Tánger, puerta de África
No es extraña la atracción que Tánger ejerció sobre escritores, artistas y músicos. La nómina de los primeros es ciertamente excepcional, con Paul Bowles en lugar de honor. Llegó por primera vez en 1931 a instancias de Gertrude Stein y se estableció de forma permanente y hasta su muerte en 1947. Pero hay que recordar también los nombres de Samuel Becket, Jean Genet, William Borrougs, Françoise Sagan, Truman Capote Teneesse Willimams, Paul Morand, Joe Orton y Ángel Vázquez, así como otros autóctonos, tales Tahar ben Jelún, que nació en Fez pero se crió en Tánger, Mohamed Mrbet y Mohamed Chrukri. Aunque el más famoso de todos sea el sabio Ibn Batuta, autor del famoso manuscrito que se conserva en la biblioteca nacional de París. Paralelamente los paisajes, el aire y los misterios de Tánger inspiraron la obra de Matisse y Bacon, el chileno Bravo y lo españoles Ramis, Hernández y Bertucchi. Es perfectamente comprensible que con todos estos factores contribuyeran a convertir Tánger en toda una leyenda en si misma.
TÁNGER HOY
El paseo marítimo que bordea la playa y llega hasta el puerto conservó hasta principios del siglo XXI los nombres de calle Malabata, avenida de las FAR y avenida de España en cada uno de sus tramos pero en la primavera de 2007 ha sido unificado bajo la advocación del monarca reinante, Mohamed VI. En el tramo final de la antigua avenida de España arranca de Salah Edin Ayubi, que en el pasado fue conocida como la cuesta de la Playa y en la que hubo numerosos hoteles y viviendas españolas. Lo recuerda el todavía abierto Hotel Valencia y una espléndida villa Adelina, que debió ser de familia principal, así como la supervivencia en una calle lateral, que fue de Esperanza Orellana y ahora se llama Anual, de la obra de fábrica del Teatro Cervantes.
Un poco más adelante el caminante se da de bruces con un severo edificio cuyo rótulo recuerda que aquí estuvieron las escuelas españolas de Alfonso XIII, construidas en 1912 por la fundación Casa Riera.
EL ZOCO GRANDE
Después de haber cruzado la calle de Portugal desembocamos en el Zoco Grande, una inmensa plaza adjetivada ahora del 9 de abril. El antiguo mercado ha desaparecido y el Gran Zoco fue hasta ayer mismo aparcamiento de vehículos, aunque su centro ha sido recuperado como espacio ajardinado. Junto al cine Rif y en una zona algo elevada a la que se accede por unas escaleras hay un mirador que permite contemplar una excelente vista de la plaza. A sus espaldas, el centro comunal de mujeres, patrocinado por el ayuntamiento de Madrid, en el que 120 marroquíes aprenden toda suerte de conocimientos: desde la ancestral artesanía del telar a informática.
Hay que atravesar la plaza de corrido, no sin admirar la esbelta figura de la mezquita de Sidi Buabid y el palacio de la Mandubía –donde vivía durante la época internacional el representante del sultán y está ahora el Tribunal de Comercio- con un espléndido ficus gigante en su jardín.
EL ZOCO CHICO
Al otro lado de la plaza la puerta de Bab Fendak Zra abre el acceso a la medina por la calle de Siagine o de los joyeros, que desemboca en el Zoco Chico. Por el camino, la iglesia española de la Concepción, que data de 1880 y sigue abierta al culto y un comercio que debió vivir mejores épocas y en cuya fachada reza “Grandes almacenes Alcalá, tejidos y novedades”. El Zoco Chico es una placita diminuta pero llena de encanto, con el hotel Fuentes, ahora rebajado a la categoría de pensión, en el que se alojó el músico Saint Säens y el famoso café Tingis, fundado en el siglo XIX por el español Juan Montero. Un viejo rótulo recuerda que aquí se sirve “todo siempre rápido y fresco”.
Mohamed lleva 25 años como camarero y recuerda que sirvió a muchos personajes que desfilaron por estos pagos. En particular a Paul Bowles, que venía casi a diario, se tomaba un té o un café, conversaba con amigos y conocidos y se solazaba con la visión de los turbadores adolescentes tangerinos. De esa placita arranca la calle de la Marina que va hasta el lienzo de muralla de la medina que da sobre el mar y tiene en uno de sus lados la impresionante Gran mezquita.
Después de haber observado el intenso tráfico portuario y de haber visitado, junto a ese mismo lienzo de muralla, el hotel Continental, donde estuvo Humphrey Bogart y Bertolucci rodó escenas de “El cielo protector”, que guarda todavía parte de su antiguo esplendor, el paseante puede sumergirse de nuevo por los callejones y solazarse con el descubrimiento de hornos de paz, talleres de alfarería y cerámica, telares y pequeños cafés frecuentados sólo por hombres.
LA KASBA
Poco a poco el viajero llega al fin a la puerta de Bab Haha por la que entra en la kasba. La plaza de Mechoir ciñe por un lado el palacio del sultán y por el otro la muralla por su lienzo septentrional, de la que se sale por la puerta de Bab Bhar para ver el estrecho de Gibraltar a los pies. En un callejón lateral el museo de Dar al Majzén y más adelante la mezquita Jadida con su curioso minarete octogonal.
El itinerario por la medina sigue entreverado de nuevas calles, pequeñas plazas y rincones, cuestas y escaleras hasta desembocar en una calle algo más ancha con dos testimonios de raíz española, el cine Alcázar, abandonado, y el café Colón, que sigue abierto y muy animado. Y ya estamos de nuevo de regreso en el Gran Zoco desde donde el paseante podrá continuar su recorrido por la ciudad moderna e ir por la calle de la Libertad en la que pasará junto al hotel El Minzah y la “Pastelería La Española” cuyos escaparates, a pesar del nombre, ofrecen repostería más de aspecto magrebí. Tánger ya no es una ciudad codiciada por las potencias sino, lo que es mucho mejor, por los turistas.












He leido una mencion al cafe COLON que segun dice sigue abierto. Durante el siglo pasado mi familia fue propietaria de dicho cafe. Soy el hijo de Raquel Abecasis y resido en Buenos Aires, Argentina. Me gustaria conocer mas de la historia del cafeColon al que estuvo ligado mi familia por tanto tiempo. Desde ya agradecido,espero los comentarios que me puedan hacer llegar.