Vernet-Les-Bains, montañas, hierro y aguas salutíferas
El Conflent es una comarca que se extiende en la ladera norte de los Pirineos, bajo la cima del Canigó, considerado durante muchos siglos como el pico más alto de los Pirineos franceses hasta que mediciones contemporáneas lo fijaron en 2.784 metros y, en consecuencia, le descabalgaron de dicha primacía en favor del Vignemale, que alcanza los 3.298 metros. Con el Rosellón, el Vallespir, el Capcir y parte de la Cerdaña pasó a soberanía francesa a resultas del tratado de los Pirineos.
Habida cuenta de que la cordillera pirenaica está cubierta por las nieve durante el invierno, el deshielo origina sendos cauces fluviales que discurren por la ladera septentrional: el río Cady y el río Saint-Vicent, ambos de curso intermitente que a veces se transforma en torrencial y provoca catástrofes bíblicas. En este paisaje agreste y montañoso fueron surgiendo desde tiempos remotos agrupaciones humanas que han duda lugar a pueblos cuya vida discurrió vinculada a la explotación de los recursos naturales de la zona. Uno de ellos es Vernet-les-Bains, que se levanta sobre la Alzina, una de las tres elevaciones montañosas que se hallan al pie del Canigó, con las de Domigo y el Puig de la Peña. A Vernet se llega por un desvío de la carretera general de Perpiñán a Andorra situado justo delante de las murallas de Villafranca de Conflent. La vía secundaria asciende lentamente por el valle del Cady y pasa por Cornellá de Conflent hasta alcanzar los 650 metros sobre el nivel del mar.
Vernet no hubiera pasado de ser una remota aldea rural dedicada a la agricultura y a la minería de no haberse convertido en importante establecimiento termal gracias sus manantiales de aguas salutíferas y a un clima que en el contexto pirenaico es ciertamente benigno: entre 12 y 17 º en verano y 7 º en invierno.
Articularmente indicadas para las patologías respiratorias y reumáticas, uno de los primeros pacientes en comprobarlo fue Ibrahim Pachá, hijo del virrey de Egipto, que padecía una bronquitis rebelde y al que el doctor Lallemand de Montpellier le recetó un tratamiento termal en Vernet. El príncipe se desplazó con un gran séquito hasta lo que entonces no era sino un pueblo perdido en los Pirineos, lo que debió motivar el asombro de los aldeanos. Pero lo cierto es que tras el tratamiento recibido su salud mejoró notablemente y la fama de las cualidades medicinales de las aguas de Vernet se extendió como un reguero de pólvora por toda Francia e incluso el resto de Europa.
Un hecho determinante en la llegada de visitantes fue la construcción de la línea de tren de Perpiñán a Prades en 1877, línea que en 1895 llegó a Villafranca de Conflent y en 1891 alcanzó Bourg Madame. La presencia de foráneos aceleró la construcción de hoteles de alcurnia: el Hotel du Parc en 1880 el Grand Hotel du Casino en 1887 –luego llamado Hotel de Portugal por la presencia de la reina lusa Amelia-, el de Ibrahim Pachá, los establecimientos Mercader y los hoteles Moderno, de Inglaterra y de Correos, Jampy, Beau-Soleil y Villa Alejandra. A ello habría que sumar los palacetes y casas señoriales construidas por gentes de posibles, como los chalés de Roses, Saint-Paul, du Lac, de Lilas, Bellevue, Glacier, Suisse, Mauresque, Alsacien y de la Prefectura, y las villas de Glaïeuls, de Roches y Châtaigniers. Pero posiblemente el edificio más emblemático de aquella época de intensa vida social es el casino construido en 1883-84 y arrasado por un incendio en 1910, aunque reconstruido y que sigue funcionando. Los amantes de tentar la fortuna pueden hacerlo en las inevitables máquinas de monedas y si prefieren emociones más fuertes, en el único “recreo mayor”: la modesta mesa de boule.
El barrio elegante se completa con un lago y un parque por el que pasearon en la época de mayor esplendor Margarita Gautier, los escritores Ruyard Kipling y Hans Christian Andersen, la reina Amelia de Portugal, las princesas Federica de Hannover y Beatriz de Battemberg, el príncipe Hohentoke, los presidentes franceses Pincaré y Auriol, el presidente del gobierno Aristide Briand, los músicos Wagner y Paganini y artistas de variedades como Mistinguette, Sacha Guitry y Charles Trenet.
Algunos de los hoteles y palacetes desaparecieron bien por las inundaciones de 1940, bien en la crisis de la posguerra. A partir de entonces todo cambió: desaparecieron los bañistas de alcurnia y el antaño lujoso Hotel de Portugal, por ejemplo, se transformó en residencia de descanso para las fuerzas armadas mientras que las termas sobrevivieron gracias a la balneoterapia social.
Vernet-les-bains supo acomodarse a los tiempos nuevos y hoy es un pueblo que recuerda con orgullo aquel brillante pasado de la belle époque, pero que a la vez se ha abierto para un turismo que gusta de disfrutar de la naturaleza.












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