Las Islas Columbretes, un importante ecosistema mediterráneo frente a las costas de Castellón
Como en tantos otros casos el archipiélago de Columbretes es el resultado de la acción volcánica submarina que hizo emerger del Mediterráneo un conjunto de islas menores y rocas situadas a treinta millas marinas de Castellón y el doble de distancia de Ibiza. El total de su superficie en bien parvo, con 19 hectáreas, de las que 14 corresponden a la isla Grossa, que es un verdadero cráter de volcán del que emerge su cono superior, abierto por uno de sus lados, de modo que tiene forma de luna en cuarto creciente, y el resto a los demás islotes y roquedales. Los de Mascarat, Senyoreta y Mancolibre, en torno a la isla principal; Lobo, Méndez Núñez y Piedra Joaquín junto a la Foradada, llamada así por el arco natural que la traspasa y que fue navegable hasta que la Guardia civil le puso una carga explosiva con el fin de evitar que se abrigasen en ella contrabandistas y prófugos; y, en fin, algo más alejados, los roquedales menores: el Bergantín o Carallot, Cerquero, Churruca y Baleato.
Visitadas desde épocas remotas, de su existencia dejaron constancia Plinio, Mela y Estrabón, quienes hicieron referencia a la abundancia de ofidios. Pero no hay constancia de más presencia humana que la ocasional de algún pescador, contrabandista o náufrago.
Parece que fue en 1823 cuando apareció por tales pagos el capitán Smyth, quien dejó testimonio escrito ocho años después y habló de la presencia de una vegetación exuberante. Las cosas empezaron a cambiar cuando el gobierno español decidió construir un faro. Con la presencia estable de los fareros se acercaron algunos investigadores, tales como Eduardo Boscá, que estuvo en 1873 y volvió en 1892, constatando que ya no había culebras y en 1895 recaló el inquieto naturalista Luis Salvador, archiduque de Austria, que llegó en su barco desde Mallorca. La presencia humana transformó la isla Grossa por la pérdida de su vegetación, consumidas las especies arbustivas para alimentar el fuego y la importación de especies animales extrañas, particularmente animales domésticos. Los fareros realizaron también diversas obras para facilitar su vida, tales como caminos, escaleras para el acceso desde el mar a la planicie superior y hasta una ermita dedicada a la Virgen del carmen en uno de los extremos de la media luna.
La automatización del faro dio lugar al despoblamiento del archipiélago a partir de 1975, momento en que la armada escogió esta zona para realizar diversos ejercicios militares utilizando las islas menores como objetivos de tiro, aunque sin explosivo. A pesar de ello los impactos dañaron la estructura geológica de algunos islotes y en Foradada aún permanece incrustado en la roca un obús.
Naturalistas, ecologistas y amantes de la mar solicitaron reiteradamente el uso militar del archipiélago, consiguiendo la paralización de las operaciones en 1982, pero entonces aparecieron otros predadores más peligrosos: los visitantes incontrolados. Las administraciones hubieron de tomar medidas urgentes: el Estado creó una reserva marina y la Generalidad Valenciana declaró la zona parque natural en 1988 y seis años más tarde creó una reserva natural con 4.400 hectáreas de superficie, en cuyo interior hay una zona de reserva marina integral y otra de usos restringidos.












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