Antigua de Guatemala, la “ciudad de las perpetuas rosas”
Vivió numerosos sobresaltos y resultó destruida por un terremoto en el siglo XVIII, pero constituye una de las más valiosas reliquias de la arquitectura colonial española. Los castellanos llegados desde Méjico y establecidos en Centroamérica con Pedro de Alvarado crearon una ciudad llamada Santiago de los Caballeros de Guatemala, cuyo primer emplazamiento estuvo en Tecpán. Trasladada al poco tiempo a causa de los ataques de los indígenas a un nuevo lugar conocido como Ciudad Vieja, hubieron de cambiar otra vez cuando los días 10 y 11 de septiembre de 1541 esta segunda población sufrió las consecuencias de un enorme diluvio, seguido de intenso movimiento sísmico, que provocó la erupción del agua acumulada en la boca del volcán Hunapú.
El sitio elegido estaba en realidad a pocos kilómetros de distancia de Ciudad Vieja e incluso a la misma sombra no sólo del temido Hunaú, que desde entonces fue llamado volcán del Agua, sino además de los del de Fuego y de Acatenango, lo que hace dudar del acierto de la decisión adoptada en aquel momento, sobre todo teniendo en cuenta lo que ocurriría después.
La erección tuvo lugar el 10 de marzo de 1543, en el valle de Panchoy donde el clima era agradable, había agua abundante y la tierra era fértil. Poco a poco fue desarrollándose una urbe con arquitectura típicamente colonial en la que había, además de la universidad de San Carlos, fundada en 1675 y hoy sede de un museo colonial, un centenar de iglesias, conventos y monasterios. La imprenta llegó en 1660 y en 1729 se inició la publicación de la Gaceta de Goathemala. Su cuidado ornato hizo que se la conociera como la “ciudad de las perpetuas rosas” y a sus habitantes se les llamara coloquialmente panzas verdes.
Pero las desgracias no tardaron en llegar en forma de epidemias y numerosos terremotos, el más destructor de todo el de 29 de julio de 1773, al punto que el capitán general de Guatemala, Matías de Gálvez, ordenó algún tiempo después su traslado a otro valle situado a 40 kilómetros de distancia.
Visitar Antigua es una obligación inexcusable de todo el que vaya a Guatemala. El trazado que le dio Juan Bautista Antonelli fue cuadrangular de acuerdo con la tradición hispana. Toda la trama gira en torno a un parque central en cuyos cuatro lados se alinean la catedral, el palacio de los capitales generales y el cabildo
De la larga nómina de templos y edificios religiosos de Antigua unos se mantienen en ruinas, otros han sido reconstruidos y continúan ejerciendo su función sacramental y también los hay que han sido readaptados a otras funciones. De los primeros puede destacarse el convento de Santa Clara, del que queda muy poco, pero cuyo claustro y el espacio de sus diversas dependencias lo han convertido en un hermoso jardín interior. De los segundos, la iglesia de San Pedro, la de San Francisco o el barroco templo de Nuestra Señora de la Merced en el que, pese a su advocación principal, también se venera a la Virgen del Rosario.
En cuanto a los edificios religiosos desafectados y dedicados a otros menesteres hay dos casos emblemáticos. Uno es el del convento de Santa Rosa, que ahora es prisión. El convento de Santo Domingo y el colegio mayor de Santo Tomás de Aquino han sido transformados en cambio en un hermoso complejo en el que hay un hotel, pero también un abanico de museos: colonial, arqueológico, de arte precolombino y vidrio moderno, artesanía y farmacia, así como varias salas de exposiciones.
Antigua debe recorrerse a pie, aunque el empedrado de sus calles sea bastante incómodo porque no está hecho ni con adoquines, ni con cantos rodados, sino con piedras desiguales. De este modo se irán descubriendo rincones, como el arco de Santa Catalina, por cuyo interior atravesaban discretamente la calle las monjas sin ser vistas, el museo del Jade o una casa de estilo colonial que fue propiedad de Julio Iglesias, quien se dejó ver muy poco por estos pagos.












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