La reserva marina de Alborán, un ecosistema marino con la riqueza del Mediterráneo y del Atlántico

El Mediterráneo es una realidad multiforme que engloba en realidad diversos mares menores. Los más conocidos, sin duda, el Negro, el Egeo  el Adriático. Pero también el Tirreno, el de Liguria y, ya en nuestro mismo país, el mar de Alborán. Se trata de un mar bien curioso que actúa de enlace entre el Mediterráneo y el Atlántico. Del océano recibe una corriente superficial conocida en los ambientes marineros como el chorro, con la que se compensa el déficit hídrico causado por el escaso caudal de los ríos que rinden su agua en él y también por la evaporación, mientras que nuestro viejo Mare Nostrum aporta una corriente de agua inferior profunda, más salada, que equilibra la salinidad del primero. De ahí que los expertos hayan conceptuado como extraordinaria la biodiversidad del mar de Alborán al punto de que el gobierno español creó en torno a la isla que le da nombre una reserva marina y de pesca con el fin de protegerla de la explotación abusiva.

A tal efecto y como consecuencia de los estudios efectuados por el Instituto Español de Oceanografía por encargo de la administración se dictaron sendas órdenes ministeriales, la primera en 1987 y la segunda el 31 de julio del año siguiente, con las que se regularon  la superficie de dicha reserva y las limitaciones de explotación de sus fondos marinos. La norma en vigor establece dos reservas integrales en torno a la isla de Alborán y al bajo de Piedra Escuela, una reserva marina y otra de pesca, ésta con un radio de doce millas en torno a la citada isla. En las dos primeras está prohibido todo tipo de actividad pesquera y subacuática, en la segunda, hasta una milla, se autoriza la pesca de cerco y de palangre y la deportiva al curricán y en la reserva de pesca, la de arrastre para gamba roja o gambón, cerco, artes de anzuelo y la deportiva al curricán.

Con el fin de asegurar el cumplimiento de esta normas el Ministerio de Agricultura dispone de un servicio de vigilancia constituido por la embarcación Riscos de Famara, una Rotman 58 construida el año 2003 provista de sendos motores de 820 caballos, que navega desde Almería hasta la isla de Alborán con notable eficacia ya que en tan sólo un año ha cubierto 20.500 millas.

Como el Riscos de Famara navega a una velocidad de crucero de 22 nudos por hora -aunque puede alcanzar los 29- nuestro patrón calcula que llegaremos a la isla de Alborán en dos horas y diez minutos, aunque todo dependerá de las corrientes y del viento, que hoy se presenta propicio, al punto de cuando abandonamos el refugio portuario y entramos en mar abierto la embarcación navega plácidamente, sin más quien ligero e imperceptible balanceo. Pasamos por el Seco de Los Olivos, donde la montaña marina emerge de los 200 a los 80 metros, y más adelante por “Las quinientas viviendas”, curioso nombre a lo que parece motivado por la vista que aparecía en este punto sobre la costa y constituía un punto de referencia para los hombres de la mar cuando se carecía de instrumentos de navegación más sofisticados, como los actuales.

Esta reserva marina que cuenta con hasta 1.200 especies de algas y animales que, habida cuenta la situación del mar de Alborán, son propias tanto del Atlántico, como del Mediterráneo. Hemos citado ya la gamba roja, gambón o rayao, que constituye objeto primordial de las embarcaciones pesqueras autorizadas porque se trata de una especie de gran valor comercial, pero también se pesca centollo, cigala, besugo y merluza.

Especial importancia tiene la patella ferrugínea, una lapa de gran tamaño -llega hasta los diez centímetros de diámetro- que está en peligro de extinción. Hay enormes praderas de afenorógamas amrinas, en especial de posidonia oceánica, bosques de algas laminariales, algas rodofíceas y rodolitos. Pero uno de los mayores atractivos de este mar es la presencia de coral rojo, que fue sobreexplotado al extremo de ponerlo en peligro de desaparición, aunque en la actualidad su captura está terminantemente prohibida.

El periplo termina cuando atracamos en la isla de Alborán, una superficie emergida en medio del mar que está equidistante entre dos continentes. Pero de ella hablaremos en otro momento porque merece atención singular.

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