantes y tradicionales del continente europeo deben su fama a la decisión de algún monarca de pasar en ellos su período vacacional. Hendaya y la costa vasco-francesa son tributarios de la elección que hizo en su día la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, del mismo modo que San Sebastián recuerda con orgullo haber sido elegida por la reina regente, Doña María Cristina de Austria, como sede de la corte estival. Motril fue el lugar escogido, para pasar discretamente sus vacaciones, por los reyes Balduino y Fabiola de Bélgica, mientras que la emperatriz Zita vivió su exilio en Zarauz, después de haber enterrado a su esposo en Madeira. Y, en fin, o será ocioso recordar que ahora mismo la isla de Mallorca tiene en los componentes de la familia real española a sus más ilustres visitantes, cuya presencia es esperada cada verano como factor clave de la dinamización del turismo insular.

Pues bien, la costa atlántica situada en la desembocadura del río Tajo, que pertenece al término municipal de Cascais, se convirtió en destino vacacional a partir del momento en que el rey Luis I decidió, en 1870, pasar sus vacaciones en ella. La costa de Estoril-Cascais, conocida antaño como la costa del sol portuguesa, se inicia por oriente en Oeiras y llega al cabo da Roca, que es el punto más occidental del continente europeo, del que Camôens dijo que era el lugar “donde la tierra acaba y empieza el mar”.

EL CASO URBANO DE CASCAIS

Aunque el término municipal de Cascais incluye varios núcleos poblacionales, entre ellos el de Estoril, donde está el casino, el centro urbano que responde a ese nombre se halla al pie de la ciudadela y junto a las playas de Ribeiras o de los Pescadores y de Rainha. La población primitiva se ha expandido con amplias zonas residenciales en su derredor, pero aún así sigue teniendo un delicioso sabor de pueblecito marinero entremezclado con un aire internacional y cosmopolita. Junto a la antigua viviendas de pescadores, mansiones señoriales como el palacio de condes de Guarda, con el magnífico revestimiento cerámico de su fachada, que es la sede del ayuntamiento, el Paço do Concelho, las espléndidas mansiones de la avenida de Don Carlos I, el palacete de los duques de Palmela en la playa de Conceiçao, o el palacio de los condes de Castro Guimarâes en el parque de Gandarinhas, que es ahora museo municipal y guarda un espléndido órgano, así como piezas arqueológicas y de mobiliario indo-portugués. La residencia del último de los Saboyas reinantes, Humberto I, Villa Italia, ha sido abierta como hotel de lujo.

La fe de los portugueses se expresa en numerosos templos como la iglesia de los Navegantes, del siglo XVIII y planta octogonal en cuyo interior se veneran los patrones de la ciudad, la Virgen de esa advocación y Sâo Pedro Gonzálves; la de Nuestra señora de la Asunción, de estilo manuelino, la de la Misericordia y la capilla de San Sebastián, con una cruz delante de 1628. Pasear por el centro urbano de Cascais es un descubrimiento constante de bellas casonas veraniegas, algunas de las cuales han sido reconvertidas en hoteles con encanto.

LA BOCA DO INFERNO

Más allá del parque de Gandarinha y en la carretera que se dirige por la costa hacia el oeste se encuentra un accidente orográfico espectacular: la Boca do Inferno. Se trata de un acantilado sobre el mar en el que la roca ha sido horadada por la acción incesante de las olas, que rompen con estrépito contra ella y han abierto una ventana natural de grandes dimensiones. Ciudad marinera, Cascais tiene en su línea costera algunos faros memorables y se enorgullece de haber sido la primera ciudad portuguesa en disponer de ellos. Cabe destacar el de Guía, una torre de piedra octogonal de 28 metros cuya luz alcanza las 19 millas y el de santa Marta, una torre cuadrangular de 20 metros y 18 millas de cobertura. Todo ello muy cerca de Lisboa y en las proximidades del parque natural de Sintra-Cascais, un espacio de 20.000 hectáreas de extraordinarias condiciones geomorfológicas, paisajísticas y ambientales.

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