Ginebra, glamour suizo
Ginebra, en Suiza, es uno de los lugares favoritos del dinero en Europa. Le gusta viajar hasta allí y quedarse. Y también a quienes lo llevan, porque es uno de los destinos de lujo en el continente. Hoteles formidables, tiendas de lujo y alta calidad de vida parecen formar parte del espíritu de sus ciudadanos. La tranquilidad y el placer de vivir parecen tener allí un refugio, a orillas del lago Leman, en la parte occidental de Suiza, la francófona, muy cerca de las pistas de esquí más lujosas del mundo.
Cuando se viaja por Suiza, sobre todo a Ginebra o a Zurich, a arquitectura es preciosa, la naturaleza está impecablemente cuidada, pero lo que hace estas ciudades diferentes es la presencia discreta de grandes cantidades de dinero y poder. Suiza parece un país muy normal, ordenado, tranquilo y pacífico, pero en realidad es un país excepcional, un lugar que no se parece a ningún otro, que está en el corazón de Europa y que no pertenece a la Comunidad Europea, ni siquiera participó en las guerras mundiales, y por él pasan los negocios más exclusivos de las finanzas, del arte y de los organismos internacionales vinculados a las Naciones Unidas, que tienen en Ginebra la mayor de las sedes internacionales después de la de Nueva York.
Suiza también es un país especial por la configuración extremadamente montañosa y por la influencia que recibe de sus vecinos, porque es como una isla bañada por tres mares, uno alemán, otro italiano y otro francés, y la propia Suiza se puede dividir en territorios influidos por cada una de ellas. Ginebra es la capital suiza de la parte francófona, la más próxima a Francia y la que más relación tiene con este país, con el glamour y con las grandes marcas del consumo de alto nivel, como si fuera una versión comprimida de lo más exclusivo que se puede encontrar en la capital francesa. El diseño suizo también tiene sus grandes marcas, sobre todo en el campo de la relojería, en el que fabrican relojes-joya extraordinarios. Ginebra está considerada como la ciudad con más alta calidad de vida del mundo, junto a Zurich, a la que probablemente supere en encanto.
Ginebra es una ciudad con un centro muy llano, situado a orillas del enorme lago Leman en el que se reflejan las montañas. El centro de Ginebra es casi un paseo marítimo asomado al lago que está lleno de veleros. Suiza, gracias a sus lagos, es el país del mundo que, sin tener costas marinas, cuenta con una mayor densidad de barcos por habitante. El emblema de Ginebra es el Jet d’Eau, el chorro de agua que sale del lago a más de 200 km/h, se eleva 140 metros, y se ve desde toda la costa urbana. Es curioso recordar que esta apacible ciudad suiza fue capital del reino de Borgoña, que también acogió a Calvino, y se convirtió en centro europeo del protestantismo. La ciudad pertenece a Suiza desde 1815, cuando se unió a la Confederación Helvética.
Además ser una ciudad suiza es también una ciudad universal por el número tan elevado de organismos internacionales que tienen allí su sede. Allí estuvo la sede de la Sociedad de Naciones hasta 1947, y su sucesora, la ONU, tiene en Ginebra su segunda sede mundial. En Ginebra está el cuartel general del Comité Internacional de la Cruz Roja, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional del Trabajo, la del Comercio, la de la Salud, la de las Telecomunicaciones, la de la Propiedad Intelectual, pero viendo la calidad de vida del lugar, no cabe esperar que los miembros de estos dignos organismos sean muy partidarios de que realmente cambien las cosas en el mundo. Muchos de estos organismos han llegado a Suiza porque es uno de los países más neutrales del mundo, el menos afectado negativamente por las guerras, al revés, se ha beneficiado de todas ellas, porque el dinero busca la seguridad de sus bancos y fronteras.
Todas las sensaciones que transmite la ciudad son positivas, la perfecta limpieza y conservación de los edificios, los silenciosos, apacibles y ecológicos tranvías, las amplias calles peatonales, los lujosos y exquisitos escaparates, la mezcla de precisión y calidad de los servicios públicos, y una amplia penetración de la cultura en la vida cotidiana como producto resultante de la riqueza. Ginebra es la ciudad del mundo que dedica mayor porcentaje de su presupuesto a la cultura, en torno a un 20 %. La ciudad está llena de museos, teatros, auditorios, y galerías de arte.
En la Plaza Nueva (Place Neuf) se reúnen el Grand Théâtre, sede de la Ópera, el Conservatorio y el Museo Rath que ofrece las exposiciones temporales más espectaculares. Tienen un total de cuarenta museos para una ciudad que no es tan grande, orquestas, ballet propio, realmente mucha gente ama la cultura, invierte en arte y lo disfruta. En esta ciudad vivió Borges durante la Primera Guerra Mundial y en ella pasó la mayor parte de su vida antes de morir, allí está enterrado, como el actor Richard Burton. En Ginebra empezó su negocio Davidoff, el fabricante de cigarros, desde la tienda de tabaco de su padre que tuvo como cliente a Lenin, y muchos artistas, banqueros y políticos han vivido en la ciudad, han paseado por su puerto, han visto la catedral de San Pedro, en la que hay que subirse a la torre para tener una vista increíble, han visitado el Muro de los Reformadores, la Place de Bourg de Four, con edificios del siglo XVI, una plaza bastante popular, y la iglesia ortodoxa rusa.
En la ciudad de los relojes, hay curiosos relojes urbanos, como el de flores del Jardín Inglés, el del pasaje Malbuisson con su carillón y su desfile de figuras, el solar y laser de la orilla derecha. En Ginebra hay un edificio de Le Corbusier llamado La Clarté por la claridad, la luz que entra a través de sus paredes de vidrio. Los miércoles y sábados instalan un mercadillo en la Plaine de Plainpalais, lleno de anticuarios y brocantes, algunos de ellos aficionados. Son muy recomendables los cruceros en el lago Léman, de una hora, de toda la tarde, de día completo o gastronómicos, para descubrir las maravillosas villas de las orillas del lago, como las del Aga Khan, de los Rothschild, y de otros millonarios.
Iberia vuela directamente a Ginebra con cuatro vuelos diarios, y cuenta con una clase business de calidad. Que puede ser la mejor entrada al mundo de lujo de Ginebra, con hoteles formidables como es Le Richemond, una joya de la hostelería suiza ahora en manos de los hoteles Rocco Forte. Pertenece a The Collection y acaba de ser totalmente reformado. Ha recuperado el glamour que tenía cuando por sus alfombras pisaban gentes como Chagall, Miró, Charles Chaplin, cuando Colette se instaló en él para escribir su última novela Le Fanal Bleu, y más tarde Tom Cruise, Richard Gere o Sharon Stone. Un hotel al borde del lago, con vistas sobre el casco viejo, la catedral, los Alpes y el Mont Blanc, a un paso de la Rue du Rhône, la verdadera calle de los negocios en Ginebra, y en la zona también de tiendas de lujo. Merece la visita incluso para quienes no se alojen en él, para comprobar una de las obras más redondas del diseñador John Stefanidis.
















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