Ávila, Patrimonio de la Humanidad
Esta pequeña ciudad castellana no se parece a ninguna otra. Milagrosamente conservada en el interior de un completo recinto amurallado, la que llaman ciudad de los caballeros guarda un estupendo patrimonio de iglesias románicas, una poderosa catedral y un ambiente de ciudad antigua que ha merecido su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial. Buena gastronomía y algunos edificios modernos lo convierte en un destino ideal para una escapada.
Ávila es una de las capitales de provincia de Castilla y León que han sido declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Y en este caso se ha valorado la conservación como conjunto de la propia ciudad, que mantiene el aspecto medieval que logró cuando se convirtió en la plaza fuerte durante la guerra contra los árabes que habitaban en la península. Ese carácter de ciudad de frontera que acogió a los caballeros de la Órdenes Militares que lideraron las fuerzas de choque del bando cristiano quedó congelado en el tiempo cuando se empujó la frontera hacia el sur y perdió importancia como fortaleza militar. Ávila mantuvo una larga muralla que delimita el rectángulo de la ciudad vieja, y lo conservó íntegro y despejado de construcciones añadidas por el exterior. Contemplar Ávila desde los alrededores maravillaba a los viajeros, como sigue haciéndolo hoy día, con la muralla restaurada y especialmente bella durante el tiempo nocturno en que se mantiene encendida la iluminación artificial. El mirador de los Cuatro Postes es, probablemente, el mejor punto de vista extramuros sobre la ciudad.
Esa muralla suma dos kilómetros y medio de desarrollo continuo y lleva en pie desde el siglo XI. Está pautada por la presencia de los cubos, lo que se conoce como torres de la muralla, y se sigue atravesando por las viejas puertas como las de Alcázar y San Vicente. Esta muralla tiene una característica especial, como es el hecho de que la catedral esté adosada al muro y forme parte del propio sistema defensivo. En esa posición permite ver también el paisaje circundante desde la catedral y nadie debería perderse el paseo que se puede dar por el adarve de la muralla, recorrerla por su parte alta, asomándose a las estrechas calles de la ciudad medieval y al paisaje circundante. En el interior de la catedral, en la que se percibe el románico y la transición al gótico, con un fantástico retablo de Berruguete, y un museo de interés por sus obras pictóricas.
La ciudad es también un emblema medieval por la presencia del poder de la iglesia en el desarrollo urbano. Ávila atesora una enorme cantidad de templos y conventos cristianos. La fecha temprana de construcción de la ciudad permitió que el románico fuera el estilo en que se construyeron los más antiguos, preciosos, como los de San Vicente, San Pedro y San Andrés, a los que hay que unir también los de Santo Tomé, San Segundo y San Nicolás.
Esa presencia de la religión en el conjunto edificado de la ciudad está también presente en su historia, ya que se trata de una ciudad que ha dado grandes personajes místicos, con Santa Teresa como emblema. La casa natal de la santa se ha convertido en convento y museo en el que se guarda su memoria. Otros dos establecimientos religiosos se vinculan a Teresa de Ávila: el monasterio de la Encarnación en el que pasó buena parte de su vida, y el convento de San José que fue la primera de sus fundaciones. En el Centro de Interpretación del Misticismo se puede conocer mejor la importancia religiosa de figuras como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Toda la ciudad está llena de recuerdos de la santa, entre ellas las famosas yemas de Santa Teresa que no se deben dejar de probar.
La importancia militar de los primeros siglos se fue consolidando y se convirtió en esplendor durante el siglo XVI, cuando Santa Teresa caminaba por sus calles. De aquel tiempo ha quedado un importante patrimonio civil, en especial palacios de familias nobles, que se han conservado, muchos de ellos utilizado actualmente por diferentes instituciones. Las casas de los Águila, los Dávila, los Serrano o los Verdugo han dejado sus escudos en estupendos edificios de piedra. Sólidas portadas, algunas muy decoradas como la de Polentinos, y abiertos patios con columnas y galerías como el de los Velada.
Una ciudad tan densa invita a ser paseada, en cada fachada hay mucha historia condensada, con su dosis de encanto. Los espacios urbanos tienen la escala humana y es un placer recorrer las plazas orilladas de templos y murallas, la de Santa teresa, el Mercado Grande y el Chico, a la que dan el Ayuntamiento y el templo de San Juan. Mucho que ver, incluyendo los museos, pero no se puede olvidar un edificio situado fuera del casco urbano pero de gran importancia artística y también histórica: el Real Monasterio de Santo Tomás, de finales del siglo XV. Los Reyes Católicos situaron en él su palacio, y cumplió una triple condición de convento, de palacio y templo. Quizá lo más hermoso sean sus patios, pero reúne especial interés el Museo de Arte Oriental, formado con aportaciones de los dominicos procedentes de Asia.
Ávila también se moderniza con cuidado de alterar lo menos posible el conjunto histórico, al que se ha incorporado no hace mucho un edificio de Rafael Moneo que ha resultado muy discutido, ya que ha cambiado el carácter de la Plaza de Santa Teresa. Recientemente se ha terminado fuera de la ciudad el nuevo Palacio de Congresos diseñado por Francisco Mangado, un nuevo mirador sobre la muralla. Los fríos invernales son combatidos con una suculenta gastronomía en la que destacan las carnes rojas de Ávila, también los asados de lechazo y cochinillo, que tienen tanta calidad como las judías de El Barco de Ávila. Lo mejor que se puede decir de Ávila es que tiene carácter, no se parece a ninguna otra ciudad española y tiene uno de los mejores conjuntos defensivos de Europa y un espléndido patrimonio arquitectónico.














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