Sicilia y las Islas Eolias

La costa siciliana, Taormina, Italia. (© E.D.Uceta)

La costa siciliana, Taormina, Italia. (© E.D.Uceta)

Las islas Eolias están de moda entre los viajeros más sofisticados. Su salvaje aspereza en torno a los conos volcánicos activos posee una fuerza primitiva y una belleza muy distantes del mundo urbano. No es extraño que algunos artistas y diseñadores como Dolce & Gabbana se hayan construido una casa bajo el volcán, en Estrómboli, enamorados de la violencia del paisaje y del anacrónico aislamiento de estas islas situadas al noreste de Sicilia.

 

Para llegar a ver las erupciones del volcán Estrómboli desde las frías noches de su cima hay que ir primero a Sicilia. La más hermosa y diversa de las islas del Mediterráneo sigue siendo un escenario apasionante para descubrir la mezcla de culturas que han recorrido el Mare Nostrum. No hay isla tan compleja, espectacular, contradictoria, rica en contenidos y en placeres como Sicilia. Romántica, intensa y seductora, condensa civilizaciones, monumentos, playas, volcanes y vida popular para envolver al viajero en su mágica atmósfera. 

En Sicilia un perfume árabe parece flotar en el aire mezclado con otros aromas griegos, romanos, normandos, fran­ceses y españoles. Todos los que creyeron dominar la isla dejaron en ella parte de sí mismos. La presencia de palmeras, olivos, naranjos y limoneros junto a las ruinas de las viejas civilizaciones mediterráneas nos sumerge en el mundo clásico. El mayor placer será olvidar la lista de monumen­tos y encontrarlos paseando por ciudades y pueblos donde se sigue viviendo en la calle y guardando los secretos en casa. Las bellezas de Sicilia están cerca de la costa, y es recomendable dar la vuelta a la isla en una semana bien aprovechada. 

Las villas de Taormina con el Etna al fondo. (© E.D.Uceta)

Las villas de Taormina con el Etna al fondo. (© E.D.Uceta)

Si hubiera que escoger un solo lugar en la isla la elección recaería en Taormina, encaramada en el monte Tauro, con un formidable teatro grecorromano, asomada en balcón sobre la bahía de Giar­dini-Naxos y frente a la silueta del volcán Etna, todavía activo, coronado por la nieve. Durante más de un siglo ha sido lugar de veraneo de la alta sociedad europea que ha llenado el lugar de elegantes villas. Pasear por sus miradores y sentarse en el Wunderbar entre la gente guapa en el lugar de encuentro de Liz Taylor y Richard Burton será uno de los momentos especiales del viaje. Se puede intentar subir al Etna, el volcán más alto de Europa, entre coladas de lava negra cubiertas de viñedos. 

Catania fue destruida por el Etna y reconstruida en espléndido estilo barroco. En la casa romana de Villa del Casale, en Piazza Armerina, se encuentran las primeras representaciones de mujeres con bikini. Y en Siracusa no hay que perderse el espectacular Museo Arqueológico y el conjunto del Teatro Griego, la gruta llamada Oreja de Dioniso y el An­fiteatro romano. 

Templo de la Concordia, Agrigento. (© E.D.Uceta)

Templo de la Concordia, Agrigento. (© E.D.Uceta)

La maravilla del sur es el Valle de los Templos de Agrigento, acaso el mejor conjunto de templos griegos del mundo, que se levantan en una ladera colgada sobre el Mediter­ráneo en un conjunto capaz de emocionar al más in­diferente. Aunque no son los únicos, ya que Selinunte cuenta con una acrópolis y varios templos griegos a orillas del mar. 

En Palermo se unen la riqueza y la miseria, 80 iglesias y 50 palacios árabes, normandos, catalanes y franceses se agolpan en la ciudad vieja. Lo mejor: la catedral, San Giovanni degli Eremiti, y el Palacio de los Normandos con los espec­taculares mosaicos del siglo XII de su Capilla Palatina, que se ha considerado la obra más perfecta del arte cristiano. Vale la pena entrar en el caos de la Kalsa, un barrio destrozado durante la última guerra, de una profunda pobreza en la que surgen como milagros las iglesias barrocas. Desde Palermo hay que ir a Monreale (8 kms.) para conocer los extraor­dinarios mosaicos de la catedral, donde Zefirelli filmó su Hermano sol, hermana luna haciéndola pasar por el Vaticano medieval y asombrando al mundo con sus imágenes. 

Cefalú es la ciudad más elegante y armoniosa de la costa norte, con su precioso puerto de pescadores y las casas apretadas al pie de la Rocca, casi voladas sobre el mar. En su catedral hay magníficos mosaicos del XII, y tiene estupendas playas. En el extremo noreste se encuentra Milazzo, el puerto del que salen los transbordadores que recorren las fascinantes islas Eolias, una etapa imprescindible en el viaje siciliano. 

Las islas Eolias, Italia. (© E.D.Uceta)

Las islas Eolias, Italia. (© E.D.Uceta)

Siete pequeñas islas volcánicas ásperas y solitarias, pobladas tan solo por pescadores, se agrupan en el Mar Tirreno. La mitología clásica situaba en ellas la residencia del dios del viento, Eolo, y del dios del fuego, Vulcano, nombre de la primera isla coronada por un cráter de fácil acceso. En Lípari destacan los acantilados blancos y las negras venas de roca fundida que surgieron del volcán. En Salina se rodó la película El cartero y Pablo Neruda, y es propicia para el baño en sus estrechas playas al pie de los acantilados. Panarea es la más aristocrática de todas, mientras que Filicudi y Alicudi son la más remotas y menos visitadas. 

Estrómboli merece especial atención. Su volcán está en erupción constante desde hace al menos dos mil años, y periódicamente se enfurece sin compasión de sus habitantes. Su población apenas llega a los 500 residentes, pero atrae a algunos artistas bohemios que han comprado casas en las abruptas laderas oscuras que se asoman los pedregales del litoral en los que se abre alguna playa de arena negra. En Estrómboli sólo tienen electricidad los hoteles y restaurantes, no se ven coches y los carromatos se detienen al caer la noche, cuando las calles quedan a oscuras. Es el momento en el que algunos emprenden la subida nocturna de tres horas hasta el cráter del volcán, a la luz de las linternas, para asistir en primera fila a la descomunal e incesante erupción desde su cima. 

Lava, gases y explosiones forman un espectáculo sobrecogedor y emocionante, no exento de riesgos, en un ambiente de olores sulfurosos. Los más tenaces permanecen toda la noche contemplando el mágico despliegue natural de luz y sonido hasta que la claridad del amanecer resta fuerza al brillo de la lava. Otros contemplan las erupciones desde los barcos que se sitúan frente a La Sciara del Fuoco para ver la caída de los materiales del cráter por la ladera. Roberto Rosellini e Ingrid Bergman hicieron famosa la isla en el mundo con su claustrofóbico film Strómboli, terra di Dio (1949). Ahora, Dolce & Gabbana han atraído las miradas de muchos, aunque los buenos navegantes saben que alquilar un velero para recorrer la Eolias es una de las mejores opciones de navegación en el Mediterráneo, contemplando desde el mar, en la noche, el volcán Estrómboli coronado por un penacho rojizo.