El estuario del Tajo desde el aire
El pequeño aeropuerto de Tires, en el municipal de Cascais, no tiene vuelos regulares, pero si cierto tráfico de aviones privados y algunos comerciales que vienen a realizar operaciones de revisión. Ese mismo aeropuerto es la base de operaciones de una pequeña compañía llamada Air Nimbus que ofrece vueltos turísticos y panorámicos por el estuario del Tajo y la costa de Estoril-Cascais. Dispone para ello de un avión Pipper Chevrolet 6 para cinco plazas y, cuando hay demanda de plazas adicionales, utiliza otras aeronaves, como fue nuestro caso en que volamos con una Cessna 172. Air Nimbus puede utilizar una flota de hasta ocho aviones de tres a cinco plazas cada uno de ellos.
Los viajes turísticos tiene un prólogo en uno de los hangares de Tires donde funciona una escuela de vuelo y el pasajero puede recibir una clase elemental de aviación y probar luego sus habilidades en el simulador de vuelos de un Cessna 172, despegando o aterrizando del propio aeropuerto… virtualmente, claro!. El propio hangar es también, de alguna manera, almacén y museo por los aviones que se guardan aparcados bajo su techo.
Después de estas experiencias previas llega la hora de embarcarse en el Cessna. El día está despejado y despegamos sin incidencia alguna, ascendiendo lentamente hasta alcanzar una altura de 300 metros y una velocidad de 270 kms horas. Luis enfila la nave hacia el oeste, en dirección al Atlántico y nos acercamos a la sierra de Sintra donde, tal y como nos ha predicho, se registran algunas turbulencias a causa del viento que llega del norte.
Vislumbramos rápidamente el cabo da Roca que es el extremo más occidental del continente europeo y tiene el aspecto de un verdadero farallón sobre el océano. A partir de ese momento, Luis gobierna un giro de 180 º para que la nave cambie su rumbo y a partir de ese momento se dirija hacia el este. A nuestros pies aparece al poco la inmensa playa de Guincho, cuyas aguas son, gracias a la acción del viento, propicias para las competiciones surfistas.
Rebasamos el faro de cabo raso y enseguida aparece Cascais con la selectísima zona de la Quinta da Marinha, su ciudadela y la magnífica marina y luego la zona de Estoril, con el casino y la playa de Tamariz para sobrevolar a continuación la playa de Carcavelos y la de Oeiras. La fortaleza de Sâo Juliâo da Barra, construida en el siglo XVI durante el reinado de Juan III y que sirve actualmente de residencia oficial es la mayor de todas las del país. Juntamente con la torre do Bugio, también del XVI y construida durante la época española, vigilaban el acceso al estuario del Tajo que empieza en sus aledaños.
En la otra orilla del Tajo las playas de Caparica son, con sus 30 kilómetros, las más extensas de Europa y muy visitadas por los lisboetas, habida cuenta de su cercanía a la capital. En los alrededores de las playas un convento de Capuchinos y la laguna de Albufeira.
Nos aproximamos hacia la trama urbana capitalina y advertimos de inmediato el puente construido por Salazar en 1966 que tiene 2.278 metros y enlaza Alcántara en la orilla norte del Tajo con Almada en la orilla sur. Lisboa aparece en toda su inmensidad a nuestros pies. La torre manuelina de Belem que ordenó erigir Juan II es el mejor símbolo de la época de los descubrimientos y es, desde 1983, patrimonio mundial de la humanidad.
Belem marca el punto de retorno hacia el aeropuerto de Tires, al que llegamos después de haber permanecido media hora en vuelo con la sensación de haber visto mucho más que en varios días sobre la tierra.












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